Cine y Literatura en el Sur, haciendo foco sobre una encrucijada compleja

Por Frida Hessel

 

La Cátedra Coetzee convocó a cineastas, guionistas y escritores para examinar el proceso de adaptación de textos literarios a la gran pantalla.

A lo largo de cinco jornadas se reunieron en Buenos Aires directores, guionistas, escritores y académicos para debatir sobre la creación cinematográfica en el Sur y la adaptación de textos literarios para el cine y otros medios audiovisuales. El artífice del encuentro internacional “Del libro a la pantalla” fue el Premio Nobel de literatura sudafricano, John M. Coetzee, quien desde 2015 dirige la Cátedra que lleva su nombre en la Universidad Nacional de San Martín. Detrás de las actividades que se organizan en el marco de su Cátedra, siempre está la preocupación por generar un vínculo directo entre diferentes mundos del Sur, con el fin de propiciar un espacio para el intercambio de ideas y saberes, sin que este lazo tenga que producirse a través de los centros de pensamiento hegemónico del Norte.

La actividad fue planificada minuciosamente durante meses, con la ayuda de la escritora Anna Kazumi Stahl, coordinadora académica de la Cátedra y el cineasta argentino Tristán Bauer. Fueron muchos los correos electrónicos que cruzaron los mares que separan Buenos Aires de Adelaide, la pequeña ciudad de Australia Meridional, donde Coetzee vive desde hace 15 años. El resultado fue un encuentro de intensos diálogos en el que también el público, en su mayoría estudiantes de cine y de letras, tuvo una participación activa.

El encuentro convocó a varios panelistas internacionales: el director de cine Arturo Ripstein (México, 1943) y la guionista Paz Alicia Garciadiego (México, 1949),   la guionista de “Desgracia”, Anna Maria Monticelli (Marruecos, 1952) y el de “Rómulo, mi padre, Nick Drake (Inglaterra, 1961).

El núcleo la actividad fueron las tres jornadas, del 4 al 6 de mayo, que se realizaron en la vieja subestación eléctrica que hoy hospeda al Centro de las Artes de la UNSAM en Sánchez de Bustamante 75. Durante las mañanas, se trataron casos específicos del cine Sur-Sur y la adaptación de piezas literarias a la pantalla. Por las tardes se realizaron seminarios sobre diferentes temáticas, como el panel sobre nuevas tecnologías, integrado por los académicos Carolina Duek y Mario Carlón; el análisis de Kamchatka por sus  creadores Marcelo Piñeyro (dirección) y Marcelo Figueras (guión);  el homenaje a Piglia del cineasta Fernando Spiner; y el bloque sobre literatura y cine, a cargo de los escritores Gonzalo Aguilar y Carlos Gamerro. Por las noches se abrieron las puertas al público general para las sesiones de cine debate con la proyección de las películas “Rómulo mi padre (Australia, 2007),  “Desgracia” (Australia, 2008) y “Las razones del corazón” (México, 2011) y la participación de sus directores y guionistas.

En la apertura de las jornadas que tuvo lugar en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), el 3 de mayo, Coetzee describió un proceso que le preocupa y que le motivó a organizar el encuentro: “Para conseguir fondos para sus proyectos los cineastas del Sur muchas veces tienen que hacer concesiones o ceder ante las demandas de las fuentes de financiamiento del Norte.  Estas concesiones toman la forma de omisión o simplificación de aspectos de la historia que el público del Norte – o más específicamente la idea de la audiencia que tienen los distribuidores del Norte – encuentra desconcertantes o difíciles de comprender. En la práctica esto a menudo significa darle forma a las representaciones sobre el Sur de acuerdo con los estereotipos que el Norte tiene sobre el Sur.” Agregó que esta deformación del Sur ha tenido lugar durante tanto tiempo y está tan difundido que tiene aún mayores efectos insidiosos: la gente del Sur empieza a aceptar que la vida en el Sur es como la vida en el Sur es relatada en las películas creadas de acuerdo con los estereotipos del Norte sobre el Sur.

Una de las guionistas extranjeras invitadas al encuentro fue Anna Maria Monticelli, guionista de “Desgracia” (2008), película basada en la homónima novela de Coetzee. Nacida en Tánger, hija de padre ítalo-francés y madre andaluza, pasó sus primeros años en Roma, hasta que la familia en los años 1960 emigró a Australia. En este país, que ha abandonado por temporadas para vivir en Europa,  tuvo una exitosa carrera de actriz antes de elegir otra faceta de la creación cinematográfica.  Durante su exposición habló del reto que significa adaptar lo que para ella fue una novela “de la que se enamoró” sin decepcionar al autor. Pero también describió las dificultades con las que se ha encontrado como creadora de cine independiente en Australia. Su primer proyecto “La Spagnola” – elegido para representar a Australia en la categoría Mejor Película Extranjera en los Premios Óscar, 2002 –  fue rechazado por 48 productores que no creían en sus posibilidades comerciales. Lejos de bajar los brazos ante las negativas, esta situación llevó a Monticelli a fundar su propia productora Wild Strawberries para poder hacer el tipo de películas que le apasionan.

El poeta y guionista británico Nick Drake se defiende en un español con acento andaluz, que aprendió durante los años que vivió en La Alpujarra granadina, asistiendo al académico Paul O’Prey en la realización de un libro sobre las cartas del escritor inglés Robert Graves. Eligió, no obstante el inglés para hablar sobre su primer guión, el que redactó para la película “Rómulo, mi padre”. El texto se basa en el libro que el filósofo y autor australiano Raimond Gaita, escribió sobre la relación con su padre Rómulo Gaita, rumano de origen, quien emigró a Australia desde Europa después de la Segunda Guerrra Mundial, con su mujer y su pequeño hijo. Aunque Drake, de descendencia checa, nunca antes había escrito un guión, ni tampoco había visitado Australia, confió en poder realizar el proyecto. “Los personajes son del Este de Europa, como mi padre y su familia. En “Rómulo…” se fueron a Australia como extranjeros a una tierra extraña, al igual que yo cuando visité el país por primera vez y al igual que mi familia checa cuando llegó a Inglaterra. Sentí inmediatamente que conocía una versión de los efectos emocionales de la emigración, la pérdida del idioma y del lugar, aunque mi experiencia tenía que ver con un país diferente, motivos distintos y se produjo en otras circunstancias”, explicó.

Los mexicanos Arturo Ripstein y Paz Garciadiego colaboran en proyectos cinematográficos desde que él después de varios llamados telefónicos la convenció de escribir el guión para el “Imperio de Fortuna” en 1985, película basada en el cuento “El gallo de oro” de Juan Rulfo. Poco tiempo después se convirtieron en pareja y desde entonces han hecho trece películas juntos, premiadas tanto en México como en el exterior. Conforman un dúo divertido y fresco, sin pelos en la lengua, tanto arriba del escenario como afuera de él. Discuten sin pelear y bromean sobre las particularidades del otro, pero con una gran dosis de amor, así como sólo lo puede hacer dos personas que comparten vida y trabajo desde hace más de 30 años. “Lo único difícil con trabajar juntos es que cuando estamos en una época mala, porque nos va mal a los dos y no hay nadie en la pareja que puede animar al otro¨, apuntó Garciediego.

 

Además de la obra de Juan Rulfo, Garciadiego ha llevado a la pantalla novelas de autores de la talla de Gabriel García Marquez y Naguib Mahfuz.  Consideró que para adaptar una novela al cine hay que olvidarse del autor, apropiarse de la historia y “destrozarla”, una opinión que se opuso a la idea de adaptación que tiene Monticelli, quien sostuvo que un guionista debe respetar a las obras maestras y no “bastardear una obra” por querer dejar una huella propia. Coincidió con ella Coetzee, quien, sin tapujos, reconoció que en los contratos de adaptación de su obra hace poner una cláusula que establece que él debe aprobar el guión.

 

A pesar de que se generó cierta tensión alrededor de esta cuestión en la mesa que puso el cierre a las jornadas el domingo 7 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y en la que participaron Monticelli, Coetzee, Garciadiego, Bauer y Drake, hubo una generalizada coincidencia en el tema de fondo que atravesó las jornadas: acerca de las adversidades que deben atravesar los creadores de cine en el Sur.

 

A modo de conclusión, Coetzee destacó que esperaba que el encuentro hubiera servido para concientizar sobre las presiones financieras bajo las cuales viven los cineastas en el Sur, presiones que los llevan a desvirtuar sus propias realidades para hacerlas encajar con los estereotipos del Norte. “Debido a que el interés financiero en el sector editorial es mucho menor que en la industria cinematográficos, los escritores son más libres de representar a la vida tal como es. Los guionistas y especialmente los guionistas que adaptan obras literarias del Sur, están en una decisiva posición de mediador entre ficción “”libre”” y cine ““no libre””. Es por este motivo que elegí centrar la atención de este encuentro en la adaptación de obras literarias al cine”, explicó Coetzee.

Las jornadas sobre cine y literatura terminaron, pero el Nobel – cuyas energías a pesar de haber cumplido los 77 años parecen inagotables – ya está inmerso en la organización de un congreso sobre su obra en América Latina que lo traerá de regreso a nuestro país a mediados de septiembre.

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El 12 y el 13 de septiembre se realizará en la UNSAM el Congreso Internacional: La obra de John Maxwell Coetzee en Latinoamérica. La convocatoria de ponencias está abierta hasta el 31 de julio. Para mayor información: www.unsam.edu.ar/coetzee.