El primer grito de independencia periodística no tiene propietario.
¿Quién lo pegó? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Contra quién?
Muchos lo pueden reclamar para sí: de Domingo Sarmiento a Mercedes Ninci.

En el mundo de la prensa ese grito se ha integrado, con mayor énfasis, a las retóricas de los propietarios que a las retóricas de los asalariados. Es, de hecho, una ilusión de los primeros.

Natalio Botana lo probó en el logotipo de su Crítica. “Diario ilustrado de la noche, impersonal e independiente”. Roberto Noble en el primer editorial de su diario, en agosto de 1945. Su viuda lo llevó a una celebración: los festejos por la obtención del Mundial de 1978. Organizado por la AFA, el régimen militar y el diario Clarín, el partido terminó con un resultado inesperado: Resto del mundo le ganó a la Argentina 2 a 1.

Un día después la señora Ernestina Herrera de Noble firmó su editorial “Compromiso con el país”.

“El periodismo independiente, ese elemento esencial para la salud de una nación, debe opinar todos los días sin interrupciones, como el fluir de un río. A veces, como ahora, por la trascendencia de los temas debe hacerlo con un énfasis especial que corresponde a los rápidos y a las caídas del agua”.

Hasta entonces periodismo independiente no formaba parte del elenco estable de los editoriales del diario. “Independiente”, el nuevo adjetivo, pretendía establecer una distancia con el Poder Ejecutivo después de la tapa con Videla por la organización del partido, y esencialmente, de Papel Prensa.

Durante el largo y persistente conflicto de Clarín con el gobierno de Raúl Alfonsín se perfeccionó la idea. La Directora firmó un editorial -«Hora de reflexión»-  que respondía a la crítica gubernamental por el lugar que los insurrectos de Semana Santa tuvieron en algunos medios. Clarín había sido especialmente tibio en la defensa del gobierno:

“A nuestro juicio, el deber del periodismo independiente, es decir la prensa no vinculada a intereses ni de sector ni partido, es analizar los hechos que se van produciendo sin apasionamientos, pero también sin eufemismos. Somos periodistas honrados y sinceros y, por lo tanto, no podríamos faltar al primer deber para con nuestros lectores”

Casi calcada al primer editorial de 1945: la prensa no vinculada a intereses ni de sector ni de partido.
Si en 1979 lo usaba para pretender distancia de Papel Prensa y las Juntas, en 1987 el periodismo era independiente del gobierno de Alfonsín: nada, ni un golpe, podía justificar que se acatasen sus sugerencias.
La marca, pulida, extendida, corporativizada, quedó. Es, ya, una primera marca argentina. Como los fideos Don Vicente.

La señora de Noble y su empresa puede reclamar, más que Sarmiento y más que Ninci, su propiedad.