Los efectos del colonialismo no han sido borrados completamente con las independencias. Este se instituye como lugar de enunciación de una crítica a la modernidad en sus límites y puntos ciegos. La Historia se preocupa principalmente de la fabricación de narrativas (Chakrabarty, 1998); la crítica poscolonial reconsidera la historia desde otro lugar, desde el de los colonizados, y así intenta recuperar las “voces bajas” (Guha, 2002) de la historia. Cuestiona los estatutos asumidos de la historiografía occidental, sus omisiones y sus perspectivas. La que opera en la colonización es la narrativa de la historia, que tiene el objetivo de elevar una voz y silenciar otras para que prevalezca un discurso que responda a la versión oficial estatal, es decir, de la elite funcional al poder colonial.

Tal como escribía Frantz Fanon:

“El colono hace la historia y sabe que la hace. Y como se refiere constantemente a la historia de la metrópoli, indica claramente que está aquí como prolongación de esa metrópoli. La historia que escribe no es, pues, la historia del país al que despoja, sino la historia de su nación en tanto que ésta piratea, viola y hambrea […]; el colonizado decide poner término a la historia de la colonización, a la historia del pillaje, para hacer existir la historia de la nación, la historia de la descolonización” (Fanon, 1983: 45).

Hacia 1950 el poeta de la negritud, Aimé Césaire, resignificó el concepto marxista de alienación para definir al colonialismo como “condición deshumanizante de por sí”, lo que implicaba tanto la objetivación del colonizado como la deshumanización del colonizador. Otra vez, Fanon: “Como es una negación sistemática del otro, una decisión furiosa de privar al otro de todo atributo de humanidad, el colonialismo empuja al pueblo dominado a plantearse constantemente la pregunta: ¿Quién soy en realidad?” (Fanon, 1961: 228).

Nuestro locus de enunciación atiende a las críticas reduccionistas que han hegemonizado “lo latinoamericano” a la categoría homogeneizante y residual de “Tercer Mundo”, así como a los estudios poscoloniales, en tanto espacio de homologación de los procesos históricos independentistas que dibujan trayectorias originales y propias1. Al referirme al “eurocentrismo”, comparto el cuestionamiento a la exigua mirada unilineal. El análisis debe incluir también, como lo piensa Edward Said para Oriente y Aníbal Quijano para América Latina, a los subalternos que fueron educados bajo su hegemonía.

Aníbal Quijano e Immanuel Wallerstein advirtieron que “una vez acabado el status formal de la colonia, la colonialidad no terminó, ha persistido en las jerarquías sociales y culturales entre lo europeo y lo no europeo” (1992: 584). En el marco del patrón de poder moderno colonial, nuevas identidades sociales fueron asignadas (indios, negros, blancos) asociadas a una posición determinada en la estructura social.

La independencia en América supuso el fin de la experiencia del colonialismo en la región. Sin embargo, hubo una continuidad de una matriz de poder estructurada en torno a la colonialidad en el marco del sistema-mundo-colonial-moderno-patriarcal-euro/norte-centrado. La dependencia se actualiza a través del concepto de la colonialidad del poder (Quijano) y de género (Lugones y Segato).

Con el propósito de plasmar las nuevas cartografías y genealogías de los feminismos, pretendo interponer a las discusiones de la crítica cultural de los feminismos descolonial, decolonial y poscolonial y los estudios queer latinoamericanos, abordando dos interrupciones, entendidas como momentos teóricos y poéticos:

1. La discusión colonialidad, género y raza e interseccionalidad;
2. La relación entre la conciencia moderna y el cuerpo como su soporte, en la construcción de conocimiento situado.

Indagar en el Museo Travesti del Perú, obra del filósofo performer Giuseppe Campuzano, quien registra las imposiciones del colonizador sobre las diversas formas de la sexualidad que encontró en el Incanato, permite incrustrarlo en la memoria epistémica de las matrices del feminismo chicano, afro y comunitario de nuestro continente.

Asumiendo la estética del fragmento, los restos de identidades, de representaciones mutiladas, en una narrativa no-lineal, que expone una fractura de la modernidad misma y se ubica en la genealogía colonial, define la Conquista como un tiempo histórico en el cual se ordena la imposición de identidades sexuales binarias y el consecuente destierro de identidades no-normativas que prosiguen en períodos independentistas. Lo que asoma en este territorio de de-construcción y re-construcción histórico es el mestizaje y el travestismo.

“…el travesti no implica entre nosotros la irrupción de una presencia nueva, sino la emergencia destellante de algo siempre existente pero subterráneo y oscurecido.” (Campuzano, 2007: 12)

El acto pone de manifiesto la “perplejidad” de un Sujeto femenino, la trampa del binarismo del pensamiento occidental y del falogocentrismo constitutivo del mundo conquistado.

Dos ordenanzas del oidor González de Cuenca en 1566 —originadas en sendas prácticas judías del Antiguo y Nuevo Testamentos— instauran la prohibición del travestismo en el Perú. Tales disposiciones inician las históricas relaciones entre estado y control del cuerpo —adelantándose a la afirmación de Michel Foucault de que tal sujeción surge en Europa en el siglo XIX—, cuyo proceso de aculturación procuró segmentar el continuum de género indígena, en «masculino» y «femenino», al suprimir la alteridad (Horswell, 2005:16–28) [v.2]. (p. 36)” (…). Con el arribo de los españoles, un destino paradójico sobrevino a tal diversidad. Mientras el nuevo paradigma suprimió del discurso autorizado todo rasgo divergente de lo masculino y femenino, esa misma España —asimismo compleja y previamente mestizada— aportó sus propias identidades alternativas. La tapada continuó aquel proceso al trocar clausura en prerrogativa, descubriendo siempre dentro del vestido, la equidad negada (citado por Campuzano, 2007: 50).

Las tapadas y los «tapados» fueron considerados ajenos y contaminantes por el reformismo borbónico. “(…) Es lo más ridículo que puede verse en hombres afeminados (Ayanque 1797 / 1854: 220)” (op.cit. 89). De hecho el libro de Campuzano recoge el primer dato histórico que se tiene de persecución de la homosexualidad en el Perú con los detalles del juicio a Francisco Pro en 1803, sastre de oficio, y su condena al destierro por vestir como «tapada». Recibió como castigo la vergüenza pública del paseo como hecho ejemplificador, quien además “llevaba el extraño oficio en un varón, de dedicarse a la costura”. (Onda, 27 de junio de 1993, citado por Campuzano, 2007: 119).

Por último, y a modo de abrirnos a los interrogantes cuan forclusiones, me permito ubicar en una economía simbólica a las mujeres y minorías (indígenas, afro): después de todo se trata de cuerpos feminizados y racializados por el discurso de la modernidad occidental. Y en este sentido, la analogía entre minorías y multitudes sexuales respecto del sujeto y cuerpo que soporta los derechos, reaparece el dilema de las identidades, los sistemas de representación y, consecuentemente, las lealtades” (Bidaseca, 2010).

En las nuevas cartografías de los feminismos descoloniales, diferentes matrices feministas quilombolas, comunitarias, indígenas, travestis, mestizas… fundadas en las violencias racializadas se unen en las posibilidades y límites de la liminalidad de las fronteras, exilios y devenires.

Notas

(1) Mientras que la perspectiva decolonial retoma la experiencia latinoamericana como objeto de análisis y lugar de enunciación, los estudios poscoloniales responden a una genealogía política y de pensamiento que los vincula a los procesos que atravesaron las ex colonias francesas e inglesas que se independizaron en el siglo XX. Entre otros, podemos mencionar a los siguientes referentes: Gayatri Spivak, Homi Bhabha y Edward Said. Al respecto, ver Bidaseca, 2010.

Bibliografía

Bidaseca, Karina. (2010) Perturbando el texto colonial. Los Estudios (Pos)coloniales en América Latina (Buenos Aires: ED. SB)

Grosso, J. L. (2008) Indios muertos, negros invisibles. Córdoba: Encuentro Grupo Editor.

Guha, Ranahit (2002) Las voces de la historia y otros estudios subalternos. (Barcelona: Crítica)

Hall, Stuart (2008)) “¿Cuándo fue lo postcolonial?” en VV.AA. Estudios Postcoloniales. Ensayos fundamentales, (Madrid: Traficantes de Sueños)

Lugones, María (2008) “Colonialidad y género. Hacia un feminismo descolonial”. Género y descolonialidad. Buenos Aires:Ediciones del signo

Buenos Aires.Quijano, A. y Wallerstein, I. (1992) “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial”. Revista Internacional de Ciencias Sociales, vol. XLIV, núm. 4, pp. 583-591.

Segato, Rita (2011) “Género y colonialidad. En busca de claves de lectura y de unario estratégico descolonial”, en Bidaseca, Karina (co-comp). Feminismos y poscolonialidad. Descolonizando el feminismo desde y en América Latina, Bs. As, Godot.