200 Años

Una Palabra

Por Esteban De Gori y Lucía Alvarez

Independencia  es una de las palabras con mayor resonancia en la historia moderna de los países de América, un punto de partida ineludible para observar las construcciones nacionales que hoy organizan el continente. En el siglo XIX, la independencia movilizó y confrontó a diversos actores que buscaron reacomodarse en el imperio español y que terminaron, en muchos casos, optando por la separación. Transformaron ese vocablo en carne de cañón de sus opciones. La independencia imantó a los actores con nuevos órdenes y sociabilidades. Le propuso una hoja de ruta imaginaria y, como tal, abierta a peripecias incontrolables. Avances y retrocesos; fortunas, audacias y decisiones se fueron fraguando ante el pantano movedizo que se abrió en el orbe hispanoamericano desde 1808.

200 años. Una vida política inabarcable. Las palabras no solo hablan de un acontecimiento. Luego asumen una vida en la lengua de los sujetos. Son actualizadas en nuevas situaciones y asumen riesgos, como la vitalidad de su pronunciación. Una palabra trae a otras y hace con ella cosas. Un mundo imaginario suscita al otro. Por ello, existe el habla, la escritura, la dramaturgia y la política.

El largo tiempo que pasa entre los siglos XIX, XX y XXI nos habla de los desplazamientos de una palabra que da gusto escucharla, porque no tenemos recuerdos de que en la historia política argentina algún actor haya utilizado el concepto “independencia” para someter a otros. Independencia es asociada en panfletos, documentos, plegarias cívicas, acciones, a libertad, autonomía, soberanía. La promesa y la épica social que todas ellas suponen nos conducen al “estado” de los lazos sociales, a las grandes y pequeñas historias, a las zonas más grises y más relucientes donde se entreteje lo político.

1816.1916.2016 funcionan como talismanes, números de loterías. Hay demasiadas “independencias” que se han puesto en juego. Unas victoriosas, unas derrotadas y otro tanto habitando memorias.

En su búsqueda, desde el Instituto de Altos Estudios Sociales de la UNSAM nos propusimos reunir aquí, un conjunto de ensayos que pongan en juego cómo el concepto atravesó los debates culturales, económicos y políticos de estos siglos y se mantuvo en el discurso y la lengua de diversos actores.

El resultado es un mosaico de intervenciones de distintos temas y registros. Mientras Juan Suriano, Alejandro Grimson y Marcelo Urresti se interrogan sobre los rituales y las celebraciones patrias de ayer y de hoy, el lugar del pueblo y los usos de la historia en los discursos públicos; Martín Schorr cuestiona la independencia de la economía argentina, a partir de una mirada detallada sobre su estructura productiva, tecnológica y conceptual.

Paula Abal Medina y Nicolás Diana Menéndez retoman la historia de los trabajadores y las clases populares de la Argentina, e indagan en los clivajes y las fronteras de un campo de fuerzas que, la mayoría de las veces, no se redujo al de “capital-trabajo”. Así como Laura Masson explora las luchas que dieron las mujeres para su propia independencia; batallas heterogéneas y contradictorias, libradas en ámbitos diversos: la calle, la universidad, los grupos de concientización, los libros, el barrio o el parlamento.

Karina Bidaseca trabaja sobre los efectos del colonialismo, el lugar de las “las voces bajas”, de los cuerpos excluidos por el discurso moderno occidental, y Laura Panizzo escribe sobre las cadenas de 1816 en otros cuerpos, los de los jóvenes que fueron a Malvinas a librar la única guerra que tuvo Argentina después de su independencia.

Martin Sivak rastrea los usos de una marca pulida, extendida y corporativizada: el periodismo independiente. Y Martín Plot se escapa de las fronteras nacionales para pensar otra experiencia continental, la de Estados Unidos, y sus entidades políticas, hoy en plena transformación y movimiento.

Pablo Figueiro y Luciana Strauss se abocan a dos temas que interesan especialmente a la universidad. El primero porque analiza los límites de la independencia en la investigación, como un modo de interrogarse sobre la relación entre la sociedad y las ciencias sociales. Strauss porque se pregunta qué genera el aprendizaje de la sociología en los estudiantes privados de su libertad que asisten a las aulas del Centro Universitario de San Martín, pegado al basural de José León Suárez.

Por último, Esteban De Gori piensa la propia declaración de 1816, el momento de convulsión política, de inestabilidad de la política y de creación; zonas grises donde pasan cosas más allá de las decisiones y los deseos de los actores. Y Lucía Álvarez observa otro hecho contingente, el de diciembre de 2001, para volver quince años después sobre las lecturas ardientes de esos días y pensar su lugar junto a los otros capítulos de la historia nacional.