“Alta Rotación”: precarización en primera persona

¿Qué significa, en tanto experiencia, la tan temida precarización? En Alta Rotación, Laura Meradi revela los procesos que transformaron el mundo del trabajo y que afectan especialmente a los jóvenes, en primera persona y en tiempo presente. Los dispositivos de control empresario, las estrategias de precarización y sus efectos sobre la subjetividad de los trabajadores están presentes en un texto fronterizo que transcurre entre las ciencias sociales, la crónica y la denuncia.

Durante un año, María Laura Meradi transitó los espacios comunes del trabajo juvenil para relatar la experiencia de la precarización. Para eso escondió, a jefes y compañeros por igual, sus propósitos y partes de su propia historia. Meradi era trabajadora precarizada también en su “vida real”: comenzó ofreciendo tarjetas de crédito en las calles de Constitución y pasó luego por un call center de asistencia técnica a Toronto, la caja de un Carrefour y un bar para turistas, terminando su recorrido en uno de los íconos del trabajo chatarra, McDonald’s. Trabajos agotadores, mal pagos, extenuantes y siempre en los límites de la legalidad que podrían componer el currículum de millones de jóvenes ingresantes al sistema laboral.

Laura Meradi narra, en presente y en primera persona, la cotidianeidad de los trabajos que realiza, describiendo con un meticuloso detallismo cada una de sus vivencias. Así, por momentos, logra transportar al lector a aquella realidad abrumadora y a la sensación de agotamiento que padecen sus protagonistas. El ritmo del relato parece replicar el del trabajo precario y contribuye a reconstruir vívidamente las experiencias que se propone contar. En palabras de la propia autora, “la realidad era demasiado grande, inasible. Sólo podía contar lo que iba haciendo marcas en mi cuerpo y en el cuerpo de los otros. Lo que pasaba detrás de nosotros y lo que nos envolvía, no podía ser contado. Se escapaba”.

Licenciada en Letras, Meradi pone la literatura a contar la cruda realidad de los jóvenes y ensaya un género que se ubica en los límites entre las ciencias sociales y la literatura, entre el relato y la denuncia, entre la crónica y la etnografía. En el trasfondo del texto se repiten, constantes, algunas de las preguntas inherentes a todo trabajo de investigación nutrido de la experiencia con otros (incluido el de las ciencias sociales), pero llevadas al extremo en el caso de una cronista “encubierta” que transita (una vez más) los límites de la “ética profesional”: ¿Cómo debemos presentarnos en el campo? ¿Cómo afecta nuestra presencia a aquello que queremos comprender? Como etnografía de lo cercano[i]Alta rotación plantea la cuestión problemática que se presenta a todo investigador ante la familiaridad e identificación vividas con los actores sociales objeto de la investigación.

Pero desde la mirada de las ciencias sociales es posible también pensar este relato como una excepcional fuente para aquellos que se proponen comprender algunos de los procesos que transformaron el mundo del trabajo en los últimos tiempos y que, especialmente, afectan a los jóvenes necesitados de un ingreso, tanto como los modos en que aquellos los experimentan. El libro nos permite reflexionar sociológicamente y disparar preguntas de investigación sobre los nuevos (y no tanto) dispositivos de control empresario y formas de subordinación del trabajo, sobre las distintas estrategias de precarización laboral, sobre sus efectos sobre la subjetividad de los trabajadores. A lo largo del texto resuena una pregunta: ¿qué significa esa temida palabra, precarización?¿Alcanza con tener un empleo formal para escapar a esta condición?

En respuesta, el libro expone cabalmente las múltiples formas de degradación del trabajo en la actualidad. Entre ellas, podemos contar las prácticas de capacitación. En algunos de los casos, el relato deja en evidencia una transferencia casi total del costo de capacitación básica de los nuevos empleados hacia los trabajadores. Así, a las cajeras de Carrefour, a las empleadas de McDonald’s y a las meseras del bar ya agotadas por sus propias tareas, se les agrega simultáneamente el doble trabajo de responder dudas, explicar procedimientos y corregir los errores de sus nuevos compañeros, lo cual fácilmente acaba con su paciencia y genera múltiples tensiones.

En cuanto a los salarios es impactante la frecuencia con la cual los trabajadores viven en una completa confusión e inestabilidad. Ya sea por el enorme peso de las comisiones que componen la intricada fórmula salarial, por la variabilidad de horas que trabajarán “de acuerdo con las necesidades de la empresa” e incluso por el desconocimiento total del valor-hora hasta el momento mismo de la firma de contrato. Cada recibo de sueldo se vuelve un misterio mes a mes. Así la historia transcurre y las constantes explosiones emocionales de los jóvenes trabajadores son naturalizadas como parte normal del “empezar desde abajo”. Aguantar, un mes más, hasta terminar la carrera, hasta conseguir otra cosa. Es una de las palabras que se repite y recorren estas experiencias.

Alta Rotación expone brillantemente los usos de la terminología típica del nuevo management y sus contradicciones. El caso de McDonald’s es su máxima expresión, contando incluso con un diccionario como parte de la guía que se entrega a los nuevos empleados.

Allí los trabajadores se convierten en crew y el pequeño sótano donde la crew pasa sus veinte minutos de break, en CrewRoom. Ushuaia es el nombre de la insalubre cámara congeladora a diez grados bajo cero donde la crew entra a sacar los productos precocidos que vende el local y los rush son esos momentos cuando la cantidad de clientes los desborda. El News McCafé es una carpeta donde “para facilitar la comunicación”, gerente y empleados se dejan notas entre sí, descargando culpas y frustraciones de un ritmo laboral imposible de sostener. Se trata de espacios donde el discurso del nuevo management se nos presenta como otra forma de intensificación del trabajo y recrudecimiento de sus condiciones, revelando la cara coercitiva de un modelo de gestión que no deja de proponerse como objetivo, en última instancia, la subordinación del trabajo.

Sin embargo, el relato de Meradi deja entrever que incluso en escenarios tan desalentadores como los relatados siempre permanece la posibilidad de ejercitar pequeñas resistencias, pequeñas trampas que disputan tanto el sentido como el contenido del trabajo. Desde las múltiples estrategias a la hora de enfrentar una entrevista laboral, hasta el vaso de soda apurado por la garganta en el punto justo que la cámara del local de comida rápida no logra captar (aprovechando los “puntos ciegos” del panóptico foucaultiano), los jóvenes ensayan distintas maneras de volver más tolerable una cotidianidad degradada.

[1]http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-13159-2009-03-14.html

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