18 de julio de 2010
Antonio Gramsci
Gramsci, escritos juveniles: … un gran trabajo aún debe ser hecho por nosotros los socialistas: un trabajo de interiorización, de intensificación de la vida moral. El programa aquí propuesto era conclusión de una reflexión madurada en una intensa experiencia de soledad de la que él mismo dio testimonio. Insistía así en la necesidad de buscar en sí mismo, en lo íntimo de su conciencia, en ese solo espacio donde es posible componer todos los desacuerdos que la realidad suele imponer. A su vez, la exigencia de las afirmaciones ponía en carne viva una tensión inevitable entre el compromiso de los deberes cívicos y aquella irrecusable labor de concentración. Esta parecía ser el ámbito genuino de la experiencia del pensar. Y éste, un crisol insalvable para comprender el mundo y transformarlo hacia su verdad. Obviedades a primera vista. Sin embargo, por detrás de la claridad de las ideas, subyace aquí la paradoja que impone la soledad a la condición humana. El vértigo de la vida moderna no basta para justificar sus contradicciones: el temor a su confinamiento, o el anhelo banal de encontrar en ella una serenidad lo más parecida a la estupidez, o la imposibilidad de su experiencia enredados en el aislamiento del martilleo insensato de internet. Ya Petrarca entre 1346 y 1366 escribe una densa apología de la soledad (De vita solitaria) como respuesta a las tentaciones del torbellino de la vida urbana.

Con ello, inserto en una larga tradición de la que abreva, Petrarca toca el nervio de una constante definitiva de la existencia humana: ¿cómo es posible para el hombre estar en sí mismo, saber de sí? Porque solo en ese encuentro con la propia verdad (aún cuando ella sea su severa precariedad y fragmentación) es viable imaginar un sentido que disloque todos los ridículos de esa mediocridad que nos puede. No hay tiempo más o menos propicio, más o menos grave, para las experiencias más genuinas de la vida humana. Tan sólo están nuestras circunstancias y nuestra cobardía, nuestra mezquindad o la necedad de no entender jamás de que va. A veces, el coraje de ser.

Sin duda que la soledad también puede ser una figura del mal como tan bien lo describió Jean-Luc Marion. Pero ello es así cuando la soledad es la incapacidad de reconocer la alteridad y por tanto se concibe condenada a encerrarse en el regodeo abrumador de una especie de solipsismo hedonista. Sin embargo, hay otras Soledades …a mis soledades voy, de mis soledades vengo… (Góngora): Por ejemplo, la que abriga el impulso creativo o la que sostiene el gesto solidario… Allí donde el otro es alguien y, justamente, en el cruce de esas miradas que se encuentran y reconocen se sostiene –imperceptiblemente- el gozo de vivir. Y cada uno recobra para sí su fisonomía más personal. Sugestivamente, en el texto mencionado, Petrarca insiste –apoyándose en Seneca– en que esa soledad es una escuela de vida (scola vitae). De cuyo manantial brota, a su vez, el empeño riguroso de no renunciar jamás a los deberes de humanidad (humanitatis officium) que nos impone nuestra propia condición. Incluso hace precisa mención a los deberes implícitos a la cosa pública. A los ojos del poeta, la soledad es condición también del diálogo veraz. ¿Cómo podrán los hombres encontrarse en el hurgar de la verdad si no saben de sí? Una antigua expresión del alemán medieval llamaba al conocimiento de sí: “aprehenderse en la verdad”; como si quisiera decir: tomarse en serio”. Eso es el gozo sereno de la soledad más humana. La única que nos haga más humanos ….detestable
cosa es el hombre si no se eleva por sobre el hombre…
(Seneca).
"detestable cosa es el hombre
si no se eleva sobre el hombre..."(Séneca)


Ricardo Abella
Berna 2010
Suiza


Más allá de estas reflexiones, la realidad –de jóvenes y adultos– parece muchas veces ufanarse de nadar en el aturdimiento. Desde la verborragia política a la insonoridad de los boliches para adolescentes, pasando por el bingo de la vida: ¡cuántos caminos obturados al pensar, al diálogo sincero, a la amistad profunda, al encuentro de las diferencias! El cinismo de la codicia dirigiendo un carrusel de espantos. Como en tantas cosas, la belleza y la justicia caminan en un callejón solitario al que sólo se allega en la soledad más humana. Pero ello no es posible sin una inmensa cadena de manos que nos sostengan. ¿Quién nos ayudará a esta experiencia?

El texto de Gramsci que citara al inicio vuelve aquí a ser sugerente. En verdad, el párrafo hablaba por sobre todo de la lectura: Estos libros no son para mí sino estímulos, ocasiones para pensar, para cavar en mí mismo, para reencontrar en mí mismo la razón profunda de mi ser, de mi participación en la vida del mundo. La lectura, aun en público, es un ejercicio de soledad. Del coraje de la soledad, del coraje de pensar. Su deriva
es incierta, como los frutos maduros de la imaginación. Para Gramsci fue el estrecho sendero de las convicciones: Estas lecturas me han convencido una vez más que un gran trabajo aún debe ser hecho por nosotros los socialistas: un trabajo de interiorización, de intensificación de la vida moral.

Carlos Ruta
Julio 2010.
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