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| Antonio Gramsci |
Gramsci, escritos juveniles: … un gran trabajo aún debe ser hecho por nosotros los
socialistas: un trabajo de interiorización, de intensificación de la vida moral. El programa
aquí propuesto era conclusión de una reflexión madurada en una intensa experiencia de
soledad de la que él mismo dio testimonio. Insistía así en la necesidad de buscar en sí mismo, en lo íntimo de su conciencia, en ese solo espacio donde es posible componer
todos los desacuerdos que la realidad suele imponer. A su vez, la exigencia de las
afirmaciones ponía en carne viva una tensión inevitable entre el compromiso de los
deberes cívicos y aquella irrecusable labor de concentración. Esta parecía ser el ámbito
genuino de la experiencia del pensar. Y éste, un crisol insalvable para comprender el mundo y transformarlo hacia su verdad. Obviedades a primera vista. Sin embargo, por
detrás de la claridad de las ideas, subyace aquí la paradoja que impone la soledad a la
condición humana. El vértigo de la vida moderna no basta para justificar sus
contradicciones: el temor a su confinamiento, o el anhelo banal de encontrar en ella una
serenidad lo más parecida a la estupidez, o la imposibilidad de su experiencia enredados
en el aislamiento del martilleo insensato de internet. Ya Petrarca entre 1346 y 1366
escribe una densa apología de la soledad (De vita solitaria) como respuesta a las
tentaciones del torbellino de la vida urbana.
Con ello, inserto en una larga tradición de la
que abreva, Petrarca toca el nervio de una constante definitiva de la existencia humana:
¿cómo es posible para el hombre estar en sí mismo, saber de sí? Porque solo en ese
encuentro con la propia verdad (aún cuando ella sea su severa precariedad y
fragmentación) es viable imaginar un sentido que disloque todos los ridículos de esa
mediocridad que nos puede. No hay tiempo más o menos propicio, más o menos grave,
para las experiencias más genuinas de la vida humana. Tan sólo están nuestras
circunstancias y nuestra cobardía, nuestra mezquindad o la necedad de no entender
jamás de que va. A veces, el coraje de ser.
Sin duda que la soledad también puede ser una figura del mal como tan bien lo describió
Jean-Luc Marion. Pero ello es así cuando la soledad es la incapacidad de reconocer la
alteridad y por tanto se concibe condenada a encerrarse en el regodeo abrumador de una
especie de solipsismo hedonista. Sin embargo, hay otras Soledades …a mis soledades
voy, de mis soledades vengo… (Góngora): Por ejemplo, la que abriga el impulso creativo
o la que sostiene el gesto solidario… Allí donde el otro es alguien y, justamente, en el
cruce de esas miradas que se encuentran y reconocen se sostiene –imperceptiblemente-
el gozo de vivir. Y cada uno recobra para sí su fisonomía más personal. Sugestivamente,
en el texto mencionado, Petrarca insiste –apoyándose en Seneca– en que esa soledad
es una escuela de vida (scola vitae). De cuyo manantial brota, a su vez, el empeño
riguroso de no renunciar jamás a los deberes de humanidad (humanitatis officium)
que nos impone nuestra propia condición. Incluso hace precisa mención a los deberes
implícitos a la cosa pública. A los ojos del poeta, la soledad es condición también del
diálogo veraz. ¿Cómo podrán los hombres encontrarse en el hurgar de la verdad si no
saben de sí? Una antigua expresión del alemán medieval llamaba al conocimiento de
sí: “aprehenderse en la verdad”; como si quisiera decir: tomarse en serio”. Eso es el gozo
sereno de la soledad más humana. La única que nos haga más humanos ….detestable
cosa es el hombre si no se eleva por sobre el hombre… (Seneca).
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"detestable cosa es el hombre
si no se eleva sobre el hombre..."(Séneca)
Ricardo Abella
Berna 2010
Suiza |
Más allá de estas reflexiones, la realidad –de jóvenes y adultos– parece muchas veces
ufanarse de nadar en el aturdimiento. Desde la verborragia política a la insonoridad de los
boliches para adolescentes, pasando por el bingo de la vida: ¡cuántos caminos obturados
al pensar, al diálogo sincero, a la amistad profunda, al encuentro de las diferencias! El
cinismo de la codicia dirigiendo un carrusel de espantos. Como en tantas cosas, la belleza
y la justicia caminan en un callejón solitario al que sólo se allega en la soledad más
humana. Pero ello no es posible sin una inmensa cadena de manos que nos sostengan.
¿Quién nos ayudará a esta experiencia?
El texto de Gramsci que citara al inicio vuelve aquí a ser sugerente. En verdad, el
párrafo hablaba por sobre todo de la lectura: Estos libros no son para mí sino estímulos,
ocasiones para pensar, para cavar en mí mismo, para reencontrar en mí mismo la razón
profunda de mi ser, de mi participación en la vida del mundo. La lectura, aun en público,
es un ejercicio de soledad. Del coraje de la soledad, del coraje de pensar. Su deriva
es incierta, como los frutos maduros de la imaginación. Para Gramsci fue el estrecho
sendero de las convicciones: Estas lecturas me han convencido una vez más que un gran
trabajo aún debe ser hecho por nosotros los socialistas: un trabajo de interiorización, de
intensificación de la vida moral.
Carlos Ruta
Julio 2010. |