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Editorial
Conceptos
Históricos
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Conceptos Históricos

Año 4, No. 5

Editorial

Los artículos presentados en este quinto número de Conceptos Históricos abordan algunas de las grandes cuestiones –tanto teórico-metodológicas como histórico-políticas– que animan los debates contemporáneos en historia conceptual. Aunque cada texto represente una contribución independiente, el conjunto está atravesado por una misma problemática, constitutiva de la Begriffsgeschichte desde su primer surgimiento. Se trata de la necesidad de repensar la modernidad política teniendo en cuenta las discontinuidades que, a partir de la Revolución francesa, se produjeron en el tejido de la experiencia, así como en el sentido de las palabras, y analizando los desplazamientos que, aún en la actualidad, continúan ocurriendo dentro y fuera de Europa, según lógicas sociales diferenciadas. Como lo ponen de manifiesto los artículos de este número, la historia conceptual permite, entonces, plantear preguntas sustantivas, incluso cuando reflexiona sobre sí misma, desde un punto de vista epistemológico ante todo. Las páginas que siguen sugieren que la comprensión de la modernidad se encuentra a nuestro alcance, siempre y cuando se remodelen las herramientas teóricas del trabajo historiográfico.

En su artículo, Facundo Rocca nos introduce a la problemática de este número a través de un análisis crítico del enfoque de Quentin Skinner y de sus asociados. Explorando la tensión entre autor y contexto, Rocca termina convirtiendo una duda inicial en una objeción de principio: si Skinner y los historiadores de la Escuela de Cambridge no han superado la frontera temporal de los siglos XV-XVIII es porque su método, al privilegiar a los grandes autores de la tradición filosófica, reconduce a una premisa elitista incompatible con las dinámicas de la modernidad democrática posrevolucionaria. La historia de las ideas en contexto se habría detenido así en el umbral del mundo moderno, en razón de un límite teórico e ideológico, debido a la incapacidad de hacer un lugar a la participación creciente de las masas en la producción de conceptos políticos. Al concluir su artículo, Rocca sugiere que la perspectiva de Reinhart Koselleck permitiría considerar de mejor manera las implicaciones de la revolución moderna, en la medida en que su Begriffsgeschichte ha hecho de la “democratización” de los conceptos uno de los principales rasgos sociológicos de nuestro pensamiento político, lo que obliga a la historiografía a buscar las fuentes sociales de todo concepto, incluso de las mismas doctrinas filosóficas. En ese punto, existiría un diálogo posible entre la historia conceptual con la filosofía política de Jacques Rancière.

Retomando el hilo de la discusión abierta por Facundo Rocca, el artículo de Ezequiel Pinacchio explora las articulaciones internas entre las diferentes dimensiones del concepto de concepto elaboradas por Koselleck, con el fin de asentar su perspectiva histórico-conceptual. Después de haber analizado sucesivamente las características estructurales de los conceptos políticos ordinarios, de los conceptos políticos fundamentales y de las categorías analíticas, Pinacchio llega a la conclusión de que el enfoque del historiador alemán ha hecho de la ruptura moderna en Europa tanto el objeto como la condición de la historiografía. A partir de un diagnóstico crítico respecto del desarrollo patológico de la modernidad política europea, Koselleck ha tratado al mismo tiempo de desmantelar algunos de los conceptos fundamentales del historicismo –por ejemplo, el de progreso– y de reactivar reflexivamente la historiografía en cuanto ciencia moderna, comprometiéndose a una reconstrucción teórica e histórica de la categoría de Historia. Las distinciones formales que la ciencia histórica necesita para establecer la verdad de los acontecimientos, en particular la diferencia entre campo de experiencia y horizonte de expectativa, si bien encuentran su elaboración en el marco de una antropología filosófica, tienen ellas mismas un origen histórico, y este origen es claramente moderno. En los términos de la tradición kantiana, de la cual es un heredero, Koselleck ha intentado pensar la génesis histórica de una categoría transcendental, en lo que aparece a fin de cuentas como un tentativo de rescatar la Ilustración en un plano ontológico.

El riesgo de una universalización indebida de la modernidad europea, implicado por el proyecto de la Historik, es lo que lleva a Giuseppe Duso a tomar distancia de la historia conceptual de Koselleck y a oponer a este la vía distinta trazada por Otto Bruner en sus trabajos. Volviendo al artículo fundamental sobre la Ganzes Haus, Duso destaca en su importante contribución los instrumentos críticos que nos ofrecen una orientación histórico-conceptual alternativa, basada en la valorización de la Trennung sin mediación teórica. Recuerda de ese modo las perspectivas de reflexión abiertas por este enfoque, centrado en la puesta en evidencia de la excepción moderna respecto al marco antropológico antiguo, así como los resultados concretos que ha habilitado a lo largo de treinta años de investigación histórica y filosófica en la Escuela de Padua. El lector podrá medir el potencial de esta orientación a través del artículo de Paolo Slongo, en el cual el autor muestra cómo Montesquieu, al retomar el léxico antiguo y, ante todo, la idea de sociedad política, logró inscribir lo social en el derecho, lo cual volvió pensable para los modernos aquel principio de justicia en cuanto aspiración de la comunidad que no encontraba, y todavía no encuentra, su lugar en un orden constitucional basado en las relaciones jurídicas formales.

Por paradójico que pueda parecer, solo la destrucción de los puentes teóricos fabricados por la ciencia moderna nos permitiría, entonces, establecer una mejor comunicación con los antiguos y, más en general, con los mundos que vivieron y viven más allá de la modernidad liberal europea. Poniéndonos al borde del abismo, la historia conceptual pensada por Duso y la Escuela de Padua, a partir de Brunner, dejaría resonar en nosotros una voz olvidada y perturbadora. La lección del trabajo histórico no concerniría solo al pasado, sino también al presente: la tradición filosófico-política antigua, marcada por el paradigma aristotélico, haría resurgir preguntas todavía actuales aunque enterradas bajo el edificio del Estado soberano moderno. Invitándonos a cuestionar la validez de los conceptos y categorías que damos por sentados en nuestras polémicas políticas y disputas científicas, la historia conceptual nos llevaría, así, a un terreno en el cual la crítica radical del orden político moderno, efecto de la toma de conciencia de su particularidad y contingencia, plantearía cuestiones tanto ineludibles como universales. La reflexión sobre la función del gobierno y el lugar de la justicia permitiría, en particular, recuperar el plano de una humanidad común y abrir, de esa manera, el espacio de una política futura tendida hacia una superación conceptual y constitucional de la excepción liberal.

El artículo de Horacio Tarcus nos hace pensar que esta alternativa a la modernidad liberal, si nos espera tal vez en el futuro, está ya contenida, en cierta medida, en el pasado que hemos dejado atrás. Se trata del socialismo. El ocaso de la experiencia soviética, lejos de haberlo liquidado, ha abierto la posibilidad de su comprensión histórica, más allá de la ideología que ha pretendido guardar su verdad. El mensaje que nos viene de uno de los más importantes historiadores del socialismo latinoamericano es que la historia del socialismo no ha sido todavía escrita. Esta historia será, según Tarcus, contextual y conceptual, además de comparativa. Como lo atestigua el preámbulo metodológico del artículo, las orientaciones de Skinner y Koselleck permiten salir del prejuicio marxista que ha estructurado la mayoría de los trabajos históricos. Sirviéndose de la mejor historiografía crítica disponible, Tarcus da así un giro histórico-conceptual a sus investigaciones y sienta las bases de una historia venidera del socialismo. A partir del análisis de los usos conflictivos del término “socialismo” durante el siglo XIX, a lo largo y ancho del espacio de circulación constituido por los intercambios entre intelectuales de Latinoamérica y Europa, Tarcus muestra cómo las expectativas utópicas del socialismo “romántico” han llevado, paradójicamente, a la clara percepción de lo social en cuanto dimensión real de la vida humana. Lo social de los primeros socialistas representaba el punto de partida para llevar a cabo una crítica de los conceptos ideológicos de la modernidad liberal e impulsar una transformación de las instituciones que fundamentaban.

La historia conceptual ha transformado los modos de comprender históricamente los conceptos centrales de la modernidad privilegiando el análisis de producciones textuales. El trabajo de Inés Yujnovsky abre un campo nuevo de reflexión al mostrarnos cómo se puede aprehender el sentido de la temporalidad analizando no solo discursos escritos sino, también, representaciones visuales. Valorizando el rol de la fotografía en la configuración de las experiencias del tiempo, su artículo nos explica cómo, en el período que transcurre entre finales del siglo XIX y principios del XX, la mirada y la observación de imágenes produjeron en forma conjunta entramados de sentido.

Como se puede apreciar en la lectura de los artículos de este número, la historia conceptual representa hoy un campo de investigación abierto y plural. La sección “Debates”, que inauguramos en esta ocasión, entiende promover la confrontación entre diferentes perspectivas teórico-metodológicas, y ofrece un espacio de discusión a los investigadores que las están desarrollando en la actualidad. Aspira, en particular, a acoger respuestas argumentadas a los artículos publicados en la revista, con el fin de dar lugar, una vez transmitidas al autor, a un intercambio productivo. En este número, José Luis Villacañas Berlanga entra en diálogo con Giuseppe Duso, contestando el primero a los comentarios del filósofo y político italiano respecto de su artículo “Modernidad, capitalismo e irreversibilidad”, aparecido en el tercer número de Conceptos Históricos. Este primer debate vuelve a plantear la alternativa entre las orientaciones histórico-conceptuales que se remontan a los nombres de Reinhart Koselleck y Otto Brunner, especialmente en lo que concierne a la cuestión de la historicidad en su relación con el progreso.

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