Bacterias para la industria

Hugo Gramajo, investigador de la Universidad Nacional de Rosario, fue distinguido con el premio Jorge Sabato, que reconoce la transferencia de conocimiento. Trabaja en la modificación genética de microorganismos para la industria.

Nadia Luna  
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Agencia TSS – “Siempre me interesó trabajar en desarrollos que pudieran ser transferidos al sector productivo”, asegura a TSS Hugo Gramajo, investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), perteneciente a la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y al CONICET. Gramajo fue distinguido recientemente con el Premio Jorge Sabato 2015, otorgado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT) a los investigadores que se destacan en la transferencia de desarrollos tecnológicos con impacto económico-productivo en el crecimiento del país. ¿Qué transfiere Gramajo a la industria? Bacterias.

El investigador trabaja con microorganismos desde que realizó el Doctorado en Ciencias Bioquímicas de la UNR, hace ya unas tres décadas. Continuó trabajando en el tema gracias a un posdoctorado que cursó en el exterior y volvió a Rosario de manera definitiva para hacer ciencia en suelo argentino. Actualmente, dirige un laboratorio en el IBR con foco en la modificación genética de bacterias para la producción de compuestos de interés biotecnológico para las industrias alimenticia, farmacéutica y cosmética.

“Para mí, el reconocimiento es una satisfacción inmensa y me estimula a seguir trabajando. Pero, en definitiva, es un premio al grupo de investigación. En el ámbito científico, el trabajo siempre es en equipo, uno se alimenta de la mirada del otro sobre un mismo problema y del trabajo incansable de discusión e intercambio de ideas”, dice Gramajo y recuerda que el primer desarrollo transferido a la industria fue un método más eficiente y económicamente viable para la producción de quimosina, una proteína que se utiliza en la industria para la producción de quesos.

El método se basó en la manipulación genética de la Escherichia coli, una bacteria con mala fama debido a que algunas cepas son patógenas. Sin embargo, también suele estar presente de manera natural en el intestino de los seres humanos. Esta bacteria tiene la característica de crecer a gran velocidad, lo que reduce los tiempos de producción. Además, es relativamente simple de manipular genéticamente y se conoce tanto sobre su metabolismo que se puede predecir mucho de su comportamiento cuando se la modifica.

“Siempre me interesó trabajar en desarrollos que pudieran ser transferidos al sector productivo”, dice Gramajo. Foto:
Gentileza IBR.

“Es como disponer en poco tiempo de una gran cantidad de pequeñas fábricas que producen lo que uno necesita”, resume Gramajo. Otra ventaja de la utilización de la E. coli es que permite una producción sustentable de los compuestos. Como tiene una fisiología bastante versátil, los investigadores aprovechan su capacidad de crecer en ácidos grasos como fuente de carbono, en un ambiente lipídico. “Hay industrias que descartan estos lípidos y nosotros los podemos utilizar para hacer que produzcan algo diferente”, señala el científico.

El equipo de Gramajo desarrolló un proceso que utiliza la E. coli como plataforma para producir quimosina y lo transfirió a una empresa (Geneg, que actualmente produce y comercializa quimosina y fermentos lácteos). El método fue adoptado rápidamente por la industria quesera del país y actualmente se sigue utilizando. Posteriormente, fueron por más y decidieron utilizar esa misma bacteria para el desarrollo de moléculas con propiedades antibióticas y anticancerígenas. “Como hay microorganismos que generan estos compuestos útiles en muy pequeñas cantidades, la idea fue mover toda esa maquinaria dentro de la E. coli con el objetivo de producir mayor cantidad y poder hacer más modificaciones genéticas”, indica Gramajo.

“A las empresas, muchas veces les cuesta asumir riesgos y apostar a un desarrollo que a priori no se sabe si va a
funcionar o no”, dice Gramajo, en la foto junto a su equipo.

Actualmente, a partir del mismo concepto de utilizar E. coli como plataforma, los investigadores están trabajando en el desarrollo de moléculas para la obtención de biolubricantes. “Movemos genes de otras bacterias y hacemos que esas rutas metabólicas produzcan nuevos compuestos de origen lipídico que no son conocidos en la naturaleza y tienen propiedades interesantes como lubricantes”, explica el bioquímico. El diseño de esas nuevas rutas metabólicas está patentado y los científicos tienen un convenio con la empresa Y-TEC para mejorar la producción de esos compuestos y estudiar sus propiedades biotecnológicas en mayor profundidad.

Entre las dificultades que ha tenido a la hora de desarrollar su investigación, Gramajo menciona la necesidad de contar con equipos de tecnología avanzada que, muchas veces, hay que importar. “Tener equipamiento de última generación es fundamental, pero también es esencial que funcione, porque muchas veces se compra, se rompe y no se sabe cómo arreglarlo. Ese es otro aspecto muy importante que hay que tener en cuenta y pensar cómo se puede solucionar. Otro problema son los insumos que no se producen localmente y deben importarse. A nosotros nos piden desarrollos tecnológicos, pero es importante que las empresas también se aboquen a la producción de insumos para los científicos, para reducir los costos y plazos que implica la importación”, considera.

A lo largo de su trayectoria en transferencia, Gramajo sabe de las dificultades que puede tener un científico a la hora de convertir una investigación de laboratorio en un producto de mercado. “Cuando uno quiere desarrollar algo nuevo, se necesita inversión y tiempo. A las empresas, muchas veces les cuesta asumir riesgos y apostar a un desarrollo que a priori no se sabe si va a funcionar o no. Además, para que exista esta inversión, el Estado es una pata fundamental. Creo que hace falta más apoyo, aunque en los últimos años se ha hecho bastante. Las políticas han sido acertadas, pero, si queremos dar un salto cualitativo, necesitamos mayor presupuesto para ciencia y tecnología”, concluye.

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