Brazo electrónico para los que menos tienen

Luis Sandoval, estudiante de Ingeniería Industrial de la UNSAM y asistente del Instituto de Ciencias de la Rehabilitación y el Movimiento, desarrolló un brazo mioeléctrico para amputados. Su objetivo es crear una prótesis de bajo costo para pacientes que no puedan acceder a los modelos disponibles en el mercado.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS — Luis Sandoval trabaja en el Instituto de Ciencias de la Rehabilitación y el Movimiento (ICRYM) y está terminando la carrera de Ingeniería Industrial en el Instituto de Calidad Industrial (INCALIN). Tras cursar la materia Automatización, Sandoval se interesó por la electrónica de hardware abierto de las plaquetas Arduino, cuyos adelantos permitirían solucionar un problema que observa en su trabajo a diario: la imposibilidad de acceso de muchos pacientes a las prótesis disponibles en el mercado debido a sus costos.

Para su tesis de grado, Sandoval desarrolló una prótesis de brazo para pacientes amputados que cuesta ocho veces menos que una prótesis tradicional. El diseño se basa en un brazalete mioeléctrico —importado de Canadá—, que capta los impulsos eléctricos de los músculos del paciente y los convierte en señales que luego activan los movimientos. Luego de entrenar con este brazalete, el usuario ya puede usar el brazo electrónico, que funciona con sensores similares a los utilizados para la realización de electrocardiogramas —si bien estos sensores no abarcan la misma cantidad de movimientos del brazalete, permiten bajar el costo de la prótesis electrónica—.

“El diseño 3D de la mano lo encontré en Internet en forma gratuita. Lo que hice fue adaptar ese diseño a los requerimientos que tenía para mi proyecto”, explica Sandoval, que contó con el apoyo de Daniel Kogan —director de la Licenciatura en Ortesis y Prótesis del ICRYM— para el diseño de la prótesis y su prototipado en la impresora 3D del Instituto, y de su docente Juan Carlos Mollo, quien lo asesoró para el diseño de la parte electrónica.

De izquierda a derecha: Daniel Kogan, Luis Sandoval y Juan Carlos Mollo.

Joaquín Valdés, decano del INCALIN, les presentó el proyecto a las autoridades de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (CADIEEL), que facilitó un espacio en la feria BIEL de La Rural para que Sandoval pudiera presentar el prototipo.

El futuro ingeniero no quiere hablar del precio de esta prótesis porque nunca pensó en desarrollar un producto con fines de lucro. “Antes que nada, el objetivo es terminar mi proyecto de tesis para que quede en la universidad y, a futuro, pueda ser aprovechado tanto por el INCALIN como por el ICRYM”, aclara.

Sandoval recuerda que algunos gastos iniciales corrieron por su cuenta —algo más de 3000 pesos—, mientras que los gastos para el brazalete mioeléctrico —alrededor de 3500 pesos— fueron un préstamo de un colega. Dicho brazalete puede reemplazarse por sensores similares a los utilizados en electrocardiogramas, que rondan los 350 pesos. “Al ser un prototipo, los materiales que usé son de hobbista. Por ejemplo, los servomotores tienen engranajes de plástico y la placa Arduino es un poco grande, pero son cosas que se pueden mejorar. Ahora busco minimizar los espacios de los motores y agregar baterías recargables por puerto USB”.

El brazalete reconoce cinco movimientos musculares: puño cerrado y abierto, y desplazamientos hacia la izquierda, la derecha y hacia abajo. Con estas combinaciones se puede programar la electrónica para que realice diferentes acciones. A su vez, con los sensores de electrocardiograma, estas posibilidades se reducen a mano abierta o cerrada, pero el costo de la prótesis disminuye. “Para una persona que está amputada, la posibilidad de tener los movimientos de apertura y cierre de la mano ya es muchísimo”, dice Sandoval, quien amplía: “Actualmente, el brazo permite agarrar objetos, pero no tiene la fuerza suficiente como para serle útil a cualquier tipo de paciente. El proyecto sigue en desarrollo”.

Desde el INCALIN, Valdés se comprometió a realizar un seguimiento del proyecto y a efectuar aportes que mejoren los materiales. Para Sandoval, la repercusión que tuvo su proyecto fue una sorpresa: “Nunca pensé que mi trabajo de tesis tendría semejante difusión. Yo quería desarrollar el brazo y, una vez aprobada la tesis, entregarlo lo como donación a algún paciente del Instituto”.

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