Comida que viene del agua

Docentes y estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional en Resistencia, Chaco, desarrollaron una huerta hidropónica que buscan transferir a comedores rurales de la zona. Es un sistema fácil de usar y replicar, que utiliza materiales reciclados para su construcción.

Por Nadia Luna  
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Agencia TSS — La comunidad salesiana de la localidad de Fontana, situada en la zona periurbana del gran Resistencia, en Chaco, mantiene varios comedores populares que ofrecen un plato de comida a niños de entre 2 y 12 años. Sin embargo, en el último tiempo, la situación económica de las familias de la zona empeoró y aumentó la cantidad de asistentes. A los niños se sumaron padres y abuelos, de lunes a viernes.

Un grupo de docentes y estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Resistencia (UTN-FRRE), desarrollaron un modelo de huerta hidropónica destinada a los comedores rurales de la zona. El objetivo es transferir conocimientos y tecnologías para que puedan producir sus propios alimentos de manera orgánica y económica. El grupo se decidió por utilizar un modelo hidropónico (plantación de verduras o frutas sobre agua) porque en la zona no cuentan con suficiente tierra fértil para hacer huertas convencionales.

“Las huertas hidropónicas son como invernaderos de laboratorio, en los que las plantas reciben los nutrientes que necesitan y se controla la proliferación de insectos por medios naturales. Es similar a una producción orgánica”, sostiene la doctora en Ingeniería Silvia Zambón, docente de la UTN-FRRE a cargo del proyecto. Los integrantes del grupo pertenecen a las cuatro carreras que se dictan en la institución: Ingeniería Química, Ingeniería Electromecánica, Ingeniería en Sistemas y Licenciatura en Administración Rural.

“Las huertas hidropónicas son como invernaderos de laboratorio, en los que las plantas reciben los nutrientes que necesitan y se controla la proliferación de insectos por medios naturales. Es similar a una producción orgánica”, sostiene Silvia Zambón, docente de la UTN-FRRE.

La iniciativa obtuvo financiamiento de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) a través de una línea para innovaciones tecnológicas con impacto social. Además, el equipo presentó un segundo proyecto relacionado con el primero, que también fue aceptado: la elaboración de una salsa nutritiva a partir de los vegetales de la huerta que, al tener un procesamiento mínimo, conservan mejor los nutrientes. Como actividad complementaria, junto con colegas del programa ProHuerta, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), los expertos están capacitando a pobladores de la zona para que puedan replicar las huertas en sus casas.

“Las huertas hidropónicas pueden ser más sencillas o más complejas según la tecnología que se aplique. Nuestra idea es que sea lo más simple posible y que se base en materiales reciclados para que cualquiera la pueda hacer. La idea es que nosotros vayamos una vez a la semana a controlar el pH y otros valores de los cultivos, y que posteriormente lo continúen ellos”, explica Zambón. Otra ventaja de la huerta hidropónica es que cultivar en agua es más limpio que hacerlo en tierra, ya que la presencia de microorganismos es considerablemente menor.

El sistema se alimenta por un circuito de caños de PVC por los que circula el agua. Cada módulo constará de cuatro caños de un metro y medio de largo que van a alimentar las plantas, separadas por una distancia que irá de 25 a 30 centímetros. El plan es hacer cuatro módulos para cultivar tomate, morrón, espinaca y acelga. De aquí se va a sacar la materia prima para elaborar la salsa nutritiva. Adicionalmente, se agregará otro módulo con plantas como orégano, perejil y puerro.

El grupo se decidió por utilizar un modelo hidropónico (plantación de verduras o frutas sobre agua) porque en la zona no cuentan con suficiente tierra fértil para hacer huertas convencionales.

Actualmente, el equipo está comprando los materiales para armar el sistema y están preparando los almácigos. Zambón indica que el almácigo se produce en apenas 15 días, así que en ese lapso tendrán el primer módulo para trasplantar, mientras que la huerta completa va a estar produciendo dentro de cuatro o cinco meses.

“Más allá de la huerta, nuestro objetivo principal es tratar de que los conocimientos de la universidad lleguen a todos los sectores de la sociedad y, especialmente, a los más vulnerables. El beneficio es doble porque los alumnos de ingeniería muchas veces suelen estar muy encerrados en los laboratorios. Entonces, esta experiencia les demuestra que con sus conocimientos pueden cambiar la realidad de sus barrios de manera directa”, concluye la ingeniera.

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