Compra de armas: dependencia, improvisación y negocios

El listado de armamento pedido a Estados Unidos pone en evidencia un profundo desconocimiento por parte del Gobierno sobre las necesidades en el área de Defensa y barre con el planeamiento realizado. Algunos de los equipos solicitados compiten directamente con desarrollos locales.

Por Natasa Loizou y Carlos de la Vega  
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Agencia TSS – Semanas atrás se difundió una carta del todavía embajador argentino en Washington, Martín Lousteau, dirigida a un miembro del Subcomité de Defensa de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en la que revelaba la intención de adquirir un largo listado de armamento contenido en cuatro anexos. El hecho puso en evidencia, una vez más, el proyecto de dependencia que el Gobierno de Cambiemos tiene preparado para la Argentina, pero no es lo único que quedó expuesto. En un detallado análisis de las armas solicitadas emerge el elevado nivel de improvisación y desconocimiento por parte de quienes elaboraron el listado, que desdibuja las normas y procesos de planeamiento estratégico del Ministerio de Defensa que se habían elaborado en años anteriores.

Cambiar para mal

La primera cuestión de fondo en la carta firmada por Lousteau es el interés porque la Argentina coopere con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado. Para ello se solicita que la Agencia para el Desarrollo Internacional estadounidense (USAID, por sus siglas en inglés) contribuya a dicho cometido mediante ayuda financiera y militar. Este enfoque viola la distinción que la legislación argentina realiza entre seguridad interior y defensa nacional, muy similar a la que también efectúan las leyes estadounidenses. Además, gran parte del equipamiento solicitado, como aviones cazabombarderos, helicópteros de ataque, misiles antitanque y vehículos blindados, ni siquiera sirve para combatir esos flagelos.

En segundo lugar, la adquisición de armamento a Estados Unidos recrearía las condiciones para el retorno a la dependencia militar argentina respecto de ese país. Aún si fueran equipos “donados”, como pretendió argumentar el Gobierno para justificar la potencial transacción, la Argentina quedaría atada a su mantenimiento a lo largo de toda su vida útil, lo que por estas tierras suelen ser varias décadas. Las armas, además, no vienen solas: traen doctrina e instructores que suelen enseñar bastante más que su mero empleo. La Doctrina de Seguridad Nacional, origen del genocidio provocado por la última Dictadura, tuvo una de sus vías de entrada a los cuarteles en los intercambios militares que se daban en actividades castrenses como la incorporación de material bélico extranjero.

Entre los ítems a comprar se encuentran 12 helicópteros Bell AH1 Cobra de ataque. Estas aeronaves iniciaron su vida operacional en 1957. En la foto, un AH-1 Cobra en misión sobre Vietnam.

Estados Unidos es un país que suele tener intereses antagónicos a los de América Latina y el apoyo brindado por Washington a Londres durante la Guerra de las Malvinas es un recordatorio de esa condición. Esto no significa que la Argentina deba pelearse con Estados Unidos, lo que además sería muy poco prudente, pero sí alejarse paulatinamente de su influencia geopolítica y comprarle armas no lleva por ese camino.

Por su política exterior agresiva y desestabilizadora, y por su poder militar, Estados Unidos constituye hoy la mayor amenaza a la paz mundial. Adquirir sus armas contribuye, aunque sea mínimamente, a fortalecer el complejo industrial–militar que viene poniendo en jaque aún a la propia democracia norteamericana.

Revuelto de errores

El análisis de las armas contenidas en el listado de Lousteau también revela errores inverosímiles, nula planificación y espurias intenciones. Los siguientes son algunos ejemplos puntuales:

-Entre los ítems a comprar se encuentran 12 helicópteros Bell AH1 Cobra de ataque. Estas aeronaves iniciaron su vida operacional en 1957 y fueron el principal helicóptero de ataque de Estados Unidos. Sin embargo, desde mediados de los ochenta vienen siendo reemplazados en ese rol por el AH-64 Apache. Existe una versión más moderna del Cobra, denominada AH-1Z Viper, que sirve en los Marines. Sin embargo, en el pedido del gobierno argentino no se especifica esto. La distinción no es menor, ya que el AH1 Cobra fue retirado de servicio en 1999. Si nuestras Fuerzas Armadas adquieren estos helicópteros, estarían sumando un equipo ya obsoleto desde el instante de su incorporación.

-Tampoco parece haber ningún tipo de planificación en la adquisición de 14 cazabombarderos supersónicos F16. El rango operacional de estos aviones es de cerca de mil kilómetros (sin tanques suplementarios) por lo que, si estuvieran emplazados en las cercanías de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, llegarían hasta La Rioja o Viedma en misiones de combate. ¿Y la cobertura del resto del país? Un país como Bélgica, que no es de los más ricos de Europa y cuya superficie es aproximadamente el 1,09% de la argentina, llegó a tener 160 unidades de F16. Hoy, tras profundas reducciones de su aparato militar fruto del fin de la Guerra Fría, cuenta con 54 de estas aeronaves operativas. Estos aparatos requieren ser mantenidos para que puedan volar y cumplir sus misiones, lo que implica tiempos en tierra. Con 14 unidades ¿cuántos aviones realmente estarán operativos? Las horas de vuelo también tienen un costo que, en el caso del F16, según la Rand Corporation, un think tank estadounidense especializado en defensa, es de 25.000 dólares por hora de vuelo. La Fuerza Aérea Argentina (FAA) suele tener parados, por falta de dinero, los IA-63 Pampa, cuyo costo por hora de vuelo ronda los 1.800 dólares. ¿Cómo se van a mantener los F16? Al margen: se compran aviones caza interceptores y no hay alusión a los misiles que deberían emplear como armamento.

No parece haber planificación en la adquisición de 14 cazabombarderos supersónicos F16. En la foto, un F16 de la Fuerza Aérea Holandesa.

-En el Anexo 3 se piden 80 Carl Gustav o FGM 148 Javelin. En ambos casos, se trata de armas portátiles antitanque o antibúnkeres. Pero la similitud termina ahí. El Carl Gustav es un cañón sin retroceso con un proyectil no guiado, mientras que el Javelin es un misil de la clase F&F (fire and forget). Se trata de dos tipos de armas muy distintas que el listado pide en forma alternativa. Lo más llamativo es que el Carl Gustav es sueco, fabricado por la SAAB-Bofors, y la carta es un pedido de armas a Estados Unidos.

-El listado incluye varias decenas de vehículos blindados a rueda M1128 Stryker. Estos blindados pueden desempeñar importantes roles en conflictos bélicos clásicos, pero fueron específicamente concebidos para “guerras de baja intensidad”, como puede ser el combate contrainsurgente o la represión social. De hecho, el Stryker se usa para estas tareas en Afganistán. Este tipo de artefactos podrían ser útiles para la Defensa argentina, sin ninguna otra connotación vinculada a su empleo en la represión interna, pero con un Gobierno que cada día revela más sus deseos de controlar el conflicto social por cualquier medio, las luces de alerta se encienden. La llegada del Stryker también bloquearía definitivamente la asociación de la Argentina con Brasil para participar del proyecto VBTP-MR Guaraní, un rodado blindado coproducido entre el Ejército brasilero e IVECO, ya que parte de sus componentes se producen en la filial argentina de la empresa italiana.

Golpe a la industria

Las adquisiciones de armamento que planea el Gobierno tienen otro costado dañino: algunos de los equipos compiten directamente con desarrollos nacionales y la regla en Defensa es que, cuando algo se adquiere afuera, su competidor local perece. Además del caso del Guaraní, la compra de los 24 T6 Texan II, cinco de los cuales ya fueron efectivamente adquiridos, golpea la industria nacional, porque no lo hace sobre un potencial proyecto de cooperación regional, sino sobre uno de los pocos programas aeronáuticos nacionales desarrollados. El Texan II tiene prestaciones muy similares al entrenador avanzado IA-63 Pampa, que FADEA produce desde la década de 1980. El Texan II es la versión de la norteamericana Beechcraft-Raytheon del PC-9 de la suiza Pilatus, aeronave que compitió con el Pampa en el concurso internacional lanzado por la Fuerza Aérea y la Marina estadounidenses para renovar su flota de aviones de entrenamiento militar a principios de la década de 1990 (JPATS). El Texan II fue el ganador de aquel concurso y el Pampa había calificado para la última etapa de la evaluación, pero la FAA se había asociado en Estados Unidos con Vought, parte del grupo LTV Aerospace, que entró en concurso de acreedores durante el proceso de selección, lo que sacó de competencia al avión argentino.

La compra de 24 T6 Texan II (foto), cinco de los cuales ya fueron efectivamente adquiridos, golpea directamente a la industria nacional.

Algo similar ocurre con la solicitud de la versión de reconocimiento de los aviones C-206 Caravan, que se requiere estén dotados de una cámara giroestabilizada con visión infrarroja de la marca FLIR, cuando la empresa INVAP ya tiene listo y probado un producto similar. Una cámara de este tipo no es un instrumento menor: su precio ronda el millón de dólares.

Retornos y ausencias

Llama la atención que la Armada Argentina (ARA) busque adquirir una decena de T-34 Mentor para entrenamiento, cuando estos aviones fueron dados de baja por la FAA en 2012 por vetustos para comprar los alemanes Grop 120 TP (ver nota al respecto).

En la parafernalia de cosas por comprar también hay una llamativa ausencia de material de importancia para la ARA, ya que la Argentina posee una de las plataformas continentales más extensas del mundo, escenario actual de disputa por sus riquezas ictícolas y petroleras, y su privilegiado acceso a la Antártida, y cuya más importante sección insular mar adentro está ocupada por una potencia extranjera. El listado apenas registra la intención de adquirir dos PC-3 Orion de vigilancia marítima y 24 anfibios blindados de desembarco CR-7A1 RAM, cuya utilidad habría que analizar con detenimiento, entre otros sistemas que no son un aporte significativo a la recuperación de un poder militar naval con capacidad real de disuasión.

La llegada del Stryker bloquearía definitivamente la asociación de la Argentina con Brasil para participar del proyecto VBTP-MR Guaraní.

El listado de Lousteau es un documento del que, además de las objeciones políticas, estratégicas y éticas que puedan realizarse, en lo estrictamente militar no se sabe de qué planificación emerge ni cuál es el diseño de Fuerzas Armadas al que responde. Para peor, si la compra de este armamento se concretase, podría terminar engrosando la deuda externa, como le pasó a los griegos con sus adquisiciones de submarinos y buques militares a Alemania y Francia.

En los problemas del listado de armamento pedido a Estados Unidos se advierte una marcada falta de profesionalismo en su elaboración, la desestimación de las normas de planeamiento y un irresponsable manejo de los recursos públicos. Elementos que habían sido ejes de la gestión de la ex ministra de Defensa Nilda Garré, como el gobierno civil de la defensa y una concepción política que procuraba la autonomía nacional, se desmontan en pos del retorno de la autonomía militar y una neosubordinación a la potencia mundial hegemónica de turno. Esto no solo nos expone a las malas intenciones y a la alienación política de los nostálgicos de la represión y la dependencia, sino también a la improvisación y a la venalidad de los negocios personales.

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