El cambio puede ser tóxico

En la represión desatada por las fuerzas de seguridad nacionales el pasado jueves 14 de diciembre se detectó el uso de gases irritantes vencidos que pueden convertirse en sustancias mortales por la degradación de sus componentes. ¿Qué efectos tiene sobre la salud de las personas la exposición a gases como el lacrimógeno y el pimienta?

Por Carlos de la Vega  
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Agencia TSS – Durante la tarde del 14 de diciembre de 2017, mientras se realizaba el primer intento de la Cámara de Diputados de la Nación de tratar el proyecto de ley de reforma previsional motorizado por el Poder Ejecutivo, en los alrededores del Congreso se vivió una represión como probablemente no haya recuerdos desde el año 2001 o desde la Dictadura militar del período 1976-1983. La Gendarmería, principalmente, pero también la Policía Federal, arremetieron contra la multitud de sindicatos, organizaciones sociales y partidos políticos reunidos para repudiar la reducción de jubilaciones, pensiones y programas sociales como la Asignación Universal por Hijo y las retribuciones a los ex combatientes de Malvinas.

La represión tuvo componentes novedosos, con formaciones cerradas y dinámicas de la Gendarmería para cercar, golpear y detener a personas, tanto en la Plaza de los Dos Congresos como en las calles aledañas. Hubo detenidos que nada tenían que ver con la protesta y diputados agredidos porque intentaban calmar la violencia policial. Escuadrones especiales de la Policía Federal Argentina (PFA) dispararon a mansalva balas de goma y emplearon de manera indiscriminada gases irritantes como el lacrimógeno y el pimienta. Como si fuera poco, la revista Noticias publicó una foto en la que se puede ver una vaina de un proyectil de gas lacrimógeno con fecha de vencimiento de enero de 2011.

Carlos DellaVédova, doctor en Ciencias Químicas, investigador superior del CONICET y director del Centro de Química Inorgánica Prof. Dr. Pedro J. Aymonino, de la Universidad Nacional de La Plata, le dijo a TSS que los gases para control de multitudes “podrían ser considerados como elementos de disuasión si se los empleara como tales, pero si a una persona le arrojan gas pimienta a 10 centímetros de distancia, el hecho pasa a ser algo mucho más grave”. Y agregó: “No sé si las personas que manejan estos elementos tienen una real conciencia de las consecuencias, incluso para ellos, que significa el empleo de estas armas químicas”.

La peligrosidad de lo “no letal”

“Armas no letales” es la designación que engloba a una serie de instrumentos diseñados para causar en el cuerpo humano heridas, irritaciones, dolor, sofocación, fenómenos psíquicos como la desorientación, o ciertos tipos de inmovilización, pero sin consecuencias letales o daños permanentes. Por estas latitudes las más populares son las balas de goma –cuya efectividad para el control de multitudes es cuestionada a nivel internacional y que causaron decenas de heridos durante las protestas en el Congreso, algunos de gravedad– y el gas lacrimógeno, a los que se les añadió últimamente el gas pimienta. Las fuerzas de seguridad son los mayores usuarios de estos elementos, cuyo propósito es lo que eufemísticamente se denomina “control de multitudes”, que en un lenguaje más franco se podría caracterizar como “represión de la protesta social”.

La supuesta no letalidad de estas armas, así como su relativa inocuidad, es más un argumento publicitario de sus fabricantes, vendedores o usuarios, que una realidad. Muy por el contrario, la evidencia muestra lo dañinas que pueden ser para las personas las heridas que ellas provocan. En la revista británica especializada en cuestiones de salud BMC PublicHealth, cinco expertos estadounidenses publicaron en octubre de este año un trabajo sobre las heridas y las muertes causadas por el empleo de gas lacrimógeno y gas pimienta sobre multitudes. Para la investigación relevaron registros de diversas partes del mundo entre enero de 1990 y marzo de 2015, en las cuales se diera cuenta de lesiones provocadas por estas dos sustancias empleadas en el contexto de la represión de manifestaciones públicas.

Fuente: Elaboración propia en base a Rohini J. HAAR, Vincent IACOPINO, Nikhil RANADIVE, Sheri D. WEISER, Madhavi DANDU (2017). “Health impacts of chemical irritants used for crowd control: a systematic review of the injuries and deaths caused by tear gas and pepper spray”, en BMC Public Health, octubre, Londres. Muestra: 9.261 lesiones en 5.131 personas de un total de 5.910 expuesta a estos gases.

Los resultados del informe arrojaron que en el período considerado se registraron 5.910 personas expuestas a gas lacrimógeno o pimienta, de las cuales 5.131 sufrieron heridas a causa de ello, con un total de 9.261 lesiones. Según su gravedad, el 8,7% de las lesiones fueron severas, el 17% moderadas y el 74,2% leves (ver gráfico). Dos de las personas gravemente heridas fallecieron, en ambos casos producto del empleo de gas lacrimógeno. Además, 67 personas sufrieron invalidez permanente de algún tipo, 18 de las cuales resultaron lesionadas por el impacto de los proyectiles con los que se rocían los gases, los que provocaron, sobre todo, ruptura de glóbulos oculares, ceguera y traumatismo cerebral.

El gas lacrimógeno suele esparcirse mediante el empleo de proyectiles autopropulsados (balas de grueso calibre) que, al riesgo propio del agente tóxico, le suman el del posible impacto del vector (proyectil) durante su trayectoria, ya sea por accidente o porque quien lo dispara apunta intencionalmente hacia alguien. En cambio, el gas pimienta se esparce normalmente mediante aerosoles, en donde el elemento de difusión es un gas embotellado junto con el agente, similar a los aerosoles domésticos. Con esa finalidad también se utiliza un spray, en el cual la dispersión del gas se logra por medio de un impulso mecánico que permite exhalar un rocío de gotas, como en los rociadores para plantas.

El gas lacrimógeno suele esparcirse mediante el empleo de proyectiles autopropulsados (balas de grueso calibre) que, al riesgo propio del agente tóxico, le suman el del posible impacto del vector (proyectil) durante su trayectoria, ya sea por accidente o porque quien lo dispara apunta intencionalmente hacia alguien.

El tipo de difusor que se usa no es trivial. El empleo de proyectiles tiende a generar, en términos relativos, más lesiones severas que los otros dos métodos (ver gráfico). Uno de los dos fallecimientos por el uso de estos gases fue consecuencia del impacto de un proyectil de gas lacrimógeno.

Fuente: Elaboración propia en base a Rohini J. HAAR, Vincent IACOPINO, Nikhil RANADIVE, Sheri D. WEISER, Madhavi DANDU (2017). “Health impacts of chemical irritants used for crowd control: a systematic review of the injuries and deaths caused by tear gas and pepper spray”, en BMC Public Health, octubre, Londres. Muestra: Lesiones: Spray, 6.733; aerosol, 2.469; proyectiles, 231. Aunque los proyectiles tienden a causar menos lesiones que los restantes métodos de difusión, provocan un mayor número relativo de lesionados graves.

La peligrosidad del gas lacrimógeno no es la misma que la del gas pimienta (ver gráfico). El porcentaje de lesiones graves sobre el total de las causadas por el primero casi quintuplica (27,9%) a las provocadas por el segundo (6%). Si el gas lacrimógeno es esparcido en lugares cerrados, sus efectos se vuelven todavía más peligrosos. El otro fallecido por este agente que menciona el estudio publicado en BMC PublicHealth fue por una granada de gas lacrimógeno arrojada en el interior de su domicilio. El hecho remite inmediatamente a los proyectiles de este gas dispersados en una estación de la línea A del subterráneo de Buenos Aires el lunes 18 de diciembre de 2017, en momentos en los que se realizaba la segunda sesión de la Cámara de Diputados para aprobar la reforma previsional. El gas liberado afectó a decenas de personas que se encontraban en el lugar y pudo haber terminado en una tragedia de impredecible magnitud.

Fuente: Elaboración propia en base a Rohini J. HAAR, Vincent IACOPINO, Nikhil RANADIVE, Sheri D. WEISER, Madhavi DANDU (2017). “Health impacts of chemical irritants used for crowd control: a systematic review of the injuries and deaths caused by tear gas and pepper spray”, en BMC Public Health, octubre, Londres. Muestra: 1.148 lesiones para CS y 7.156 para OC.

Vencidos y potencialmente mortales

El gas lacrimógeno es conocido técnicamente por sus siglas CS (por clorobenzalmalononitrile). El gas pimienta tiene como acrónimo OC (por oleoresincapsicum). También existen otras variantes, como la vanillilamida de ácido pelargónico y el cloruro de fenacilo (gas CN), de mayor toxicidad que el CS.

En la represión del jueves 14 de diciembre se detectaron vainas de proyectiles disparados de CS con fechas de vencimiento de seis años atrás, lo que genera un plus a la peligrosidad que de por sí ostenta esta sustancia. Los nitrilos cloros sustituidos presentes en el CS se descomponen por el paso del tiempo en cloruro de hidrógeno (HCI), óxidos de nitrógeno y cianuros.

El HCI es un compuesto tóxico y corrosivo. En presencia de humedad genera vapores de ácido clorhídrico, que ataca a la mayor parte de los metales. En el cuerpo humano, su inhalación puede provocar irritación, edema y corrosión de las vías respiratorias. En contacto con la piel genera quemaduras y úlceras y, si alcanza a los ojos, las consecuencias pueden ir desde inflamación o irritación ocular y nasal, hasta la necrosis de la córnea.

En la represión del jueves 14 de diciembre se detectaron vainas de proyectiles disparados de gas lacrimógeno con fecha de vencimiento de seis años atrás, lo que los hace más peligrosos para la salud. La revista Noticias publicó una foto en la que se puede ver una vaina de un proyectil con fecha de vencimiento de enero de 2011. Foto: Revista Noticias.

El contacto con óxidos de nitrógeno en bajo nivel causa irritación de los ojos, la nariz, la garganta y los pulmones, así como sensación de falta de aire, cansancio y náusea. Cuando se respira en grandes cantidades, los efectos son más severos, ya que produce quemaduras, espasmos, dilatación de los tejidos en la garganta y las vías respiratorias superiores, lo que reduce la oxigenación y, en ocasiones, causa acumulación de líquido en los pulmones y la muerte.

La sola mención de que se puede estar expuesto a cianuro no anuncia nada bueno. Si bien algunas modalidades de esta sustancia se degradan rápidamente en contacto con la luz solar, otras, como el cianuro de hidrógeno líquido o gaseoso y las sales alcalinas de cianuro, pueden ingresar al cuerpo humano por inhalación, ingestión o absorción a través de la piel o los ojos. El cianuro es mortal aún en dosis pequeñas: una vez en el organismo, bloquea el mecanismo de aprovechamiento del oxígeno por parte de las células y provoca hipoxia citotóxica (asfixia celular) y un cambio del metabolismo de aerobio a anaerobio, lo que causa acumulación de ácido láctico. La combinación de ambos factores genera fallas masivas en los sistemas vitales del cuerpo.

La degradación del CS no ocurre solo por el paso del tiempo, sino también por las altas temperaturas –en promedio por encima de los 300 grados– situación que puede ocurrir como consecuencia de la detonación del fulminante empleado como propulsor de los proyectiles que lo contienen, le explicó a TSS DellaVédova. El empleo por parte de las fuerzas de seguridad de proyectiles con más de 60 metros de alcance en las últimas protestas hace pensar que este riesgo puede haberse incrementado, dado que para realizar un disparo a mayor distancia se requiere de un propulsante más potente y, por lo tanto, la posible generación de más temperatura. Además, un proyectil de este tipo, con mayor alcance, requiere de una mayor velocidad de salida, lo que implica una energía cinética más elevada que, en caso de impactar contra una persona, puede provocar lesiones más severas.

Según el especialista, estas sustancias, una vez dispersadas, “no solo se dirigen hacia las personas a las que están destinadas, sino que afectan a toda la población y a todos los seres vivos, incluso las propias fuerzas de seguridad”. Esta situación quedó ejemplificada el lunes 18 de diciembre, cuando un cambio de viento en la Plaza de los Dos Congresos trajo la nube de gas lacrimógeno contra los policías que disparaban los gases.

Las afirmaciones de DellaVédova se refieren al empleo de estos gases cuando se encuentran en el debido estado de conservación, pero el uso de material vencido implicaría riesgos mucho mayores. “Se empodera a gente y no se le da la preparación adecuada”, dijo el especialista en alusión a la capacitación de las fuerzas de seguridad y la aparente ausencia de protocolos adecuados para la disposición y empleo del armamento. TSS consultó a las autoridades del Ministerio de Seguridad y de Gendarmería sobre este tema, pero no se obtuvo respuesta.

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