El modelo Max Planck

La Sociedad Max Planck es una de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo y tiene una estructura de trabajo singular, integrada por 83 centros de investigación en Alemania y diversos países. El director de la oficina de enlace con América Latina habló con TSS sobre la estrategia de esta institución surgida tras la Segunda Guerra Mundial y sobre las razones que los llevaron a instalar en Buenos Aires una sede para ampliar sus vínculos con la región.

Por Carlos de la Vega  
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Agencia TSS —La Sociedad Max Planck es un sistema integrado por 83 institutos de investigación en Alemania y otros países. Cada uno se especializa en áreas científicas de vanguardia con un alto contenido de interdisciplinariedad: desde astrofísica gravitacional, biología del envejecimiento y neurobiología del comportamiento hasta derecho de transición comparado y antropología paleogenética. Fundada en 1948, sobre la base de la Sociedad para las Ciencias del Kaiser Guillermo que había visto la luz en 1911 y con el nombre de quien fue el padre de la teoría cuántica, la Sociedad Max Planck es una de las entidades científicas con mayor prestigio en el mundo. Cuenta 18 premios Nobel en su haber y de sus investigaciones salen cerca de quince mil publicaciones anuales en revistas científicas internacionales.

La organización de la Max Planck es bastante diferente de la que tienen las instituciones científicas habituales en América Latina. Su objetivo está centrado exclusivamente en la investigación básica, para lo cual recluta en todo el mundo a los mejores investigadores. Está constituida por institutos independientes entre sí, pero que, a la vez, responden a una conducción unificada. Todo el sistema es financiado en un 50% por el Gobierno Federal de Alemania y el resto por los estados regionales germanos (länders), con hasta un 5% proveniente de aportes privados o recursos obtenidos de las propias actividades de los institutos.

La dinámica de trabajo dentro de la Max Planck es sumamente flexible. Cada director de instituto determina los temas de investigación, dispone de su presupuesto y contrata al personal que precisa. Los institutos y sus departamentos pueden ser creados o cerrados en función del surgimiento o finalización de los objetivos científicos planteados. Los investigadores principales forman grupos de investigación constituidos por estudiantes de doctorado y posdoctorado, cuyos contratos de estadía en los institutos pueden variar de dos a cinco años. Cerca del 60% de los doctorandos provienen de fuera de Alemania y esa cifra llega al 80% en los posdoctorandos.

La capacidad de cooperación internacional de la Max Planck es otro de sus rasgos distintivos. La institución promueve que los mejores investigadores extranjeros que pasaron por allí vuelvan a sus países de origen y formen nuevos grupos de trabajo que permanezcan vinculados con los de Alemania. Además, en muchos casos, apoya financieramente a esos equipos. En todo el mundo, la Max Planck posee 5 institutos y 16 centros mixtos, más dos institutos asociados. Uno solo de ellos está en América Latina: el Instituto de Investigaciones en Biomedicina de Buenos Aires (IBIOBA), perteneciente al CONICET. Se trata de un eslabón del fuerte vínculo que la entidad germana posee con la Argentina y que la llevó a abrir en Buenos Aires, en septiembre de 2013, la sede de su oficina de enlace con América Latina, actualmente bajo la dirección de Andreas Trepte.

La Max Planck es una sociedad privada, pero financiada con recursos públicos. “Esa forma privada y el uso de fondos públicos forman una muy buena simbiosis para nuestra misión, que es hacer investigación básica para avanzar en las fronteras de la ciencia”, explica Trepte a TSS. Las reglas del financiamiento de la entidad se definieron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania se encontraba devastada. Sin embargo, desde entonces se han mantenido prácticamente inalterables, lo que le permite contar con un presupuesto significativo y una relevante planta de personal.

Fuente: Oficina de Enlace para América Latina de la Sociedad Max Planck.

“Para alcanzar los logros que ostenta la Max Planck ha sido fundamental el financiamiento adecuado y la estabilidad, tanto institucional como económica, a lo largo del tiempo”, dice Trepte. No obstante, en circunstancias adversas, la entidad podría cerrar departamentos o cancelar áreas de trabajo antes de reducir el nivel de recursos adecuados en sus institutos.

Mundos distintos, dinámicas diferentes

Los vínculos de cooperación internacional más fuertes que posee la Max Planck son con entidades en países europeos, Estados Unidos y Japón. “La cooperación funciona mejor entre instituciones que son bastante autónomas y disponen de fondos libres”, señala Trepte y agrega: “El problema, en América Latina, es que las instituciones de investigación y las universidades poseen un financiamiento básico, para el personal y para gastos corrientes, pero el rector no tiene autonomía para priorizar un programa de investigación de su universidad”.

Uno de los problemas que Trepte considera relevante en lo que hace a investigación y desarrollo en América Latina es la preponderancia de la enseñanza en las universidades y la escasa cantidad de institutos, por fuera o dentro de ellas, dedicados a investigaciones de punta. “Hace 100 años se fundó la Max Planck en un sistema que era como el de América Latina comenta, dominado por las universidades. Entonces, apareció la idea de cómo podríamos acelerar el desarrollo de la ciencia y la tecnología. La respuesta fue: ‘Fundemos institutos’. Seleccionamos a los mejores científicos y les ofrecimos la posibilidad de dedicar el 100% de su tiempo a la investigación”.

Fuente: Oficina de Enlace para América Latina de la Sociedad Max Planck.

En Alemania se da una combinación de universidades muy autónomas con asociaciones de institutos no universitarios muy fuertes. Aquellas, a su vez, tienen mucho más poder que sus homólogas latinoamericanas, ya que pueden contratar personal científico de forma temporaria y los puestos fijos son limitados y se tarda más en acceder a ellos a lo largo de la vida profesional de un investigador. Claro que esta potencial inestabilidad laboral se ve compensada por la existencia de múltiples instituciones, tanto a nivel federal como de los länders, junto con un vasto y diversificado sector privado interesado en hacer ciencia y tecnología, lo que multiplica las posibilidades de trabajo para los investigadores.

Trepte reconoce que estas diferencias pueden generar ideas engañosas sobre lo que es mejor para diferentes países. “Si uno hace comparaciones sin conocer el funcionamiento interno [del sistema], podría llegar a conclusiones muy falsas…Vivimos sincrónicamente en el año 2017, pero, considerando el desarrollo de la institucionalidad, hay una asincronía de 50 a 100 años”, reflexiona.

El 26 de abril pasado, Andreas Trepte brindó en la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (FAMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) una presentación sobre las posibilidades que ofrecen los institutos Max Planck para los jóvenes investigadores locales.

¿Por qué la Argentina?

No obstante las dificultades, el trabajo con América Latina es de gran interés para la Max Planck y la Argentina tiene un papel relevante, entre otras razones, gracias a una larga tradición de trabajo conjunto entre ambos países en materia científica y académica que se remonta a la década de 1920, con los estudios de derecho comparado.

Los deseos de cooperar con los institutos de la Max Planck se han difundido a otras naciones de la región. Sin embargo, el desafío es volver sustentables esas iniciativas. “Estamos hablando de cinco años o más menciona Trepte, en referencia al horizonte temporal de cualquier proyecto científico —, una perspectiva que no es común en América Latina. El financiamiento máximo suele ser a tres años, porque después de cuatro cambia el Gobierno, el jefe de la agencia y, posiblemente, la política de la agencia”.

Los modos de la cooperación, y las dificultades que surgen en cada caso, no son los mismos en los diversos países de la región. En la Argentina ya se va por el cuarto concurso de Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) conjunto entre la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y la Max Planck. También hay cinco grupos de investigación en cooperación activos en diferentes institutos (ver gráfico), y están en formación nuevos grupos en física y en materiales.

Si estas son las fortalezas de la Argentina, entre las debilidades estaría el hecho de que muchas universidades han delegado la investigación en el CONICET, que gasta hoy casi el 85% de su presupuesto en personal. De esta manera, el sistema es más vulnerable y menos flexible, y limita las iniciativas propias de sus mejores científicos.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Oficina de Enlace para América Latina de la Sociedad Max Planck.

En Chile, el fuerte de la cooperación hasta ahora ha sido en astronomía, pero lentamente se van abriendo nuevos campos de estudio conjunto. Con Brasil, a pesar de su magnitud y de los recursos que solía invertir en ciencia y tecnología hasta los recientes recortes presupuestarios, existen líneas de cooperación, pero también muchas dificultades dado su complejo e inestable entramado institucional. A la fecha, la Fundación para la Promoción de la Ciencia del Estado de San Pablo (FAPESP) realizará por primera vez una convocatoria para grupos tándem con institutos Max Planck.

La cooperación con Colombia es la que se desarrolló más rápidamente en los últimos años. Se establecieron siete grupos tándem con institutos Max Planck y la mayoría se concentra en el potencial terapéutico de la biodiversidad y la investigación de enfermedades infecciosas.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Oficina de Enlace para América Latina de la Sociedad Max Planck. MPG: Sociedad Max Planck. IMP: Institutos Max Planck.

En México, recién ahora empiezan a establecerse lazos más fuertes dado que existía un problema histórico para ello. La Max Planck, en general, no contrata científicos por períodos largos y fomenta que quienes pasan por sus institutos retornen a sus países de origen, pero México no ofrecía programas de reinserción que resultaran para sus propios investigadores, por lo que muchos de ellos no deseaban regresar. En los últimos tiempos, esta situación se ha modificado en parte y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) mexicano habilitó un programa (Cátedras CONACYT) para insertar en universidades e institutos de investigación a jóvenes científicos que regresen a ese país tras estancias en el exterior. La Max Planck está trabajando en la constitución de cátedras CONACyT-Max Planck, que brindan un horizonte de cinco años de trabajo en México para quienes vuelven a su país de origen. “En ese sentido, el programa RAICES, de la Argentina, es un modelo”, señala Trepte.

Que la Sociedad Max Planck haya elegido a la Argentina como base para su proyección latinoamericana pone de relieve la importancia del desarrollo científico alcanzado en el país durante los últimos años. También brinda la oportunidad de conocer otras formas de organizar la generación de conocimientos, no para copiarlas, sino para estimular la creatividad y exponernos a perspectivas diferentes.

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