En el camino al desarrollo no sobran científicos

Los recortes a la inversión en ciencia y tecnología, implementados por los mismos funcionarios que sostuvieron esas políticas durante el Gobierno anterior, son parte de un proyecto de país que va a contramano de la apuesta al conocimiento que le permitió progresar a otras naciones.

Por Carlos de la Vega  
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Agencia TSS – En 1957, Arturo Jauretche publicaba por primera vez Los profetas del odio, obra que, con los años, devendría en un clásico y en la que se desmenuzaba y denunciaba la alienación destructiva de los intelectuales que habían acompañado y promovido el derrocamiento de Perón y la proscripción de todo lo que tuviera que ver con lo popular. El “colonialismo económico”, pero sobre todo el “mental”, eran las categorías centrales que Jauretche empleaba para explicar por qué hombres instruidos, con prestigio y admiradores de los éxitos del “mundo desarrollado” no escatimaban esfuerzo, y llegaban incluso a la apología del crimen, para retener a su patria en el atraso, la injusticia y la miseria, no solo material, sino principalmente moral.

Las recientes manifestaciones del presidente Mauricio Macri y del titular del CONICET, Alejandro Ceccatto, reactualizan el pasado opresivo, cínico y decadente en el que la Argentina recae periódicamente.

Del aire acondicionado a la herencia propia

En la Jornada Nacional de Ahorro y Eficiencia Energética, el jueves 15 de diciembre, Macri manifestó que “el aire acondicionado es de los elementos más disruptivos que ha venido a integrarse a este cóctel explosivo y siniestro que inventó el Gobierno anterior y que hay que corregir…”. Las expresiones del primer mandatario no buscaban tanto la pedagogía del uso responsable de la tecnología como la continuidad con la sociología de Javier González Fraga, excandidato a vicepresidente por el Partido Radical, para quien una de las afrentas más grandes del kirchnerismo fue hacerle creer “a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”.

Lo de Ceccatto, en cambio, fue más ameno. No se podía esperar menos de este doctor en Física con estudios posdoctorales en la Universidad de Köln (Alemania) y en Stanford (Estados Unidos), secretario de Articulación Científico Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT) en tiempos de Cristina Fernández y titular del CONICET en los de Macri. Entrevistado el lunes 12 de diciembre de 2016 por los periodistas Marcelo Zlotogwiazda y Claudio Martínez en el programa de televisión Desafío 20.16, del canal C5N, sus respuestas fueron un mapa revelador de la sustancia moral e intelectual del reformateo social que pretende llevar a cabo la alianza Cambiemos en la Argentina.

“Yo no fui el responsable de hacer el plan, no estaba en mi secretaría”, se desentendió el titular del CONICET, Alejandro Ceccatto.

Desde el inicio de la entrevista, Ceccatto dejó bien en claro de qué lado de la verdad se situaría. En materia presupuestaria afirmó que la institución que preside tendrá un incremento del 44% para el año que viene, omitiendo el detalle del 41% de inflación de este año, lo que acota el aumento real a un 3%. Al referirse a la reducción de ingresantes a la carrera de investigador, manifestó que “no vale la pena discutir 100 más o 100 menos”, cuando el recorte en cuestión es del 60%, de 943 en 2015 a 385 este año.

Martínez le recordó a Ceccatto que con esa disminución se dejaba de lado un objetivo central del Plan Argentina Innovadora 2020 (PAI 2020), puesto en vigencia en 2013, que consistía en aumentar un 10% anual el número de investigadores hasta el año 2020. Ceccattorespondió: “Yo no tengo registro que el Plan diga específicamente 10 % de incremento”. Zlotogwiazda le leyó un párrafo del mencionado plan en el quetextualmente decía lo que negaba el presidente del CONICET. El diálogo continuó y los periodistas mencionaron que aquel objetivo tenía como propósito que la Argentina llegara al año 2020 con cinco investigadores cada 1.000 integrantes de la población económicamente activa (PEA). Ceccatto contestó: “Me parece irreal llevar a cinco investigadores cada 1.000 integrantes de la población económicamente activa, cuando es la media de Europa y estamos incluyendo el sector público y privado”. En resumen: no correspondería que avancemos hacia lo que tiene un país desarrollado.

Posteriormente, Ceccatto manifestó: “Creo que era un número excesivo de gente el que ingresaba al CONICET. No se puede incorporar gente sin tener un plan estratégico que diga para qué se incorpora”. La indolencia del presidente del CONICET para la lectura de los documentos oficiales de un Gobierno que integró le jugó otra mala pasada al dejar de lado lo atinente a los Núcleos Socio Productivos Estratégicos (NSPE) del PAI 2020.

Ceccatto también se despachó contra la cultura interna del organismo que conduce al criticar una forma de trabajo de los investigadores que privilegia metodologías y áreas disciplinares con poca utilidad social, “gente que persigue el conocimiento en términos abstractos, guiado por su curiosidad”, afirmó, motivo por el cual no se puede permitir que siga creciendo esa comunidad. En esto, Ceccatto intenta construir una mentira a partir de una verdad recortada. La cultura que menciona existe y es un problema que él tenía la misión de comenzar a corregir durante su gestión como secretario, de la que poco se hizo. Sin embargo, identifica mal las causas, ya que no es la curiosidad malsana de los científicos la razón de esta cultura, sino los condicionamientos que generó un país que, hasta 2003, venía de décadas sin inversión en ciencia y tecnología ni políticas de desarrollo, lo que desincentivaba la generación de conocimientos vinculados con la solución de problemas concretos de la sociedad.

“Yo no fui el responsable de hacer el plan, no estaba en mi secretaría”, se desentendió el titular del CONICET en alusión a la gestora del PAI 2020, su antigua colega ministerial Ruth Ladenheim, secretaria de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, también en tiempos de Cristina Fernández.

“No hay ningún país que con un 30% de pobreza esté aumentando el número de investigadores como lo está haciendo la Argentina”, sostuvo Barañao.

Barañao, la pobreza y la imprudencia coreana

El ministro más “probo” del kirchnerismo, el único que fue digno de pasar de una administración a otra, expresó días atrás: “No hay ningún país que con un 30% de pobreza esté aumentando el número de investigadores como lo está haciendo la Argentina”. A saber, un país con muchas necesidades básicas insatisfechas no se puede dar el lujo de malgastar sus recursos en esas curiosidades de unos pocos. El razonamiento de Barañao pondría a los planificadores coreanos (los del sur) en serios aprietos, ya que ellos hicieron exactamente lo contrario para lograr uno de los éxitos de desarrollo tardío más resonantes de los últimos tiempos. Corea pasó en poco más de tres décadas de ser uno de los países más pobres del sudeste asiático a uno de los más ricos del planeta y, por lo que indican las evidencias, se comportó exactamente al revés de lo que Barañao afirma.

En 1975, el producto bruto interno (PBI) per cápita coreano (medido en dólares) era casi un tercio del argentino (ver gráfico 1). De ahí en más, fue achicando la brecha con la Argentina, pero recién en 1990 lo superó y para el año 2003 ya era cerca de cinco veces mayor. Posteriormente, la distancia se moderaría un poco.

Fuente: Elaboración propia en base a: PBI per capita, Banco Mundial Inversión I+D/PBI de Argentina, Banco Mundial y MINCYT Argentina. Inversión I+D/PBI de Corea del Sur: CHUNG, Sungchul (2007), Excelsior: The Korean Innovation Story, en “Issues in Science and Technology”, volumen XXIV, 1, otoño, Universidad de Texas en Dallas; y Banco Mundial.

Entre 1975 y 1985, el promedio de los argentinos todavía era más “rico” que el promedio de los coreanos. Pero Corea pasó de una inversión en investigación y desarrollo (I+D) del 0,42% al 1,58% del PBI. Así, a mediados de los ochenta, siendo más pobre que la Argentina, Corea ya había alcanzado un porcentaje de su PBI dedicado a I+D que era más del doble que el invertido por la Argentina durante este año (0,71% del PBI). El consenso casi unánime de los expertos internacionales en desarrollo es que el “milagro” coreano se gestó, en gran parte, gracias a esta política que privilegió la ciencia y la tecnología.

¿Qué pasó con la cantidad de investigadores que tanto preocupa a Ceccatto? Si bien en este caso los datos son más recientes, en los últimos 20 años Corea ha sostenido una política constante de incremento de sus investigadores (ver gráfico 2) y ha elevado en un 240% dicho número entre 1998 y 2014. Mientras tanto, la Argentina, a pesar del fuerte impulso al área de ciencia y tecnología en la última década, solo ha logrado incrementar en un 71% su plantel de personas dedicadas a I+D. O los coreanos son grandes dilapidadores y cultivadores del clientelismo científico o Ceccatto ha cambiado el modelo de país para el cual trabaja y todavía no terminó de avisar.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Mundial.

La miseria dignifica

El 12 de enero de 2016, en el ciclo“Conversaciones” del diario La Nación, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, le explicó al periodista Carlos Pagni que los salarios argentinos históricamente han estado por encima de la media de América Latina y que ahora hay que tener “el mismo nivel de competitividad del resto de los países de la región”. O sea, no se busca ir hacia mayores niveles de bienestar, sino hacia las realidades de las zonas más postergadas de nuestro continente.

Entre las expresiones de Macri, Ceccatto, Barañao y Triaca existe una lógica coherente que tiene muchos otros ejemplos en el pasado y el presente argentino: naturalizar a la pobreza como status quo de la sociedad argentina. En 1977, Rodolfo Walsh, en su carta abierta a la Junta Militar, mencionaba que, peor que los crímenes de la Dictadura, de por sí abundantes y atroces, era la miseria planificada para millones de seres humanos.

El discurso actual busca convencer al pueblo que ciertas comodidades o, más bien, la satisfacción de necesidades legítimas, son lujos dispendiosos, o que poner esfuerzos para superar las carencias del presente representa un gasto malsano. Se pretende, así, legitimar una “sociedad de castas”, compuesta por un amplio grupo de excluidos que deben resignarse a sufrir angustias y privaciones, y un núcleo de incluidos, para quienes la “austeridad” impuesta a los primeros no corre. Una sociedad así, difícilmente tendrá lugar para el saber y sus aplicaciones. No deja de resultar sorprendente que investigadores doctorados y prestigiosos hayan permitido la colonización de sus almas al punto de volverse profetas del culto inverso al que profesaban hasta hace doce meses.

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