Energía de la caña desechada

En el INTI de Tucumán diseñaron un proceso para transformar los residuos de caña de azúcar en pellets que pueden ser usados como combustible. Así, logran evitar el daño ambiental que genera su incineración y sumarle valor a la cosecha, una práctica que podría extenderse a otros cultivos como maní, algodón y yerba mate.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS — Investigadores del área de Valorización de Recursos Biomásicos en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) de Tucumán diseñaron un proceso para transformar en combustible los restos que quedan tras la cosecha de la caña de azúcar.

Este residuo, que consiste en las hojas y la parte superior y más fina de la caña, queda en el campo y suele ser quemado por los productores para permitir el rebrote de las plantaciones, lo que genera contaminación ambiental por la gran cantidad de humo y hollín que afecta a las poblaciones cercanas.

El proceso industrial desarrollado por el INTI comenzó a hacerse con una maquinaria que se usa para hacer pellets de alimento balanceado de ganado. Gracias a su conversión en pellets, los restos de caña pueden ser vendidos como combustible, tanto para el mercado residencial como para el industrial, y pueden ser utilizados en calderas preparadas para ese fin.

Los ingenios azucareros ya utilizaban como combustible el bagazo fibras de la caña de azúcar que quedan una vez que ya se obtuvo el jugo necesario para la producción—, pero los productores más pequeños no contaban con la tecnología necesaria para poder aprovechar los residuos de la caña.

El peletizado de residuos de actividades agroindustriales es una práctica común en muchos lugares del mundo y la Argentina tiene un gran potencial todavía no explotado.

El “peletizado” es un sistema en el que primero se prepara el residuo, se lo lleva a las condiciones de humedad y granulometría necesarias, y finalmente se lo termocomprime. Los pellets son muy usados en calderas y sistemas de calefacción de alimentación continua que funcionan de manera automática en lugares donde es difícil acceder a otros combustibles.

El ingeniero responsable del proyecto, Guillermo Martínez Pulido, habló con TSS y explicó sobre el desarrollo realizado por el INTI: “Nosotros podemos recogerlo y usarlo para la generación de un combustible homogéneo con buenas aptitudes para el transporte, ya que es más denso y ocupa menos volumen que otros, y que se pueda almacenar durante el año sin degradarse”.

En el ensayo que hicieron los investigadores del INTI Tucumán se recolectó el residuo seis días después de la cosecha de caña, por lo que ya contaba con una humedad menor al 15 %, gracias al secado natural al sol, aunque este plazo puede variar según las condiciones del tiempo. Posteriormente, el residuo fue enrollado y enfardado para ser transportado hasta la fábrica de Santa Fe donde se hizo el peletizado.

Este residuo también puede usarse como combustible sin procesar, aunque tiene un volumen demasiado grande como para ser comercializado de esa manera y, de almacenarse enrollado, puede retener una cantidad de humedad que en el mediano plazo llevaría a que se pudra.

Los pellets son muy usados en calderas y sistemas de calefacción de alimentación continua.

Potencial sin explotar

La técnica de peletizado varía en función de la materia prima que se quiera utilizar, ya que no funciona igual para alimento balanceado basado en maíz, soja o materiales aceitosos, que con materia de origen forestal como aserrín u hojas. Actualmente, en el INTI trabajan para encontrar las máquinas más adecuadas para cada material y en la forma en que los productores podrían acceder a ellas.

El peletizado de residuos de actividades agroindustriales es una práctica común en muchos lugares del mundo y la Argentina tiene un gran potencial todavía no explotado. El INTI trabaja desde 2010 a través de la Red de Biomasaen el estudio de distintos cultivos y residuos de las actividades forestales, de la industria arrocera y del algodón, de la yerba mate y la cáscara de maní. La mayoría de estas actividades tienen grandes volúmenes de residuos que hasta el día de hoy prácticamente no se utilizan y que implicarían un ingreso adicional que podría ser de gran ayuda para los pequeños productores.

Martínez Pulido explica: “Los productores serían los principales beneficiarios de esto porque el residuo que queda en el campo es de ellos. Por lo tanto, en caso de que se pudieran juntar en cooperativas y peletizarlo, tendrían un nuevo producto para vender. Hoy su realidad es que viven al día y no tienen una espalda como para poder afrontar solos un proyecto de este tipo, por lo que sería necesario un acompañamiento del Estado. Nosotros validamos la tecnología que existe en el país y encontramos que es un proceso factible”.

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