Ferias de ciencias contra el ajuste

En una jornada de paro, los investigadores volvieron a reclamar por los recortes en el sector. Esta vez lo hicieron a través de ferias de ciencias que se desplegaron en diversos lugares de la Argentina, en las que dieron a conocer su trabajo.

Por Vanina Lombardi  
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Agencia TSS – El primer día de marzo presentó imágenes contrapuestas en el Congreso Nacional. Adentro, el presidente Mauricio Macri iniciaba las sesiones ordinarias. Afuera, las avenidas valladas no lograban impedir del todo el paso de manifestantes de diversos sectores que se acercaban para expresar sus reclamos: empleados de Atanor despedidos por el cierre de la empresa, trabajadores de Artes Gráficas Rioplatenses (AGR) que exigían recuperar sus puestos de trabajo y docentes que marchaban por un mejor salario. Entre ellos, también, científicos e investigadores preocupados por el rumbo que tomó la política científica de la Argentina, que no resultaba ajena ni tan diferente de las problemáticas planteadas por el resto de los manifestantes.

“Es una feria nacional que se da en el marco de un paro de ATE-CONICET, para que podamos movilizarnos a los diferentes puntos del país en contra del ajuste en ciencia y tecnología, pero también con la idea de hacer una alianza con otros sectores de la clase trabajadora, porque este ajuste se da también en los docentes y en las empresas, no somos una isla”, le dijo a TSS Mariela Díaz, doctora en Ciencias Sociales e investigadora del CONICET. Díaz es integrante de la Red Federal de Afectados del CONICET en la Ciudad de Buenos Aires y participó de la feria frente al Congreso, junto con investigadores de diversos centros e institutos, con más de treinta puestos y posters en los que mostraron su trabajo.

La apertura de las sesiones en el Congreso Nacional no generó interés en la población. Entre calles despobladas por el vallado policial, se destacó la presencia de los investigadores en la plaza.

“La feria es también una forma de protesta frente a los dichos del ministro Lino Barañao, que llegó a afirmar que queríamos ingresar al CONICET solo para tener un salario, desmereciendo nuestro trabajo”, agregó Andrés Stagnaro, en referencia a la actividad que desarrollaron a un costado de la Plaza San Martín, en La Plata, y dijo que, en esa ciudad, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) “salió a mostrar lo que se hace allí: hubo muestras interactivas orientadas a públicos específicos, como observaciones astronómicas, procesamiento de pilas y hasta charlas sobre detección temprana de ACV por medio de una aplicación de celular”, explicó.

Las actividades se replicaron en diversas ciudades de todo el país. En Misiones, las actividades fueron en Posadas e Iguazú. En la capital provincial, el lugar de encuentro fue la vereda del Comité Ejecutivo de Desarrollo e Innovación Tecnológica (CEDIT), que es el organismo provincial de investigación. “En enero hubo despidos y el organismo hace siete meses que no le paga a sus becarios”, dijo Natalia Sotelo, doctora en Bioquímica del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de Misiones (UNAM).

En Rosario, los científicos también salieron a la calle para reclamar por el ajuste y mostrar lo que hacen.

En San Juan, en cambio, las sesiones legislativas comenzarán el mes que viene. Por eso, allí adhirieron al paro nacional con una lavada de platos simbólica en la intersección de dos peatonales del microcentro de la capital provincial. “En abril haremos una feria de ciencias para explicar nuestras demandas a los legisladores y a la sociedad. Parecía que San Juan iba camino a constituirse en un polo científico, y lo que está pasando ahora ha dejado al borde del desmantelamiento y el empobrecimiento a líneas de investigación, equipos y laboratorios; por eso, la idea es mostrar los frutos de nuestro trabajo y lo importante de que continuemos haciéndolo”, afirmó Victor Algañaraz, delegado por San Juan de la Red Federal de Afectados e investigador del Instituto de Investigaciones Socioeconómicas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan.

Lo que sirve y lo que no

“Esta feria es una forma de mostrarle a la sociedad qué es lo que hacemos y poder romper con este discurso del macrismo que señala que, si no son ciencias aplicadas, no sirven”, dijo Díaz, en referencia a la campaña de desprestigio hacia los investigadores que se inició hace algunos meses en las redes sociales.

Ivana Ozan, que es becaria posdoctoral del CONICET y trabaja en el Instituto de Geociencias Básicas, Aplicadas y Ambientales de Buenos Aires (IGEBA), dijo que se acercó a la plaza del Congreso con colegas de antropología e historia no solo porque adhiere a los reclamos presupuestarios, sino también “para estar cara a cara con la gente y contarle lo que hacemos, porque ningún investigador encara una carrera de esta naturaleza si no tiene vocación y pasión por lo que hace”.

La idea de ciencia “útil” versus la supuesta inutilidad de otras disciplinas se puede ver entre líneas en la decisión de la última reunión del Directorio del CONICET, en la que se abrió la nueva convocatoria a carrera de investigador científico para este año –algo que debería haber ocurrido a fines del año pasado–, pero con algunos cambios que generaron preocupación en la comunidad científica, no solo porque anunciaron que nuevamente el cupo será para poco más de 500 investigadores. Además, establece limitaciones sobre los temas a investigar, ya que indica que se destinarán la mitad de esas vacantes a “temas estratégicos”, lo que dejará en desventaja a ciertas ramas del conocimiento.

Los investigadores no solo reclaman por los recortes que limitan los ingresos al CONICET, sino también por los cambios en la política nacional de ciencia y tecnología, que afectan a líneas de trabajo que pueden verse interrumpidas por falta de financiamiento.

“Desde mi perspectiva como representante de las Ciencias Sociales y Humanidades del Directorio del CONICET es algo que no se puede aceptar, porque quiere decir que este espectro de la ciencia quedará limitado en la incorporación de investigaciones”, le dijo a TSS Dora Barrancos, la única integrante del Directorio que se opuso a la convocatoria “en los términos en que está planteada”.

Barrancos también se manifestó preocupada porque esta convocatoria se superponga con los más de 400 ingresantes que el año pasado fueron seleccionados pero quedaron afuera “y todavía están en vilo”, tras haberse llegado a un acuerdo provisorio posterior a las jornadas de protesta que culminaron con la toma del MINCYT en vísperas de las fiestas de fin de año. “Es imposible aceptar el nuevo llamado sin reclamar un aumento presupuestario y el Directorio tiene la obligación de plantearlo porque es un órgano de gobierno autárquico”, agregó Barrancos.

“Para poder llevar adelante nuestros proyectos dependemos del presupuesto y de la política científica del país. Lo que está pasando compromete a generaciones, porque los científicos que no se forman hoy son científicos que no habrá mañana”, dijo Mariana Marcos, investigadora del CONICET en el Instituto Gino Germani de la UBA, durante la feria frente al Congreso. Y agregó: “Ya vemos pequeños cambios en la micropolítica del Ministerio: empiezan a poner restricciones en cuanto a qué temas son más relevantes o cuáles son las condiciones para pedir un subsidio de investigación. Por ejemplo, apareció una cláusula que impide pedir financiamiento si ya se tiene algún otro previo”.

El titular del MINCYT, Lino Barañao, es criticado por implementar políticas que criticó en el pasado.

En Salta, Juan Ignacio Areta, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Bio y Geociencias del Noroeste Argentino (IBIGEO), fue uno de los científicos que repartió volantes frente a la Legislatura provincial debido a la preocupación por la reducción de ingresos a la carrera de investigador y la decisión de concentrar recursos en los temas estratégicos definidos por el MINCYT. “Nos parece una exageración, dado que, en general, no hay tantos investigadores que puedan cubrir esos temas y esto irá en detrimento de las ciencias básicas. ¿Cómo vamos a hacer ciencia aplicada si no tenemos una ciencia básica sólida?, se preguntó Areta, quien además dirige el Laboratorio de Ecología, Comportamiento y Sonidos Naturales (ECOSON).

“Dividir ciencia básica y aplicada es anacrónico, es del siglo XIX. No hay ciencia aplicada sin ciencia básica detrás. ¿Cuál es la utilidad de un descubrimiento nuevo, de un sistema solar que parece extraordinario, con siete planetas? ¿Para qué sirve? Es absurdo plantearlo en esos términos”, concluye Barrancos.

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