Fertilizante natural con desechos de maíz

Investigadores de la Universidad Nacional del Litoral desarrollaron un fertilizante rico en nutrientes a partir de un residuo de la producción de maíz. Este producto permite disminuir costos, agregar valor a un efluente que suele ser un problema para los productores y reducir el uso de productos químicos.

Por Nadia Luna  
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Agencia TSS – La ciudad santafesina de Esperanza, fundada en 1856, tiene el privilegio de ser la primera colonia agrícola del país. Con poco más de 40.000 habitantes, está situada justo en el corazón geográfico de la provincia y sigue siendo una zona de intensa actividad agropecuaria. Eso implica también el uso de grandes cantidades de fertilizantes, muchos de ellos agroquímicos, que provocan degradación de los suelos y daños a la salud y al medioambiente.

Investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (FCA-UNL), junto con la empresa Glutal, de Esperanza, desarrollaron un fertilizante natural a partir del líquido de maceración de maíz. Este efluente es el resultado de la molienda húmeda de este cereal y suele ser un problema para las empresas, que deben afrontar altos costos para darle una disposición final segura. El objetivo es agregar valor a un desecho abundante y reemplazar el uso de fertilizantes químicos con un fertilizante rico en nutrientes, como fósforo, nitrógeno, azufre y potasio.

“Los fertilizantes ricos en fósforo que se usan habitualmente son importados, por lo que lograr productos nuevos y naturales que puedan sustituirlos tiene una relevancia importante para el país”, le dijo a TSS la ingeniera agrónoma Silvia Imhoff, investigadora del CONICET en la FCA-UNL y coordinadora del proyecto. La idea surgió por parte de Glutal, empresa que se dedica a la molienda húmeda de maíz para la obtención de ingredientes de uso alimenticio, farmacéutico e industrial, y para productos para nutrición animal. Ambas partes concursaron y obtuvieron un subsidio del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Provincia de Santa Fe.

El proceso completo lleva de siete a diez días, según las características del tipo de maíz que se utilice.

La empresa aportó la materia prima y el equipo de investigadores se encargó de realizar diversos estudios para evaluar el poder fertilizante del efluente, sus efectos sobre el suelo y las emisiones de gas de efecto invernadero que se puedan derivar de su aplicación. El proceso para transformar el líquido de desecho en un fertilizante comienza con la llegada del maíz a los silos de la empresa, donde se realiza el proceso de molienda húmeda, durante el cual el maíz queda en remojo durante cinco días.

“En este punto, la empresa adicionaba un producto para facilitar la remoción del pericarpio, que es la cáscara que cubre el maíz, para hacer el procesamiento del grano. Ese residuo, más una parte de lo que está adentro del grano, que es rico proteínas, queda en el agua y es el efluente que utilizamos. Hicimos estudios del líquido y fue necesario que la empresa cambie el producto que le adicionaba durante el proceso del tratamiento para que el líquido de maceración tenga las condiciones necesarias para ser aplicado en el suelo”, contó Imhoff.

Después de los cinco días de remojo, el líquido pasa a unos piletones donde se realiza un proceso que termina de disolver los restos del pericarpio y ahí está listo para ser aplicado en el campo. El proceso completo lleva de siete a diez días, según las características del tipo de maíz que se utilice. “Es un insumo natural porque no tiene otro compuesto incorporado. Lo que la empresa utiliza durante el tratamiento queda diluido al final y sirve para reforzar la composición de ese líquido como fertilizante”, explicó la investigadora.

La idea surgió por parte de Glutal, empresa que se dedica a la molienda húmeda de maíz para la obtención de ingredientes de uso alimenticio, farmacéutico e industrial, y para productos para nutrición animal.
La idea surgió por parte de Glutal, empresa que se dedica a la molienda húmeda de maíz para la obtención de ingredientes de uso alimenticio, farmacéutico e industrial, y para productos para nutrición animal.

Las pruebas se hicieron tanto en el invernadero que tiene la FCA como en una porción del campo perteneciente a la empresa, en ambos casos con resultados positivos. “Estamos logrando un incremento en la productividad de los cultivos de hasta un 25% sin agregar fertilizantes químicos. Además, no observamos problemas en el suelo por su aplicación”, indicó la ingeniera.

Ahora están probando con cultivos de trigo y más adelante analizarán una combinación de ese líquido con otros tipos de biodesarrollos para intentar mejorar todavía más el rendimiento. “La idea final es desarrollar conocimientos y tecnologías para brindar un servicio a la comunidad. Queremos transferir el desarrollo a empresas y a productores de la zona que quieran acercarse para involucrarse en proyectos de este tipo”, concluyó Imhoff.

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