Hacia políticas de comunicación de CyT

Durante el IV Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (COPUCI) se discutió sobre los paradigmas que rigen las acciones de divulgación, su dimensión ideológica y la necesidad de abordar nuevas perspectivas.

Federico Rey  
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Agencia TSS – “¿Tenemos políticas públicas de comunicación de la ciencia?”, lanzó al auditorio Carmelo Polino, investigador del Centro Redes, durante su participación en la mesa “La política científica y la comunicación de la ciencia: hacia una agenda de encuentro”. “No” fue la respuesta que le dio a su propia pregunta y que guió parte del debate que incluyó a autoridades universitarias y del Mincyt. “Tenemos acciones pero faltan políticas que den un marco articulado”, continuó Polino. “¿Nosotros sabemos cuánto gasta el Gobierno, las universidades o las instituciones en actividades de comunicación o de popularización de la ciencia? ¿Tenemos algún dato? ¿Tenemos algún parámetro para preguntarnos acerca de cuál es el impacto de las actividades que hacemos en materia de ciencia? No tenemos. Y una de las cuestiones cruciales de las políticas públicas es disponer de datos para la planificación política”, agregó.

Durante el encuentro, organizado en el salón del Rectorado de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), los participantes coincidieron en el aumento de actividades relativas a la comunicación pública de la ciencia durante la última década. En este sentido se expresó Eduardo Mallo, docente y director de la Secretaría de Innovación y Transferencia Tecnológica de la UNSAM, quien recalcó que actualmente “la ciencia, la tecnología y la innovación configuran un ámbito específico de políticas con identidad propia”. En representación del Mincyt, Josefina Scasso, responsable de la Unidad de Promoción Institucional (UPI), contó la experiencia de Tecnópolis y el objetivo de volver “la ciencia hacia a la calle” para “acortar la brecha entre científicos, comunicadores, instituciones y empresas”.

Eduardo Mallo, docente y director de la Secretaría de Innovación y Transferencia Tecnológica de la Universidad Nacional
de San Martín (UNSAM), junto a Josefina Scasso, responsable de la Unidad de Promoción Institucional (UPI) del Mincyt.

Sin embargo, el dinamismo que la investigación científica y tecnológica ha retomado en la Argentina, en términos de Polino, se asocia a un mayor dinamismo en las acciones de comunicación, aunque heterogéneas y poco organizadas. “Mayor densidad y dispersión de acciones de comunicación de la ciencia”, resumió el especialista.

En tanto, Elena Gasparri, directora de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), advirtió que quienes detentan la forma en que se produce el conocimiento siguen siendo los expertos y que no queda lugar para otras opciones. “La comunicación es entendida como divulgación, como transmisión y flujo de información unidireccional, cuyo contenido en  su mayoría es sobre resultados científicos. La comunicación de la ciencia se reduce a una actividad mediadora, de traducción, en donde los conocimientos científicos parecen acabados y las dispersiones están asimiladas a problemas de entendimiento y no de intereses”.

Mallo subrayó que, si bien la percepción general es que la formulación de las políticas son un proceso meramente técnico, “las políticas no son ni más ni menos que la expresión ideológica de la manera en que se resuelven los problemas. Hay modelos subyacentes que orientan nuestras prácticas; y esos modelos, si uno los piensa a la luz de la formulación de políticas públicas, como expresiones ideológicas, en este caso de un gobierno, también deben ser puestos a consideración”, afirmó Polino.

Durante el IV Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (COPUCI) presentaron sus
opiniones importantes referentes especializados del ámbito privado y publico.

La relación de la ciencia con los medios masivos de comunicación también fue parte de la discusión. La “mediatización de la ciencia” fue el concepto utilizado para referirse a los mandatos provenientes de los medios y que las prácticas científicas asumen, poniendo en conflicto sus propios intereses. Según Polino, “Las instituciones de ciencia y tecnología asumen incrementalmente lógicas y prácticas de funcionamiento que están incorporadas a la cultura de los medios. Cuando vemos una gacetilla de prensa con un titular absolutamente llamativo y poderoso, y que quizás no refleja el contenido de lo que aparece en la nota, están apareciendo procedimientos propios de la cultura mediática y que las instituciones científicas solían criticar”.

Como propuesta, Gasparri planteó correrse de la mirada difusionista de la comunicación. Para esto consideró que “se debe pensar la relación entre la ciencia y la sociedad a partir de parámetros que exceden los supuestos informativos de la comunicación. Es necesario que miremos la comunicación de la ciencia desde otro lugar, no solo desde el punto de vista de la transmisión de información ni desde la ciencia salvadora propuesta desde los modelos actuales, sino en las relaciones con la sociedad y en las construcción posibles a partir de esta relación”.

“Seguimos arraigándonos en la idea de que la sociedad no tiene nada para decir ante la construcción de ese conocimiento científico, cuando sabemos que hay un montón de prácticas que se han desarrollado a partir de actores interesados en diferentes temas. El conocimiento, como construcción social histórica, nos redujo la mirada comunicacional a una cuestión informativa, y la cuestión de la comunicación allí debe ser pensada, desde las universidades, como punto de encuentro”, concluyó Gasparri.