Impulso a la transición energética

El MINCYT definió el perfil de una convocatoria que destinará más de mil millones de pesos de financiamiento para promover la diversificación de la matriz de energía en áreas como termosolar, eólica, undimotriz, biocombustibles, hidrógeno y litio, con prioridad para las tecnologías desarrolladas localmente.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS – Esta semana se conocieron las conclusiones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), que arrojó datos muy preocupantes sobre la importancia de bajar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera de forma urgente. La suba en esos valores llevaría a un aumento de temperatura que desembocaría en grandes cambios en el planeta. Una de las principales herramientas para combatirlo es cambiar la matriz energética mundial, haciendo una transición hacia fuentes que no emitan dióxido de carbono.

En línea con este objetivo, este miércoles el Consejo Tecnológico Sectorial en Transición Energética (CTS-TE) aprobó el perfil de la próxima convocatoria del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC), enfocado, en esta oportunidad, en la transición energética.

Tras un trabajo de cuatro meses, se llegó a la definición del perfil de los proyectos de consorcios público-privados que podrán recibir financiamiento con este instrumento. Para ello, se cuenta con un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por 871 millones de pesos (que en su monto total de aplicación superaría los mil millones de pesos con la contraparte privada) que deberán ser aplicados a desarrollos tecnológicos en las áreas de energía termosolar, eólica, undimotriz, los biocombustibles, el hidrógeno o el litio. El objetivo de delinear con anterioridad este perfil es conocer de antemano en qué tecnologías hay posibilidades reales de desarrollo para aplicaciones industriales.

La realización de este perfil presentado ante el CTS-TE para su aprobación fue coordinada por el equipo de la Dirección Nacional de Proyectos Estratégicos (DNPE) del MINCYT, que realizó un estudio exploratorio sobre la transición energética en la Argentina con relación a las capacidades de investigación y desarrollo disponibles y las necesidades industriales del sector. El trabajo se hizo en el marco de un esfuerzo intersectorial con la Secretaría de Energía de la Nación, la Fundación InnovaT, la Cámara de Industriales de Proyectos de Bienes de Capital, de la Agencia I+D+i, la Fundación Bariloche y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

“Iniciativas de este tipo deben ir de la mano de un replanteo sobre lo que se entiende como desarrollo sustentable en el contexto nacional”, dijo Carrizo.

La convocatoria se pensó teniendo en cuenta que la tecnología pueda dar lugar a un proceso de desarrollo de la industrial local, a que se promuevan capacidades tecnológicas que puedan ser asimiladas por el sector productivo y a cumplir con un enclave territorial bajo la premisa federal. Se trata del segundo perfil de convocatoria del año, luego del lanzado en junio y todavía con convocatoria abierta, focalizado en la producción de medicamentos.

En diálogo con TSS, el secretario de Planificación y Políticas del MINCYT, Diego Hurtado, dijo que “la transición energética tiene que ser un vector de industrialización. Eso significa que lo que vamos a enfatizar son aquellas energías en donde se puede aplicar tecnología nacional, pero también capacidades industriales que puedan tomar esos desarrollos tecnológicos, y esto es lo más difícil de la convocatoria. Entender, por un lado, capacidades tecnológicas nacionales y, por otro, capacidades industriales. Por ejemplo, la energía termosolar supone el uso de la radiación solar para producir calor. Cuando vas al sector lácteo ves que usa mucha electricidad para calentar, para producir calor de procesos. Eso mismo se puede hacer con la energía del sol, y eso es ahorro de electricidad y mayor competitividad del sector lácteo argentino. La termosolar también se puede usar para secado de alimentos, de tabaco, de hojas. Es una tecnología que en la Argentina ya tiene desarrollo en espejos y en los materiales que se usan para las plantas”.

Como en todos los procesos de cambio de fuente de energía, quien domine las tecnologías de la nueva fuente tendrá ventajas desde el punto de desarrollo frente a quienes lleguen más tarde. Es por esto que esta crisis climática también puede ser vista como una oportunidad para que la Argentina pueda prenderse al tren de desarrollo de nuevas tecnologías para la generación de energía.

El hidrógeno, por ejemplo, puede ser producido a partir de la electrólisis, un método en el que se utiliza electricidad y agua, o por medio de la descomposición de moléculas de gas natural. Se utiliza como una forma de almacenamiento de de energía y puede ser fácilmente transportado en barcos e inyectado en redes de gas natural, o usado para procesos de generación de calor o de energía eléctrica. Según la fuente que se use para producir el hidrógeno, se le asignan diferentes colores: se habla de hidrógeno azul cuando proviene del gas natural, verde cuando se produce con energías renovables, y rosa cuando se produce con energía nuclear. La Argentina país tiene posibilidades de producir diferentes tipos de hidrógeno y exportarlo, o de usarlo en procesos locales.

“La respuesta más inmediata es el hidrógeno azul, el que se basa en gas natural”, sostuvo Hurtado.

Diego Roger, director de Biocombustibles de la Secretaría de Energía, le dijo a TSS: “Quienes están obligados a hacer la transición energética más acelerada son los países que son los principales emisores de gases contaminantes, los de Europa, Estados Unidos y, más recientemente, China. La forma de descarbonizar más rápido es la inyección de hidrógeno, sobre todo en procesos industriales, adonde hay que sustituir energía térmica que viene del gas y también para solucionar el tema del transporte. La Argentina tiene muy buenos recursos naturales renovables, fundamentalmente en eólica, que puede usar para producir hidrógeno. En solar también, pero está en lugares adonde no hay buena provisión de agua y lejos de los puertos. Por eso lo mejor es eólica. Tenemos el recurso natural y agua disponible que no afecta a ningún otro uso porque se termina mezclando con el agua salada en el mar. En hidrógeno azul tenemos posibilidades a partir del gas de Vaca Muerta, pero para industrialización del gas hay cosas más interesantes como producción de fertilizantes o industria petroquímica, donde hoy somos deficitarios. El uso del hidrógeno en la Argentina no es inmediato en el corto ni mediano plazo, pero sí hay que ir desarrollado las capacidades para cuando sea el momento. El interés del corto plazo puede ser la exportación y el uso de tecnología nacional para que no sea solo una economía de enclave”.

En el mismo sentido, Hurtado dijo: “El hidrógeno verde es algo que no podemos dejar de abordar, por eso está también en la agenda, pero nosotros estamos pensando en que el hidrógeno verde necesita mucha I+D y la respuesta más inmediata es el hidrógeno azul, el que se basa en gas natural. La Argentina es un país gasífero, nuestra matriz tiene el 90% de la energía primaria hidrocarburífera, con lo que la viabilidad de cualquier política energética no puede dejar de lado el gas”.

La directora Nacional de Proyectos Estratégicos del MINCYT, Erica Carrizo, consideró que “iniciativas de este tipo deben ir de la mano de un replanteo sobre lo que se entiende como desarrollo sustentable en el contexto nacional y latinoamericano, porque hay que reconocer que siempre tuvimos dificultades para transitar hacia estilos, modelos o proyectos de desarrollo de buen vivir y de soberanía que rompan la asociación entre el extractivismo, las lógicas economicistas del desarrollo y la integración científico-tecnológica-industrial subordinada, que las lógicas coloniales implantaron en nuestros territorios y que no logramos erradicar del todo. La tarea no es sencilla”.

Según Hurtado, “esta es una primera convocatoria y necesitábamos recuperar los fondos sectoriales que el macrismo apagó. Sobre todo porque la variable de asociatividad público-privada es fundamental. La ley que se aprobó para el aumento gradual de la Función Ciencia y Tecnología, que apunta a que sea el 1% del PBI en 2032, nosotros estamos pensando que tenemos que llegar al 2% teniendo la mitad de inversión privada. Estamos viendo cómo traccionamos a la inversión privada aprovechando la previsibilidad que da esta ley al aumento presupuestario. Uno de los instrumentos privilegiados es el de los fondos sectoriales, que es un instrumento muy sofisticado”.

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