Industria en negativo

El año pasado, la actividad industrial tuvo una caída del 3,4%, tras un diciembre en el que presentó una baja del 10,7% frente al mismo mes de 2017, según un informe elaborado por la Unión Industrial Argentina. La utilización de la capacidad instalada tampoco se recupera: bajó del 65% al 63% durante 2018. Los efectos del esquema financiero en el sector productivo.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS – El Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA) presentó su primer informe del año sobre la actividad industrial, en el que se evidencia una fuerte caída en la actividad del sector, influenciada en gran parte por la caída del consumo interno y las altas tasas de financiación. En el informe se pronostica que los indicadores interanuales de la segunda mitad de 2019 podrían ser positivos, aunque esto estaría relacionado con que se compararía con los peores meses de 2018.

“Los primeros meses van a dar una comparación interanual negativa porque el año pasado teníamos sectores que crecían fuertemente en los primeros cuatro meses del año, como cemento, acero y automotriz, hasta que se dio el salto cambiario”, explicó a TSS Pablo Dragún, el director del Centro de Estudios de la UIA.

Para la segunda mitad del año los indicadores pueden ser positivos dependiendo de los niveles que retome el consumo interno y las tasas de interés. Si bien en años electorales como este 2019 suele haber una fuerte demanda del Estado a través de la obra pública, por las restricciones de gasto público impuestas por el FMI esta vez no parecería ser el caso.

Durante el mes de diciembre la producción industrial presentó una caída de -10,7% interanual y de -2,5% con respecto a noviembre 2018 en la medición desestacionalizada. De esta forma, en 2018 la actividad se redujo -3,4%.

El principal socio comercial de la Argentina, Brasil, espera un crecimiento de 2,5% en su economía, lo que podría ayudar un poco a la recuperación argentina, aunque de forma modesta. Así como también se espera que, a partir de abril, la cosecha gruesa de granos sea mejor que la del año pasado y pueda ayudar a paliar el desequilibrio de la balanza comercial. Sin embargo, desde 2017 los exportadores no tienen la obligación de liquidar divisas en el país, por lo que pueden hacerlo en el momento en que lo consideren más conveniente o directamente no hacerlo.

Precisamente, uno de los rubros que mostró una importante caída interanual fue el de maquinaria agrícola (15%) y el de semirremolques (20%), muy vinculados con la producción agraria y que fueron afectados por la sequía del año pasado y también por las altas tasas de interés.

La industria cerró el año con una contracción de -3,4%,tras un diciembre en el cual la actividad industrial presentó una caída de -10,7% frente al mismo mes de 2017.

“Uno esperaría que el agro pudiera mejorar este año, pero con estas tasas de interés tan altas y un mercado más deprimido puede que no traccione tanto como lo hubiera hecho con las variables macroeconómicas más ordenadas”, afirmó Dragún. Y agregó: “Además, el esquema de retenciones a la exportación y reintegros no está pensado con una lógica de generar valor agregado. Por ejemplo, en el sector soja está bastante equiparado el poroto de soja con el aceite de soja y el problema es que en los países compradores de aceite de soja tienen una mayor retención a la importación de productos con valor agregado y una menor a los productos de menor valor agregado, así que esa estructura en espejo de la estructura arancelaria del país comprador que había con el esquema de retenciones ahora desapareció y eso puede perjudicar la recuperación de la industria aceitera”.

El sector que mejor rendimiento tuvo durante el año pasado fue el de metales básicos, con una expansión del 10%. El acero crudo, con un aumento del 11,6%, fue el de mayor crecimiento. “Los sectores que más crecen son los que están un poco alejados de este día a día del consumo. En algunos casos tienen un esquema tarifario puntual que les permite cerrar la ecuación de otra forma”, dijo el director del Centro de Estudios de la UIA.

La utilización de la capacidad instalada en la industria en 2018 se ubicó en el 63% de su capacidad en promedio, un nivel inferior al registrado en el año anterior (65,3%).

El sector de producción automotriz se contrajo 1,4% en 2018, mientras que las ventas de vehículos cayeron 22,9%. Esta baja se vio compensada por un incremento de las exportaciones del 28,5%, principalmente a Brasil. Este año se discutirá el flex con este país, el acuerdo por lo el que se negocia de qué porcentaje puede ser la diferencia entre lo que se importa y exporta dentro del sector automotriz, en un escenario en el que el nuevo gobierno brasileño no parece muy abierto a las negociaciones regionales, según publicó el medio especializado Autoblog. Dragún manifestó que “se intentó diversificar este tipo de acuerdos con países como Colombia y México. Si bien hubo avances, es complicado porque la propia producción de las terminales está pensada para el Mercosur. Exportar a Chile o Perú es imposible por sus acuerdos con el Bloque del Pacífico, y a Europa es más complicado. Es muy difícil exportar un auto a cualquier lugar cerca de China, Estados Unidos o Alemania. En África, China juega muy fuerte y entonces no es fácil entrar”.

Y concluyó: “En la medida en que siga este cerrojo monetario, con una tasa tan alta, se hace muy difícil para las empresas porque se ahoga la capacidad productiva por razones financieras, que no tienen que ver con que la empresa sea eficiente o no”.

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