La era del auto inteligente

Una empresa con socios argentinos y radicada en Estados Unidos presentó un sistema para coordinar vehículos autónomos mediante la integración de un sofisticado software con geoposicionamiento, láser y sensores de movimiento.

Matías Alonso  
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Agencia TSS – Hace poco fue presentado en sociedad y se trata del primer vehículo autónomo del país. Este auto no necesita chofer, su ojo es el LIDAR –un láser que detecta y mide la distancia a los diferentes objetos con los que se cruza el auto– y se ubica en el espacio gracias a un GNSS, un sistema de navegación satelital con corrección terrena que le permite una precisión de un metro y medio. También posee un IMU, una unidad inercial de medición que, mediante giróscopos y acelerómetros, permite saber si el auto se está moviendo, a qué velocidad y en qué dirección lo hace.

La mayoría de estos dispositivos no han sido desarrollados localmente, sino que fueron comprados en el exterior y son fácilmente adquiribles. La gran novedad que presenta el proyecto es su sistema inteligente de integración con los demás vehículos autónomos que lo rodean. Si bien los sensores que tiene el auto le posibilitan evitar todo tipo de colisiones, su software le permite, por ejemplo, sincronizar el encuentro con otro auto en una bocacalle de manera que ninguno de los dos deba frenar y sin que exista riesgo de colisión.

La empresa que llevó adelante el proyecto es Space AI, creada por Diego Favarolo, uno de los cofundadores del sitio de empleos Bumeran, junto a otros socios argentinos y radicada en Estados Unidos. Space AI licenció la tecnología para la Argentina y América Latina en la firma local Inipop y recibió financiamiento por dos millones de pesos por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, para la entrega de varios prototipos.

La plataforma se basa en un sistema inteligente de integración con los demás autos autónomos, creando una red que
podría evitar colisiones y distribuirse de manera óptima en calles y rutas.

Este tipo de maniobras se traducen en grandes ahorros, tanto de combustible, como de pastillas de freno, cubiertas y también evitan el deterioro del asfalto. Si en un futuro cercano todos los autos contaran con esta tecnología no sería necesario tener semáforos en las esquinas, ya que todos los autos podrían sincronizar sus movimientos y así evitar demoras innecesarias.

Además, también se podría generar una distribución inteligente del tráfico. Una red de autos autónomos podría ponerse de acuerdo para distribuirse de manera óptima en las calles y rutas. “Es una forma de empezar a pensar en los vehículos más como computadoras y nodos que trabajen en forma sistémica y que permitan la recolección de información. Compartir esos datos en forma inteligente tiene muchas ventajas, no solamente en el tráfico, sino en el concepto de desarrollar ciudades inteligentes”, explica Alejandro Repetto, jefe de Ingeniería del proyecto y socio de Space AI.

En la iniciativa trabajaron 11 personas en forma directa durante los tres meses que duró. Más allá del desarrollo previo de hardware y software, también se diseñó y construyó el auto, la carrocería y su interior. Según Repetto, “las pruebas del prototipo debieron hacerse en la pista de manejo del Automóvil Club Argentino (ACA), que tiene una escuela de manejo que funciona hasta las ocho de la noche, por lo que no se pueden hacer testeos hasta pasada esa hora. Entonces, los técnicos pasaron de ser ingenieros a vampiros, porque tuvieron que trabajar de ocho de la noche a ocho de la mañana. Es parte de lo épico que tuvo el proyecto, pero también habla de la motivación que generó”.

La comunicación entre los diferentes vehículos o “nodos” es totalmente plana, con la lógica de un puerto-a-puerto geográfico. Es una red heterogénea: no depende de Internet ni de una central que organiza los diferentes vehículos. En la presentación, los autos –que son eléctricos– se conectaban a través de Wi-Fi y actualmente la empresa está probando antenas que barren todo el espectro de redes y pueden ir desde 1 MHz hasta 17 GHz.

Frente a la automatización de un vehículo siempre surgen las dudas sobre su seguridad, ya que la vida de usuarios y peatones depende de su buen funcionamiento. Por eso es que la robustez del sistema es crucial. En este caso, la programación es de código abierto, lo que permite que cualquiera, con los conocimientos necesarios, pueda revisar el código y corregirlo. “Como informático tengo la obligación de decir que no existe un sistema 100 % seguro, pero por otro lado se baja la siniestralidad en un 90 %. Para dar un ejemplo, los aviones se manejan solos y cuando los agarra un tipo mal medicado se la da contra los Alpes y no se puede hacer nada. También es hackeable el sistema del avión. Un hackeo no informático fue el que hubo el 11 de septiembre de 2001. Si hubiera habido un sistema más autónomo quizás no se habría estrellado el avión contra un edificio”, argumenta Repetto.

Desde la empresa consideran que un sistema descentralizado con una lógica neuronal implica más seguridad que uno totalmente aislado. De esta manera, ninguna máquina está sola, sino que también está controlada por las otras máquinas. La forma de hackear un vehículo sería inyectarle información errónea a un sensor, pero ese auto está hablando con el de al lado y de esa forma se puede contrastar información.

Enrique Cortés Funes (izq.) y Alejandro Repetto, dos de los fundadores de Space AI, empresa responsable del desarrollo.

Actualmente, están ultimando detalles para hacer la presentación del proyecto en Estados Unidos, en la Singularity University. A sí mismos, no se consideran una compañía que produce autos autónomos, sino una dedicada a la robótica y a la inteligencia artificial. Allí presentarán la Mission Control Computer, entendida como un sistema capaz de manejar autos pero también satélites, drones y cualquier otro vehículo a través de un sistema operativo basado en inteligencia artificial.