La máquina del antídoto

Un ingeniero electrónico del ANLIS diseñó un dispositivo para extraer el veneno de arañas y escorpiones, necesario para elaborar los antídotos que se usan en casos de picaduras. También trabaja en un equipo para serpientes venenosas.

Por Vanina Lombardi  
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Agencia TSS – En todo el territorio argentino habitan distintos tipos de animales ponzoñosos que pueden provocar lesiones más o menos graves y hasta la muerte. Según el Boletín Integrado de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Salud de la Nación, en 2015 hubo en la Argentina más de 9.000 casos de envenenamiento por alacranismo, más de 1.000 por araneismo y poco más de 700 por ofidismo o mordedura de serpientes. Durante este año (hasta la semana 33, en agosto) ya se contabilizaron, respectivamente, 5.565, 688 y 575 casos.

Para neutralizar los efectos del veneno en sus víctimas es necesario contar con un antídoto que proviene del mismo veneno. Por eso, para poder elaborarlos, el primer paso es extraer las toxinas que harán de materia prima o principio activo del contraveneno. Esa es la tarea de los laboratorios de I+D del Serpentario y del Aracnario del Instituto Nacional de Producción Biológica (INPB) de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud “Dr. Carlos G. Malbrán” (ANLIS). Sus integrantes no solo salen a cazar ejemplares en el territorio, sino que también se ocupan de extraerles el veneno casi con la única protección de unos guantes de goma y la destreza individual para manipular a estas especies.

Desde hace un tiempo, un dispositivo eléctronico desarrollado íntegramente por otro especialista que trabaja en la institución les facilitó su tarea. El equipo ofrece varias ventajas y respeta las normas de bioética estipuladas para este tipo de procedimiento. “Todos los animales, tanto escorpiones como arañas, se sacrificaban para extraer el veneno; ahora, la alternativa es que los podemos estimular (mediante pequeñas descargas eléctricas) para poder realizar sucesivas extracciones”, explica el ingeniero electrónico Osvaldo Carrera, que además está diplomado en Bioética Clínica y en Ética de la Investigación y estuvo a cargo de capacitaciones sobre dichas temáticas que se dictaron en el ANLIS. Durante una licencia por enfermedad, Carrera se puso a “jugar” en su casa con piezas que a veces compraba y que otras veces eran “donadas por amigos, de equipos que estaban destinados a la basura”.

“Todos los animales, tanto escorpiones como arañas, se sacrificaban para extraer el veneno; ahora, la alternativa es que los podemos estimular (mediante pequeñas descargas eléctricas) para poder realizar sucesivas extracciones”, explica el ingeniero electrónico Osvaldo Carrera.

Para empezar, y como base, Carrera contaba con el manual de unos equipos similares que se desarrollaron en el Instituto Butantan, en Brasil, adonde Patricia Argnani, investigadora asistente de I+D del Aracnario del INPB, fue a capacitarse en dos oportunidades. “El Instituto Butantan le paga a los estudiantes de ingeniería de la Universidad de San Pablo para que todos los años produzcan equipos con mejoras”, advierte la especialista que se dedica al estudio de las arañas Loxosceles sp., conocidas como arañas del rincón, violinistas u homicidas.

“Se le dice homicida porque su veneno es hemolítico: una vez que pica puede licuar los glóbulos rojos”explica Argnani mientras toma con suavidad una araña, primero por cuatro patas y luego por las cuatro restantes, “para no sacarle ninguna”. Posteriormente, la coloca en el extractor que desarrolló Carrera en menos de un año, que ya está en uso y se encuentra en proceso de patentamiento.

“En el caso más frecuente, el de la Loxosceles laeta, provoca dos cuadros clínicos: uno cutáneo, ya que donde pica se empieza a ulcerar, se hace una necrosis y, si avanza necesita cirugía reparadora; el otro, que es menos frecuente pero mas grave, es sistémico visceral y no tiene nada que ver con el anterior: ataca al sistema urinario y destruye los riñones”, continúa la investigadora mientras recolecta gotas del veneno, y recuerda que, en su segundo viaje al Instituto Butantan, en 2014, no solo pudo probar los extractores de veneno, sino que además le facilitaron los datos de los equipos que se utilizan para los distintos animales, tanto las arañas Loxosceles como los escorpiones Tityus  trivittatus (la única especie que hasta ahora ha sido asociada a accidentes graves y muertes en  humanos en el país) y arañas Phoneutria sp. (comúnmente llamadas arañas del banano, cuyo veneno es neurotóxico).

Venenos de mejor calidad

Con estos equipos, los investigadores ya no deben sacrificar a las arañas para extraer el veneno y, además, tras cada extracción, pueden analizar el estado en el que quedó el animal, para poder perfeccionar el equipo y la técnica, en caso de ser necesario, en pos de lograr los resultados más óptimos. Al mismo tiempo, el sustrato obtenido con este nuevo método contiene menos impurezas y es de mejor calidad.

“Al ser el primer eslabón en la cadena, necesitamos que el veneno sea puro y de buena calidad. Si entregamos un veneno en buen volumen pero de mala calidad de proteínas, el antiveneno también será menos potente”, advierte Emiliano Lertora, técnico de I+D del laboratorio del INPB.

Con los escorpiones ocurre algo similar, no solo en cuanto la calidad del sustrato obtenido sino también con el cuidado de los ejemplares. “Al ser el primer eslabón en la cadena, necesitamos que el veneno sea puro y de buena calidad. Si entregamos un veneno en buen volumen pero de mala calidad de proteínas, el antiveneno también será menos potente”, advierte Emiliano Lertora, técnico de I+D del laboratorio del INPB, y recuerda que, al principio, “se sacaban todos los aguijones, se machacaba en un mortero, se le agregaba un poco de agua y se centrifugaba”, aunque en algún momento también intentaron usar “un ordeñador” que había conseguido un colega.

Sin embargo, los resultados no eran buenos. “No teníamos idea de la potencia que debíamos utilizar y electrocutamos a varios. Entonces, servía pero a lo mejor la mitad de los escorpiones se moría y no era tan efectivo porque no largaban tanto veneno. Desde que usamos esta técnica hemos hecho pruebas biológicas moleculares en las que comparamos el veneno ordeñado con el que obteníamos con el método tradicional, y encontramos que el primero tenia mejor calidad de proteínas”, agrega Ignacio Schuster, técnico de I+D del Serpentario del INPB.

Schuster hace una demostración: “La idea es tratar de que cuando uno agarra al escorpión no pierda veneno. Lo coloco en una base –muestra cómo lo hace– y le hago pisar una solución de cloruro de sodio. Las patas y el cuerpo entran en contacto con el agua y con apenas un contacto se realiza la extracción”. Así, el especialista del INPB le da una pequeña descarga de electricidad al pliegue de la cola de un escorpión que su colega Lertora sostiene con una pinza, mientras mete el aguijón del animal en un capilar de 50 micrones (que es una especie de sorbete muy pequeño), que comienza a llenarse de veneno ni bien comienza el procedimiento.

En el laboratorio de I+D del Serpentario, además de trabajar con escorpiones, también extraen el veneno de los tres géneros de serpientes peligrosas que habitan en la Argentina.

En el laboratorio de I+D del Serpentario, además de trabajar con escorpiones, también extraen el veneno de los tres géneros de serpientes peligrosas que habitan en la Argentina: las Bothrops o yarará (las  más comunes son las llamadas yarará grande y chica, pero también pueden ser yararacussu, yararaca  y moojeni); las Crotalus durissius terrificus, o cascabeles; y las Micrurus sp., o corales.

Para ellos, Carrera –que además de estos desarrollos, que hace por iniciativa propia, está a cargo del mantenimiento de los todo el equipamiento que se utiliza en el Aracnario y el Serpentario del INPB– está diseñando una nueva máquina que se adapte a las particularidades de las serpientes, en base a la experiencia adquirida con los primeros equipos. “Todavía están en desarrollo porque son aparatos totalmente distintos. Los datos que tenemos de Estados Unidos, por ejemplo, son con un mili amperaje muy alto, y, para llevar nuestros equipos a ese mili amperaje, todavía hay que hacer una fase electrónica intermedia”, detalla el ingeniero.

Mientras tanto, los técnicos siguen extrayendo el veneno de las serpientes con la única ayuda de una herramienta especial. “Para no agarrarlas con las manos usamos un gancho de algo más de un metro con el que se inmoviliza la cabeza por detrás del cuello, para poder agarrar al animal sin que muerda”, dice Lertora justo antes de tomar esa “herramienta especial”, que a simple vista se ve como una vara que termina casi en forma de L, pero que solo alguien con experiencia, destreza, valor y mucha pasión por su trabajo es capaz de manipular sin temor frente a una serpiente venenosa, a la que trata como a una mascota mansa y cariñosa.

2 comentarios en “La máquina del antídoto

  • Ludmila Cimerman

    (08/02/2017 - 19:55)

    Hola. Buenas Tardes. Quería preguntar si realizan cursos de extraccion de veneno de animales. Hace tres años y medio que trabajo con serpientes,tarantulas y lagartos, y soy estudiante de profesorado de biología. Me encantaría poder aprender más de estos animales que me fascinan. Agradecería una respuesta. Saludos

  • Marcelo fiori

    (24/02/2017 - 3:04)

    Hola mi nombre es marcelo soy tucumano vivo en Buenos aires hace ya unos años quería saber si tienen un puesto de trabajo tengo experiencia con serpientes, alacranes, arañas venosos considero que tengo los requisitos para sumarme al equipo de técnicos tengo trabajo no lo hago por dinero lo hago por pasión tengo videos y fotos manipulando algunas de ellas la ultima fue en cordoba la semana pasada mi teléfono es 1139227906

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