Mario Cimoli: “América Latina necesita política industrial”

El director de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la CEPAL advierte que los gobiernos latinoamericanos no deben absorber la ideología de los economistas ortodoxos y subestimar el rol de la industria en el desarrollo.

Bruno Massare  
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Agencia TSS – “Los países de América Latina necesitan política industrial y un fuerte rol del Estado. No es verdad que los países avanzados no la tienen: Estados Unidos, algunos países de Europa, China, Japón y Corea son ejemplos de política industrial. América Latina no puede absorber la ideología de los economistas ortodoxos y subestimar el rol estatal”, sostiene Mario Cimoli, doctor en Economía por la Universidad de Sussex y director de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Cimoli visitó hace poco la Argentina junto con su colega Mariana Mazzucato y se especializa en temas vinculados con las políticas económicas para el desarrollo, tanto en el ámbito industrial como en el de la ciencia, tecnología e innovación. En una entrevista telefónica desde Santiago de Chile –donde la CEPAL tiene su sede–, este argentino que es uno de los principales referentes del organismo económico de Naciones Unidas habló sobre los desafíos que enfrentan los países latinoamericanos frente a los cambios en la economía global.

¿Cómo ve el momento actual de América Latina? Hubo un cambio político en la Argentina y recientemente en Brasil. ¿Cómo pueden influir en la economía regional?

Es difícil hacer un pronóstico desde lo político, yo en eso no me meto. En lo económico, estamos frente a una etapa distinta en América del Sur, que tiene que ver con el fin de un ciclo, de un modelo de precio alto de las materias primas que permitió un proceso de inclusión social que de algún modo funcionó. Es difícil prever lo que sucederá, pero es importante que la inclusión y la reducción de la desigualdad sigan siendo un objetivo. Pero, para mantener las políticas de inclusión y mejorar las condiciones sociales, hace falta una comprensión del avance tecnológico y de la necesidad de un fuerte rol del Estado para aumentar la productividad, diversificar la economía y mejorar las capacidades. Esto es necesario no solo en el sector agrícola o en el de materias primas, sino hay que hacerlo en muchos sectores manufactureros con la incorporación de tecnología.

La historia marca que, por distintas razones, muchos gobiernos de América Latina han recurrido a la disponibilidad de recursos naturales, a partir de ciertas ventajas competitivas, en lugar de avanzar con la diversificación y la suma de valor agregado a sus economías. ¿Es posible cambiar esa dinámica?

Los recursos naturales son buenos, pero pese a disponer de ellos, también hay que hacer política industrial. Y si se los tiene, ¡hay que hacer el triple de política industrial! Un ejemplo típico es el caso del salmón en Chile. Todos los economistas y diversos organismos internacionales estaban obnubilados con el salmón de Chile, era un caso de estudio ejemplar. Pero ahora está en problemas. En casos como este se ha visto que es necesario cambiar el modelo desde uno extractivista hacia una perspectiva de desarrollo sustentable, con políticas industriales que promuevan la incorporación de tecnología, la capacitación de los trabajadores y la preservación del medioambiente.

“Hace falta una comprensión del avance tecnológico y de la necesidad de un fuerte rol del Estado para aumentar
la productividad, diversificar la economía y mejorar las capacidades”, sostiene Cimoli.

Según el último relevamiento de la CEPAL, la inversión extranjera directa (IED) en América Latina cayó 16 %. ¿Qué proyecciones tienen? ¿Los países deberían tomar recaudos para evitar la llegada de fondos especulativos?

El tema es complejo. Hubo una caída y el próximo año puedo anticipar que el flujo global de IED crecerá, pero con énfasis en los países más desarrollados y con un descenso en América Latina. Esto responde a grandes procesos de fusiones y adquisiciones, y a una recomposición industrial, productiva y tecnológica, entre los países desarrollados, que redundará en una mayor concentración de la economía mundial. En este contexto, no cualquier inversión extranjera es buena. Cuando son procesos especulativos no sirve y, por eso, la política en inversión extranjera es muy importante, hay que tenerla y hay que incentivarla. Hay que preguntarse: “¿Cuánto me puede dejar en capacidad productiva, en el desarrollo de cadenas de valor o en generar derrames en la economía local?”.

En el caso de la Argentina, el actual Gobierno lanzó la mayor emisión de deuda de un país en desarrollo desde 1996 y es probable que la política de endeudamiento continúe. ¿Qué opina al respecto?

Todas las economías en transición precisan endeudarse de alguna manera. El tema es cómo y para qué se usa la deuda. Creo que tiene que tener un uso schumpeteriano, es decir, que permita mejorar la tecnología, la productividad, la relación universidad-empresa, la creación de nuevas empresas y que todo esto habilite al Estado para coordinar procesos de inserción internacional en ciertas cadenas de valor.

¿Cómo ve al Mercosur? ¿Cómo debería posicionarse en esta nueva dinámica de acuerdos internacionales que impulsa Estados Unidos, como el Acuerdo Transpacífico (TPP)?

Acá hay algo que es importante considerar y es que estos mega acuerdos no se hacen solo por acceso a mercados. En el caso del TPP, se está trabajando para consolidar estándares en nuevas tecnologías, como procesos de manufactura digital. Cuando se le pone un chip a un auto que se maneja solo, ahí hay protocolos de comunicación, acceso a satélites, mapas. Esto también aplica para diversos procesos productivos, como los de la industria farmacéutica. Y entonces surge el tema de quién maneja estos estándares, y esa es una discusión que también se da en el contexto de los mega acuerdos.

Cuando hablamos de estándares estamos hablando también de patentes…

Obvio, el sistema de propiedad intelectual está presente en todas estas negociaciones. El mundo está cambiando y habrá cada vez más acuerdos, porque hay una competencia global sobre estándares y tecnología, y el acceso a nuevos mercados da escala para esos estándares. El Mercosur y quienes definen las políticas no pueden estar ajenos a estas cosas que están sucediendo, porque si no se quedaría atrás en estas negociaciones.

“Los gobiernos no pueden quedarse solo con los consejos de ciertos economistas de los años ochenta que llamaban a
abrir la economía y apostar por los recursos naturales”, dice Cimoli.

La gran pregunta es qué peso puede tener el Mercosur en este tipo de negociaciones que parecen venir cerradas de antemano. ¿Qué margen de autonomía le queda a un país latinoamericano para diseñar una política industrial, de ciencia y tecnología?

Hay países de América Latina en los que se piensa que si se negocia solo se va a ganar y, en el actual contexto, pierden. Sin integración es difícil. A nivel país, es crucial que los gobiernos analicen estos tratados y vean sus posibles beneficios y consecuencias. Los gobiernos no pueden quedarse solo con los consejos de ciertos economistas de los años ochenta que llamaban a abrir la economía y apostar por los recursos naturales, porque de ese modo es difícil que avancen en el nuevo contexto económico mundial. Recuerdo cuando decían que la industria de manufactura iba a morir. Bueno, ahora es la que está dominando todo.

¿En qué cadenas de valor tiene América Latina oportunidades para insertarse a nivel global?

La cadena de agroalimentos es importante, pero a los alimentos hay que sumarles mucha tecnología. Todo el modelo de sensado remoto, con el uso de drones, para evaluar el rinde agropecuario, es una gran oportunidad. Pero si los Estados no aceleran la implementación de tecnología, la región va a quedar relegada. Biotecnología, nanotecnología y big data, por ejemplo, son cosas que empiezan a converger. El empuje que pueden dar las tecnologías limpias también es crucial. Ahí hay que entrar de lleno, con un Estado que discuta con los empresarios sobre qué hacer y también con un trabajo a nivel institucional, como fortalecer la relación universidad-empresa.

La CEPAL registró una reducción significativa de la pobreza y la indigencia en América Latina entre 2010 y 2014. ¿Qué creen que sucederá en los próximos años en la región?

Dependerá de las políticas de los países. Si tuviéramos ajustes recesivos fuertes, esto sin dudas va a impactar en la desigualdad y la pobreza. Hay que ver cómo se van a generar recursos para el futuro. Si el proceso de ajuste que puede haber en muchas de las economías regionales no va a dar lugar a un aumento de productividad, inversiones e incorporación de tecnología, nuestro temor es que se vuelva atrás en el tema distributivo y la pobreza.