Memoria extrema

El INTI desarrolló memorias electrónicas robustas que resisten en ambientes hostiles. Están siendo probadas en el espacio y trabajan para poder abastecer a la industria, con posibles aplicaciones en la industria petrolera y la energía nuclear.

Federico Rey  
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Agencia TSS – A bordo de Tita, uno de los microsatélites de observación construidos en la Argentina por la empresa Satellogic -que fue lanzado recientemente desde Rusia-, viajó el trabajo de un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) que se propusieron desarrollar memorias electrónicas que pueden resistir a condiciones adversas derivadas de radiaciones, cambios abruptos de temperatura y presión.

“El proyecto MeMOSat (Mecanismo de Memorias en Óxidos) comenzó con el trabajo de investigación básica sobre el funcionamiento de una tricapa de metal-óxido-metal (MOM). Hace unos tres años obtuvimos buenos resultados en el funcionamiento de estas memorias mediante distintas combinaciones de MOM y se comenzó a estudiar si su comportamiento era robusto en ambientes hostiles, tal como se esperaba por ser su principio de funcionamiento distinto al tradicional”, dice a TSS Federico Golmar, coordinador de Micro y Nano Sistemas del INTI y uno de los responsables de la iniciativa.

Así se llegó a una memoria resistiva de dos placas de metal con un óxido entre medio. Gracias a las capacidades de miniaturización y su gran robustez, el dispositivo pudo ser probado en aplicaciones satelitales.

Con el lanzamiento del satélite argentino BugSat-1 / “Tita”, ya están en el espacio las memorias electrónicas desarrolladas
especialmente para afrontar condiciones adversas, como radiación, cambios abruptos de temperatura y presión.

“Desde hace unos años estamos trabajando en posibles aplicaciones y, concretamente, el año pasado consideramos que teníamos hechas pruebas suficientes como para poder confiar en nuestros dispositivos, y que el paso siguiente era hacer una prueba de campo, ya no con equipos de medición de laboratorio, sino con una electrónica más compacta y en un caso real. Así fue como desarrollamos una placa de control de las memorias para poder seguir evaluándolas en el espacio. El satélite (por “Tita”) fue lanzado hace algunos meses y ahora estamos en la etapa de análisis de los datos que recibimos, para verificar el correcto funcionamiento de las memorias. Si todo sigue como esperamos, el siguiente paso será integrar el control de la memoria en un chip, como para poder ofrecer un producto terminado”, afirma Golmar.

Actualmente, el trabajo continúa sobre estas memorias de uso satelital y se siguen estudiando nuevos óxidos, en la búsqueda de la mejor combinación para nuevas aplicaciones. Por ahora se sabe que están en condiciones de hacer memorias resistentes a cambios bruscos de temperatura, a temperaturas elevadas, fuertes vibraciones y presencia de radiación ionizante. Pero, además, las expectativas giran sobre las aplicaciones concretas que las memorias podrían tener en dispositivos que se utilizan en pozos petroleros, centrales nucleares y en la exploración de volcanes.