Ortiga para fertilizar cultivos

Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán desarrollaron un fertilizante orgánico a base de ortiga para cultivos hortícolas. Buscan reducir el uso de productos químicos y transferir un método sencillo y económico para los pequeños productores de la zona.

Por Nadia Luna  
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Agencia TSS — Mientras crece la preocupación por el uso de agroquímicos y su toxicidad para la salud y el ambiente, también aumenta la búsqueda de alternativas para reemplazarlos. Un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto “Miguel Lillo” de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) desarrolló un fertilizante orgánico a base de ortiga con el objetivo de obtener un producto económico y sencillo de transferir a los pequeños productores de la zona.

“La primera ventaja es que la ortiga es un yuyo que crece en todas partes y está disponible libremente. El proceso para transformarla en biofertilizante es económico porque es un proceso sencillo de fermentación que utiliza preferentemente agua de lluvia, ya que no viene con carga de minerales u otras sustancias que pueden alterar el producto. Además, como la ortiga suele usarse por sus propiedades medicinales, es compatible con la salud humana y el medioambiente”, le dijo a TSS la bióloga Andrea Oviedo, integrante del equipo.

El biofertilizante forma parte del trabajo que vienen haciendo los científicos desde hace algunos años para desarrollar diversos productos destinados a un manejo sustentable de cultivos. Esto incluye también métodos que sirven para el control de plagas. “En el marco de mi tesis doctoral estoy trabajando en el desarrollo de biopesticidas para el control de la mosca de la fruta, una plaga de importancia económica en cultivos tanto para consumo interno como para exportación”, dijo Oviedo.

El trabajo del equipo de investigación, cuyo epicentro está en la Cátedra de Biología Celular y de los Microorganismos, no se queda dentro de los muros académicos: se transfiere directamente a los pequeños productores.
El trabajo del equipo de investigación, cuyo epicentro está en la Cátedra de Biología Celular y de los Microorganismos, no se queda dentro de los muros académicos: se transfiere directamente a los pequeños productores de la zona.

En lo que respecta a la ortiga, según la investigadora, los trabajos científicos existentes están más abocados a sus propiedades nutricionales y medicinales, por lo que hallaron su potencialidad como fertilizante a partir de la experiencia de productores de diversos países y decidieron estudiar su uso en la provincia de Tucumán. “No lo pensamos tanto para cultivos extensivos sino más bien para huertas orgánicas. En Tucumán, debido a la difícil situación económica, muchas personas empezaron a volcarse de vuelta a producir en sus huertas familiares, por lo que este tipo de conocimientos puede serles útil”, indica.

El método para obtener el biofertilizante es sencillo y está basado en un proceso de fermentación que lleva aproximadamente 15 días. Posteriormente, se filtra el líquido obtenido y se lo conserva en un bidón listo para aplicar en el campo. Tanto la metodología como los materiales necesarios, incluyendo la materia prima, son de bajo costo y están disponibles en la zona. Además, los científicos están evaluando su potencialidad como bioinsecticida, de manera de agregar valor al producto.

"El proceso para transformar la ortiga en biofertilizante es económico porque es un proceso sencillo de fermentación que utiliza preferentemente agua de lluvia", dice la bióloga Andrea Oviedo.
“El proceso para transformar la ortiga en biofertilizante es económico porque es un proceso sencillo de fermentación que utiliza preferentemente agua de lluvia”, dice la bióloga Andrea Oviedo.

La investigadora explica que para complementar el uso del biofertilizante es ideal usar otros productos naturales, de manera de obtener hortalizas 100% orgánicas. “El manejo tiene que ser sustentable. Por eso, cuando vamos a las huertas familiares, la propuesta que llevamos incluye también bioinsecticidas y biofungicidas. En una huerta, cada planta tiene una característica particular que el productor puede utilizar. Esa es nuestra intención: enseñarles a reconocer las plantas y que puedan aprender diferentes metodologías”, afirma.

El trabajo del equipo de investigación, cuyo epicentro está en la Cátedra de Biología Celular y de los Microorganismos, no se queda dentro de los muros académicos. Por un lado, lo transmiten directamente a los huerteros y, por el otro, realizan voluntariados universitarios en escuelas primarias y secundarias para que ellos transfieran esos conocimientos a sus localidades. “No queremos generar datos que solamente queden plasmados en un paper. Si no podemos transferir el conocimiento a la sociedad no le veo sentido a hacer ciencia”, dijo Oviedo.

Actualmente, mientras siguen evaluando factores fisiológicos de los plantines en el laboratorio, están por comenzar un proyecto en una escuela de Leales, al este de la provincia, para probar el manejo sustentable con diversos productos y que los estudiantes puedan generar su propia huerta orgánica. En cuanto a la transferencia final del biofertilizante, la científica explicó: “En la Facultad no contamos con la infraestructura para llevar la producción a otra escala, pero si el día de mañana alguien se interesa para su producción comercial, nosotros podemos capacitarlo. De todos modos, si llegamos al productor, ya estamos satisfechos”.

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