Plasma para proteger superficies

IONAR es una pyme local que utiliza plasma para mejorar la resistencia y durabilidad de distintos tipos de acero. Cómo nació el proyecto, qué tecnologías utilizan y cuál fue el desarrollo por el que recibió el premio Tenaris.

Vanina Lombardi  
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Agencia TSS – Vivimos rodeados de plasma, que es el cuarto estado de la materia, o la materia en estado ionizado. Es similar a un gas, pero sus partículas, los átomos y las moléculas, están cargadas de electricidad. “Al ser positivas o negativas, las partículas muestran un comportamiento totalmente distinto al que habitualmente conocemos, tanto física como químicamente”, explica Amado Cabo, presidente de IONAR, una empresa de base tecnológica que nació hace 25 años de la mano de innovadoras tecnologías de plasma que, en aquel momento, eran únicas en la Argentina.

La pyme, de capitales nacionales, hoy brinda servicios a la industria metalmecánica a partir de aplicaciones industriales de tecnologías de plasma. “Fuimos la primera empresa en América Latina que desarrolló este tipo de equipos a nivel industrial. Partimos de información científica de dominio público y de datos experimentales propios”, explica Cabo.

IONAR realiza tratamientos de superficie de piezas o componentes de acero que son utilizados por otros sectores industriales, como los de aluminio, petróleo, gas y plástico. Para ello, se valen de tres máquinas diseñadas por la misma empresa. Todas utilizan plasma para modificar propiedades de superficie en componentes mecánicos de precisión. Aunque son similares por fuera, cada una cuenta con características diferentes que se les fueron incorporando a lo largo del tiempo, a medida que las necesidades lo requerían y los avances tecnológicos lo permitían.

Según Cabo, cuando empezaron, “estas tecnologías comenzaban a utilizarse en países como Alemania porque no contaminan, ahorran energía y permiten obtener nuevos resultados o superiores a los que se logran con otros métodos convencionales”.

El presidente de la firma recuerda que “la idea original era construir y vender los equipos, pero como no pudimos hacerlo decidimos brindar servicios con ellos para agregar valor a piezas de precisión, es decir, para mejorar la ingeniería de superficies y lograr que se desgasten menos, que resistan la corrosión o la fatiga y que tengan un comportamiento muy superior al que normalmente tienen”. Cabo se recibió de físico en la octava promoción de alumnos del Instituto Balseiro (en 1965), y ejemplifica: “Lo aplicamos a matrices, engranajes, componentes de máquinas e instrumentos especiales de cualquier tipo de metales ferrosos, es decir, de acero y sus familiares”.

IONAR realiza tratamientos de superficie de piezas o componentes de acero que son utilizados por diversos sectores industriales.

Además, IONAR desarrolló recientemente un cuarto equipo, por el que ganaron el primer Premio Tenaris al Desarrollo Tecnológico Argentino. “No es un equipo de producción, porque fue concebido para una escala intermedia. Con él podremos desarrollar tecnologías que serían muy costosas en escalas más grandes e inviables en el laboratorio, es decir, que sirve para transferir conocimiento científico básico a escala industrial”, explica el presidente de la empresa, que entre 1983 y 1989 se desempeñó como director del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Y agrega: “El equipo por el cual nos premiaron no existe a nivel comercial y, por sus características, debería ser atractivo tanto para centros de investigación aplicada que trabajan en tecnologías de plasma, como para empresas que requieran poner a punto nuevos procesos”.

IONAR lleva la impronta de la investigación desde su gestación misma y se consideran una empresa de las denominadas “de garage”, aunque en este caso nació en uno de los dormitorios de la vivienda de Cabo, que entonces era un departamento ubicado en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires. En aquel momento, este doctor en física trabajaba en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), donde dictaba cursos. En 1976 estuvo a cargo de la introducción de una capacitación que vino a dar profesor de Inglaterra, que contaba con información actualizada sobre los avances en la materia a nivel internacional. “Trajo un paper escrito por un investigador alemán que mostraba la aplicación de tecnologías de plasma; era una tecnología nueva y los alemanes eran los únicos que la habían llevado a escala industrial”, recuerda Cabo. “Empecé a trabajar en mi tiempo libre, quería construir un equipo elemental en mi casa y lo hice, en un piso 15, adaptando una habitación como laboratorio. Era un equipo muy chico, pero logré resultados atractivos y entonces me asocié con otras dos personas de la industria metalúrgica y formamos una empresa que todavía existe”.

Ese emprendimiento es hoy Laboratorio de Ensayos y Análisis Industriales, que por entonces tenía tres orientaciones: química, mecánica y plasma. Las dos primeras áreas funcionaron comercialmente, pero la de plasma no. Era 1978 y, si bien este desarrollo estaba dando sus primeros pasos, todavía era incipiente. “Una cosa era el proceso en el laboratorio y otra pasarlo a la industria; cuando quisimos agrandar la escala, detectamos algunos problemas técnicos insuperables. Años después supe que el problema había sido resuelto y que la solución era accesible, pero la empresa ya se había separado”, recuerda Cabo. “Pero el fracaso me había dejado una experiencia tecnológica importante, así que volví a insistir y montamos IONAR en un local de 25 metros cuadrados que me prestó un amigo, en Vicente López”, agrega.

“El fracaso me había dejado una experiencia tecnológica importante, así que volví a insistir y montamos IONAR”, dice Cabo.

Desde entonces, la empresa sigue haciendo investigación experimental y básica, esta última en conjunto con universidades, que a veces los investigadores logran convertir en papers o publicaciones científicas. “Ahora, por ejemplo, están tratando de encontrar las condiciones óptimas para lograr un tipo de recubrimiento con DLC (Diamond Like Carbon), que, según explica el especialista, “tiene propiedades especiales aplicables en sectores de máxima demanda tecnológica que requieren precisión, un mínimo coeficiente de fricción, ausencia de lubricación, resistencia a la corrosión y biocompatibilidad. El dominio de esta tecnología, no disponible en el país, es necesario para un desarrollo industrial moderno”, dice Cabo.

“Se puede hacer desarrollo tecnológico basado en el conocimiento, adonde la inversión principal es tiempo y trabajo sostenido, y lograr iguales resultados que en el denominado Primer Mundo”, destaca Cabo, pero advierte que “la situación actual para las pequeñas empresas de base tecnológica se está volviendo insostenible, debido a las obligaciones que impone el medio externo. Es necesario que haya un cambio drástico y conceptual en las políticas institucionales a nivel municipal, provincial y nacional. No es posible tratar igual, desde el punto de vista administrativo, impositivo, financiero y laboral, a una gran empresa que a una pequeña o mediana. La legislación existente es para todas las pymes sin distinción, y en general es definida por criterios establecidos por tradición, que son los mismos que para las grandes empresas”.