Problemas en el sistema

La caída de servicios como Whastapp, Facebook e Instagram puso en evidencia no solo la dependencia que han generado estas plataformas sino también su concentración en unas pocas manos y bajo protocolos cerrados que no permiten la interoperabilidad con otras aplicaciones.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS – El lunes pasado, los servicios de Instagram, Whatsapp y Facebook en todo el mundo se quedaron sin conexión durante siete horas y todo parece indicar que se trató de un simple error humano, algo que le habría hecho perder a la empresa controlante unos 6.000 millones de dólares.

Cuando, hace unos 50 años, se creó el germen de Internet, bautizado como Arpanet, se buscó crear una red descentralizada de comunicación que pudiera sobrevivir hasta en caso de un ataque nuclear. Así funcionó durante muchos años, pero la consolidación de los servicios en cada vez menos empresas ha permitido llegar al punto en el que el error de una persona al realizar una configuración de servidores pueda llegar a afectar a la mitad de la población del planeta.

Esta configuración mal hecha en una parte nodal de la infraestructura de la empresa dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp (se habría tratado del DNS, el componente que transforma los “nombres de dominio” en direcciones IP), hace que, al caerse, arrastre con ella a todos los servicios asociados.

Consultado sobre esta falla masivo, el director ejecutivo de la Fundación Sadosky, Fernando Schapachnik, le dijo a TSS que “hay varios aspectos a analizar y uno tiene que ver con que las computadoras hacen lo que los humanos les pedimos que hagan y no lo que deseamos que hagan. Lo que sí es un elemento distintivo de esta época es la concentración de Internet, que estaba pensada como una red distribuida. Podríamos pensarlo como una federación de nodos adonde cada uno estaba bajo el control de usuarios distintos y entonces es muy baja la chance de que todos fallen a la vez. Por eso, en Internet todo está distribuido y puede encontrar un camino dinámico para reconfigurarse de acuerdo con qué parte de la red está funcionando en un determinado momento. Hay otro fenómeno que vale la pena analizar y es que nos encontramos ante una tecnología muy difundida, que se ha transformado casi en la manera por defecto de comunicación para una porción muy importante de la humanidad. Esa forma de comunicación le pertenece a una sola empresa, que además la opera bajo protocolos cerrados, que son un secreto comercial”.

Cada vez más actividades de la vida cotidiana dependen de este tipo de plataformas y esto se ha profundizado con las restricciones de movilidad impuestas por la pandemia. Muchos negocios cuentan con ventas a través de Instagram y Whatsapp, y actividades como la docencia han recurrido al servicio de mensajería digital para fortalecer el contacto con los estudiantes. Sin embargo, la caída del servicio obliga a pensar en las alternativas que deberían adoptarse para el largo plazo.

Cada vez más actividades de la vida cotidiana dependen de este tipo de plataformas y esto se ha profundizado con las restricciones de movilidad impuestas por la pandemia.

“¿No es hora de que las infraestructuras de bienes digitales públicos, en el sentido en el que las usa el público en general, pasen a protocolos abiertos?”, se preguntó Schapachnik. Y agregó: Que sea difícil no quiere decir que no tengamos que hacernos esa pregunta. Hasta por cuestiones de soberanía tecnológica no es razonable que dependamos de un único proveedor externo”.

En la Argentina, todas las compañías de celular ofrecen los datos de Internet gratis para usar con Whatsapp, lo que también fortalece la posición dominante de esta aplicación. Esto se hace incluso en contra del artículo 57 de la Ley Argentina Digital, aprobada en 2014, que prohíbe “fijar el precio de Internet en virtud de los contenidos”.

Para Schapachnik, “es hora de tener una regulación más extensa sobre el comportamiento de empresas que proveen servicios de carácter monopólico. Esa es la clave y en base a esa política algunas serán empresas de Internet y otras serán de otro ámbito. Estaría bien que la ciudadanía pudiera entender que la mensajería instantánea es un servicio público y quizás hoy ya requerimos protocolos abiertos de conexión. Sería bueno que yo pudiera usar Whatsapp para mensajería y otros Telegram o Signal, y mandarnos mensajes entre nosotros”, dijo.

El titular de la Fundación Sadosky también hizo hincapié en la necesidad de profundizar la enseñanza de la computación en las escuelas. “Son temas muy difíciles de comprender y esto muestra lo importante que es incorporar la disciplina que da cuenta de todos estos conocimientos, que es la ciencia de la computación, en la currícula escolar. De esta manera, todos y todas podrían tener participación en estos debates, que son de gran interés”.

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