Renovables para el futuro

¿Cuál es el estado actual de las energías renovables en la Argentina y en el mundo? ¿Los consumidores se convertirán también en generadores? El impacto en la matriz energética de los nuevos modelos de producción y distribución fueron parte de la agenda de la segunda edición del programa Futuros, organizado por FUNINTEC y la UNSAM.

Por Vanina Lombardi  
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“Los problemas que vamos a enfrentar son difíciles y cruciales para la humanidad: el agua, la energía y la alimentación hacen a la sobrevida del hombre en el planeta”, sostuvo Alberto Pochettino, presidente de la Fundación Innovación y Tecnología (FUNINTEC) y director del programa Futuros, un espacio de formación, reflexión y debate sobre temas estratégicos para el mundo y la región, para los cuales promueve la búsqueda de soluciones tecnológicas con especial atención en su impacto en el medioambiente.

Futuros fue creado en 2016 por FUNINTEC y la UNSAM. El año pasado estuvo dedicado a problemáticas vinculadas con el agua, mientras que la segunda edición —que se realizó a principios de octubre en el Campus Miguelete tuvo como eje de los debates a la energía. “Se trata de un insumo estratégico, puesto que sin ella no es posible ningún tipo de crecimiento agroindustrial ni desarrollo social”, dijo el ingeniero agrónomo Diego Mathier, de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Mathier destacó el potencial que ofrece la generación de biomasa en el país e invitó a pensarla, entre otras cosas, “como un insumo para transformar materias primas en productos de valor agregado, que permitan mejorar la calidad de vida en las diferentes regiones”.

Su colega Jorge Hilbert, también del INTA, se refirió a la producción local de bioetanol, en la que distinguió a la industria tucumana de caña de azucar, “muy conservadora y protegida, que tiene una serie de falencias en cuanto a eficiencia e inversión que han comenzado a revertirse en los últimos años”, de la producción de bioetanol por almidón de maíz en Córdoba, “que supera el nivel de producción del de azúcar de caña, con plantas de última generación ubicadas en Villa María, Río Cuarto y otras ciudades intermedias”.

Sobre este recurso, Mathier detalló que el corte actual de naftas con bioetanol en la Argentina es del 12% y precisó que el 70% del etanol de maíz se produce en la provincia de Córdoba, por un total aproximado de 489.839 metros cúbicos, mientras que el etanol de caña de azúcar alcanza los 400.100 metros cúbicos. El especialista recordó que, en 2016, se destinaron alrededor de un millón de toneladas toneladas de biodiesel para el corte de gasoil fijado actualmente en el 10%, y que, en la Argentina, operan 33 plantas de producción que, en conjunto, tienen una capacidad instalada de 4,6 millones de toneladas (la provincia de Santa Fe representa el 79% de esa capacidad).

“Hubo un crecimiento exponencial de la energía fotovoltaica en el mundo, que bajó los precios de los contratos por venta de este tipo de energía y los equiparó a la eólica”, dijo Durán (derecha).

Mathier también advirtió que hay un bajo uso del biogás como fuente de energía renovable: “Se conoce la existencia de 105 plantas de biodigestión anaeróbica en el país, la mayoría en Santa Fe. El 51% son medianas o grandes y el resto son pequeñas, pero tienen baja eficiencia en los procesos, ya que, por ejemplo, el 56% no posee control de temperatura, el 48% no posee sistema de agitación y el 70% desconoce la calidad del biogás producido. Además, solo el 6% de las plantas de biogás tienen fines energéticos”, explicó.

La matriz local

El sol y el viento son las fuentes de energía renovable que ofrecen un gran potencial para la generación de electricidad no contaminante. El doctor en física Julio Durán investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), que además participó en la fabricación de paneles solares usados en satélites producidos en la Argentina recordó que, a nivel mundial, alrededor de un 25% de la energía eléctrica es generada con fuentes renovables, mientras que el 62% de la nueva potencia instalada en 2016 fue renovable. Casi la mitad de esa proporción fue de origen fotovoltaico.

“Hubo un crecimiento exponencial de la energía fotovoltaica en el mundo, que bajó los precios de los contratos por venta de este tipo de energía y los equiparó a la eólica, lo que la hizo competitiva frente a las producciones convencionales”, explicó el especialista de la CNEA y recordó que una de las principales provincias en adoptar esta tecnología a nivel nacional ha sido San Juan.

Según el informe anual de 2016 de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA), la matriz eléctrica argentina está conformada de la siguiente forma: 65,4% térmica, 27,5% hidráulica, 5,6% nuclear y 0,4% eólica y solar (el restante proviene de importación). Aun así, resaltó el potencial de este recursos y se refirió a distintos proyectos en marcha, como Iresud, una propuesta conjunta entre la CNEA, la UNSAM y cinco empresas privadas (Aldar, Edenor, Eurotec, Qmax y Tyco).

“Falta integración entre las diferentes partes de la cadena productiva y ese es otro déficit sobre el cual hay que trabajar”, dijo Giumelli.

La era del “prosumidor”

Un aporte diferente dio la abogada y economista Laura Giumelli, directora de la Maestría en Gestión de la Energía de la Universidad Nacional de Lanús (UNL), quien habló sobre los desafíos que genera el surgimiento de lo que denomina “prosumidores”, para referirse a los consumidores de energía que también son generadores, sumado a la descentralización de las redes energéticas.

“El derecho está empoderando al usuario, que en energía implica ver al usuario como consumidor pero también como generador, lo que trasciende al mundo de la energía porque tiene una connotación política y social”, subrayó la especialista y dio cuenta de las distintas dimensiones que habría que tener en cuenta para analizar el cambio de paradigma que se está produciendo en el sector, desde lo legal y lo comercial, hasta lo ambiental y su impacto social.

“Es importante insistir en que haya tasas de interés blandas para poder incorporar tecnologías renovables, ya sea en una escala grande como mediana y pequeña, aunque en esta última no se trabaja y eso es un déficit”, ejemplificó la especialista, que fue presidenta de la Comisión Reguladora de Energía San Luis y responsable técnica en el área de Energía en la Cámara de Senadores. Giumelli destacó que otro tema a tener en cuenta es la utilización de tecnología de producción nacional: “Falta integración entre las diferentes partes de la cadena productiva y ese es otro déficit sobre el cual hay que trabajar”, concluyó.

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