Sandra Carli: “La educación es una construcción colectiva”

La necesidad de formación se vuelve cada vez mayor en un mundo más complejo. ¿Qué trasformaciones está sufriendo la educación pública argentina? ¿Qué rol cumple el Estado en la gestión educativa? Sobre estos y otros interrogantes reflexiona la investigadora Sandra Carli, especializada en estudios sobre educación y universidad.

Por Vanina Lombardi  
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Agencia TSS —Hay un énfasis en la personalización y la individualización. Y cuando en el discurso educativo se insiste con eso se deslegitima el papel central de los docentes y la dimensión colectiva de los procesos educativos”, dice la investigadora especializada en educación y universidad, Sandra Carli, sobre la política educativa del actual Gobierno.

Carli es doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigadora principal del CONICET y profesora titular regular de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. En una entrevista con TSS, reflexionó sobre la importancia de la educación pública como garante de derechos, la situación actual en el ámbito de las políticas educativas y de la universidad, y las tendencias que ya comienzan a introducirse en el debate.

En el capítulo que escribió para el libro Educar para el mercado desarrolla una mirada retrospectiva de la historia de la educación en el país desde los años ochenta hasta la actualidad y hace referencia al aporte de las ciencias sociales en la formación de un pensamiento crítico. Además, analiza algunos de los cambios que comenzaron tras la asunción del ministro de Educación anterior, Esteban Bullrich. ¿Cuáles fueron?

Desde que asumió, Esteban Bullrich se opuso a las universidades públicas y cuestionó  varias cosas: el ingreso irrestricto, la distribución territorial y, sobre todo, la creación de universidades en los últimos años y la participación política de los estudiantes. Hubo un discurso público muy crítico y descalificador de la universidad pública. Otro problema es que muchos de los programas nacionales de educación que se estaban llevando adelante en ese Ministerio estaban a cargo de gente muy formada y vinculada al sector universitario, como el Plan Nacional de Lectura y el Programa Nueva Escuela, de formación permanente, con acuerdo con CTERA y otros gremios docentes. Es decir, no solo se cuestionó a las universidades públicas, sino también a personas que llevaron adelante el diseño de esos programas. Esa fue la ofensiva de fines del año pasado, que fue muy dura y generó movilizaciones. Los cursos en marcha se están cerrando prolijamente y no hay horizonte de continuidad para programas muy elaborados.

Tras la renuncia de Bullrich para presentarse como candidato a senador, su reemplazante, Alejandro Finocchiaro, llegó con un perfil más cercano al ámbito universitario, pero en apenas dos meses de gestión debió enfrentar un conflicto con los colegios secundarios.

Sí, Finocchiaro ha escrito varios textos sobre la universidad: uno sobre el reformismo y otro sobre la autonomía universitaria, y hay que mirar esas posiciones previas. Es posible que tenga otro perfil, pero, si se considera la reforma del secundario propuesta, parece haber indicios de negocios y de reducción y reemplazo del trabajo docente. El primer signo de esto son las pasantías, que pueden ser interesantes, pero si no son instancias formativas y ocupan un tiempo acotado corren el riesgo de convertirse en empleo precario, que ya se ve a veces en las universidades. El segundo es el planteo de que haya un 30% de trabajo docente y un 70% de los alumnos trabajando en forma autónoma, con la propuesta de tecnología en las aulas. Se habla de equipamiento y de convertir las escuelas en un laboratorio de recursos innovadores, con cajas y guías de aprendizaje interactivas, videojuegos y aulas temáticas digitalizadas. En síntesis: reducir la participación del docente, tanto por medio de la contratación de tutores y de codocentes. No nos olvidemos de la apelación a los voluntarios cuando fue el conflicto por las paritarias. Se insiste en una enseñanza centrada en la autonomía del alumno en el uso de tecnología. Este es el punto más delicado, junto con la evaluación internacional, que es otro rubro de negocios, porque hay empresas evaluadoras internacionales. Para mí, esto parece tener la marca de (Gabriel) Sánchez Zinny, el actual ministro de Educación de la provincia de Buenos Aires, que se dedica a estos rubros con su empresa de software educativo Edunexo y que es cercano a Bullrich.

¿Esto también podría impactar desde el punto de vista pedagógico o de los contenidos?

Hay un énfasis en la personalización y la individualización. Y, cuando en el discurso educativo se insiste en eso, se deslegitima el papel central de los docentes y la dimensión colectiva de los procesos educativos. También se produce un vaciamiento de contenidos, que no es un fenómeno nuevo en la historia de la educación argentina. Ese énfasis personalizante siempre ha marcado un giro que descalifica la idea de la escuela como lugar de proyectos colectivos y participativos, donde entran en juego cuestiones individuales pero la construcción de la enseñanza es colectiva.

“Desde que asumió, Esteban Bullrich se opuso a las universidades públicas y cuestionó varias cosas: el ingreso irrestricto, la distribución territorial y, sobre todo, la creación de universidades en los últimos años y la participación política de los estudiantes. Hubo un discurso público muy crítico y descalificador de la universidad pública”, dice Carli.

¿Ese cambio en la orientación, de lo colectivo a lo individual, responde a un contexto sociopolítico? ¿Cómo impacta en la formación?

Los cambios económicos generan dificultades para sostener los estudios. Cuando hay un retroceso salarial suele manifestarse en el abandono de las aulas. El otro efecto es que se naturalizan algunas concepciones sobre educación que están en las antípodas de las que siempre han sido debatidas. Me parece que se trata de un paradigma nuevo en torno a la idea de la educación como un rubro más en el mercado mundial de negocios. Esto genera bastante resistencia, tanto por parte del gremio como por buena parte de actores de las universidades públicas. Pero son políticas que, al mismo tiempo, avanzan en algunos lugares porque hay disponibilidad de recursos y porque experimentan, por ejemplo, con la capacitación de maestros y empleados estatales, y con la difusión de nuevos contenidos.

¿Esa especie de mercantilización atraviesa todos los niveles educativos?

Sí. A veces es una mercantilización velada, porque todavía no se instala el arancelamiento. Pero no pasa por ahí, sino por la idea de que con la política pública la educación puede ser tercerizada y en algunos aspectos llevada adelante por empresas, fundaciones y ONG, nacionales o internacionales. Eso es lo nuevo, ya no es la idea del Estado, las familias, los sindicatos y hasta la iglesia, que siempre interviene con sus contenidos. No solo las universidades privadas pasan a ser interlocutoras más privilegiadas de la política pública, sino que también hay fundaciones que participan y que antes eran grupos externos que tenían opinión, los llamados think tanks, como el grupo Sophia o CIPPEC. Ahora, la política educativa se conjuga con lo que proponen estas fundaciones, entran a jugar otras lógicas.

¿Qué riesgos representan esas lógicas? ¿Cuál es la importancia de sostener los valores asociados a la educación pública en tanto construcción colectiva?

La exigencia de formación es cada vez mayor para todas las generaciones, incluidos los que estamos más formados, porque las transformaciones contemporáneas son muy intensas y complejas en el mundo del trabajo. Por otro lado, porque hay un derecho a la educación que el Estado siempre ha garantizado, con mejores y peores propuestas. La garantía de un sistema de educación pública supone un respeto al derecho a la educación, a acceder a la formación en cualquiera de sus niveles. La gratuidad de la universidad sigue siendo un valor muy importante en la Argentina, más allá del debate sobre el ingreso. La tradición de la educación pública argentina, aun cuando se puede analizar críticamente lo que está pendiente, ha sido muy productiva en términos de la cultura del país y de su desarrollo. Hay sectores muy reactivos a esta tradición que hoy tienen presencia en el poder.

“Tenemos que tener una mirada tanto local como global, porque hay actores que no son solo locales, sino referentes de sucursales de empresas que coyunturalmente están trabajando en el país y acceden a posiciones políticas. Ese perfil de sujeto político es muy distinto y eso hay que tenerlo en cuenta”, advierte Carli.

Frente a los problemas de empleo vuelve a cobrar relevancia la idea de que la educación debe adaptarse al mercado y a las necesidades de las empresas, lo que lleva a defender cambios en la educación que prometen “salida laboral”. ¿Es posible que esas concepciones influyan en el poder otorgado a esos sectores tan reactivos?

La relación entre educación y trabajo o sistema productivo siempre ha sido un tema de debate, pero esa relación nunca es lineal y de mutuo ajuste. En los años setenta, por ejemplo, el sistema universitario había crecido y el debate era la imposibilidad de que toda esa gente ingresara al mercado de trabajo en puestos acordes a sus titulaciones. En este momento en que el modelo de desarrollo parece fortalecer a los sectores más concentrados, uno podría preguntarse de qué sistema productivo vamos a hablar. Hay ciertos enunciados que pueden ser muy valorados, pero no se pueden ver de manera idealizada. ¿Qué significa esa conexión de promover que la gente se inserte laboralmente? ¿En qué áreas hay una demanda para que ingresen personas más capacitadas? Hay que trabajar con los datos sobre la mesa, porque hoy se ve el auge de una lógica de la economía más financiera que productiva. Entonces, ¿por qué le pedimos a la educación que forme para el mercado de trabajo o para el sistema productivo, cuando no está siendo pensado desde el Gobierno con una lógica de mayor producción sino de apertura a las importaciones?

Para quienes no son especialistas puede ser difícil verlo de ese modo…

Hay que tratar de ver el mapa completo. Claro que no siempre se puede tener toda la información. Alguien escucha una propuesta y puede genuinamente otorgarle credibilidad y resultarle interesante. Sin embargo, quienes accedemos a mayor información podemos tener una mirada más compleja, porque vemos el mapa completo y las contradicciones que hay entre promover algo desde un área y generar todo lo contrario desde otra. Pero, además, tenemos que tener una mirada tanto local como global, porque hay actores que no son solo locales, sino referentes de sucursales de empresas que coyunturalmente están trabajando en el país y acceden a posiciones políticas. Ese perfil de sujeto político es muy distinto y eso hay que tenerlo en cuenta. Para quienes somos investigadores, es importante seguir estudiando estos fenómenos y tratar de comprender algunas de las tendencias actuales con una mirada que sea un poco de investigación y un poco periodística, atenta a los hechos que están ocurriendo.

Un comentario en “Sandra Carli: “La educación es una construcción colectiva”

  • Janet saltanovich

    (27/10/2017 - 17:22)

    Excelente artículo. Muy claro para desanzonard

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