Seguro de salud: ¿Una puerta a la privatización del sistema sanitario?

¿Qué hay detrás del concepto de cobertura universal de salud y por qué genera resistencia entre los especialistas? La iniciativa, impulsada por organismos internacionales, podría fortalecer el rol del sector privado en desmedro de las instituciones públicas sanitarias. En la Argentina, ya fue lanzada en Mendoza y a nivel nacional no hay precisiones sobre las prestaciones que cubrirá ni los recursos asignados, en el marco de una baja en el presupuesto para la salud.

Por Vanina Lombardi  
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Agencia TSS – La mitad de la población mundial no tiene acceso a una cobertura completa de servicios esenciales de salud y alrededor de 100 millones de personas cayeron en extrema pobreza debido a gastos en salud, según los últimos datos disponibles de la Organización Mundial de la Salus (OMS), correspondientes al año 2010. Para conmemorar el Día Internacional de la Salud, el pasado 7 de abril, la OMS decidió dedicarlo a impulsar el acceso a la denominada Cobertura Sanitaria Universal (CSU), una iniciativa fuertemente impulsada por algunos organismos internacionales pero también resistida por especialistas en política sanitaria.

“La OMS dice que el derecho a la salud pasa por tener un seguro que permita comprar los servicios de salud que se venden y se compran en el mercado. La misma OMS que intentó instalar la idea de derecho a la salud hoy está validando indirectamente que la salud es una mercancía, porque si no lo fuera no habría ningún problema económico de acceso a ella”, destacó el médico sanitarista Mario Rovere, durante la “V Jornada de Nutrición, Salud y Soberanía Alimentaria”, organizada por la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Para Rovere, la CSU es el “caballo de Troya” que lleva implícita la idea de que el acceso a esos servicios se dará a través de un modelo de seguros de salud, “pero lo que realmente ha significado en América Latina y el mundo es que lo único seguro de un seguro es que el dinero va a parar al sector privado”, advirtió el especialista, que fue viceministro de Salud de la Nación en el año 2015.

“Lo único seguro de un seguro es que el dinero va a parar al sector privado”, dice Rovere.

¿Cómo se vincula el gasto público con los seguros privados de salud, cuya adopción se expande en todo el mundo? Según Rovere, la relación es clara: ambos sectores son aliados estratégicos. En Estados Unidos, “más de la mitad del dinero que mueve en el complejo médico industrial es recaudado por organismos públicos”, ejemplificó el especialista. Y agregó: “En ese país, el gasto en salud es más grande que todo el PBI de Brasil, y si nosotros quisiéramos gastar lo mismo por habitante tendríamos que usar el 63% del PBI solo para salud”. Muy lejos de esa cifra, según datos del Banco Mundial, de 1995 a 2014 el gasto medio de salud en Argentina fue de 7,31 % del PIB, con un máximo de 9,38 % del PIB en 2001 y un mínimo de 4,79% del PBI en 2014.

“Es imprescindible entender que detrás de la cobertura universal aparece la idea de un nuevo movimiento tendiente a la expansión del mercado, para que el complejo médico industrial pueda llegar incluso hasta los que hoy no pueden pagar de su bolsillo esa medicina. La atención de la enfermedad se transforma en una mercancía a la que se podría acceder a través de mecanismos de seguro, que básicamente significan que uno es solidario, no grupalmente, sino con uno mismo en el tiempo”, subrayó Rovere, que también fue Decano Organizador del Departamento de Salud de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLAM), y agregó que “el gran negocio de las prepagas es que los servicios no se usan y por eso hoy están transfiriendo rentabilidad al sistema bancario, para seguir invirtiendo. Cuando el Banco Mundial decía que había que invertir en salud creíamos que era un mensaje para los pueblos, pero, en verdad, era un mensaje para los inversores”.

La OMS no solo es financiada a través de aportes anuales de los gobiernos de los 192 países que la conforman, sino también por aportes voluntarios de empresas del sector farmacéutico como Bayer AG, GlaxoSmithKline Biologicals, Novartis y Sanofi-Aventis. Para el período 2016/17, por ejemplo, la Argentina aportó poco más de 4 millones de dólares a la OMS, Brasil, sumó más de 27 millones de dólares y Estados Unidos, el país que más aporta, superó los 227 millones de dólares. En cuanto a los aportes voluntarios, el principal proviene de la Fundación Bill y Melinda Gates, que aportó más de 618 millones de dólares. “Lo que le da más juego político a la OMS es la filantropía internacional, y dentro de ella la Fundación Bill y Melinda Gates, que está en la cima de los donantes, al punto que tienen oficinas dentro del edificio mismo de la OMS”, dijo Rovere.

Distribución del financiamiento en salud en Argentina

Fuente: FAO, “Gasto de bolsillo en salud y rol del gasto público en América del Sur”, presentación del Dr. Camilo Cid Pedraza en el IV Encuentro de Economía de la Salud en Santiago de Chile, 2013.

La CUS Criolla

“Esa masa monetaria –que circula en torno a los servicios de salud- quiere penetrar y reconfigurar el modelo de salud de todos nuestros países, no solamente de Brasil y la Argentina, sino de toda Europa. Hoy, toda la seguridad social europea está bajo amenaza de privatización”, afirmó Rovere, sin dejar de mencionar que la Argentina también sigue esa tendencia.

En abril de 2016, mediante la Resolución 475/2016 y luego a través del Decreto 908/2016, de agosto de ese mismo año, el gobierno actual lanzó la nueva Cobertura Universal de Salud (CUS), que se implementó de manera inicial en la provincia de Mendoza. Según se expresa en la web de la Casa Rosada, este programa pretente “integrar, agilizar y simplificar la atención médica de 15 millones de argentinos que hoy no tienen cobertura”. La norma refiere a aquellas personas que no cuentan con servicios de salud prepagos ni obras sociales, pero que sí pueden ser atendidas a través del sistema de salud público, que ofrece servicios en todas las jurisdicciones del país.

Ese es uno de los motivos por los cuales la CUS local ha generado preocupación. Así lo manifiesta, por ejemplo, un informe elaborado por la fundación Soberanía Sanitaria, mediante el cual no solo se reclaman más precisiones sobre este programa, sino que también se cuestiona la disminución del presupuesto en el área de salud en los últimos años (2,3% del total del presupuesto 2016, 2% en el 2017 y 1,94% para 2018), que tiene como correlato el vaciamiento de programas sanitarios nacionales como Remediar.

“Lo que preocupa es lo que el Gobierno no dice o no quiere decir. Las cuestiones centrales y que deberían ser debatidas son: ¿Cómo se financiará este nuevo sistema? ¿De dónde saldrán los recursos y quiénes estarán a cargo de la gestión? ¿Cómo será el sistema de cobertura y qué prestaciones serán cubiertas? ¿Cómo se accederá a as prestaciones no cubiertas por la canasta de la CUS?”, plantea el documento, en el que, por ejemplo, se detalla que, según lo indicado en el decreto, el programa se financiará con 8.000 millones de pesos que pertenecían al Fondo Solidario de Redistribución, a los que se sumarán 8.500 millones de pesos que la empresa de medicina prepaga OSDE abonará de una deuda pendiente con el Estado, en 120 cuotas. Unos 8.000 millones de pesos para 15 millones de personas equivale a 533 pesos por persona al año y a 44 pesos por persona por mes. A eso hay que sumarle cuatro pesos más por persona, por mes, proveniente de las cuotas que abone OSDE, es decir, son 48 pesos por persona al mes.

“Lo más importante que generó el anuncio gubernamental de la CUS es un gran movimiento en contra. No paran las demandas de que nos sentemos a discutir alrededor de este concepto, pero tampoco hay documentos significativos sobre la mesa”, afirmó Rovere en sintonía con los interrogantes planteados en el documento de Soberanía Sanitaria.

Verónica Schoj, directora de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades Crónicas no Transmisibles del Ministerio de Salud de la Nación, que también participó en la jornada organizada por CALISA el pasado 6 de abril en la Facultad de Medicina de la UBA, coincidió en que es necesario que haya más debate sobre el CUS a nivel local, ya que “se habla sin un conocimiento profundo sobre qué es lo que se está haciendo, que es bastante incipiente porque el nuevo ministro asumió hace cuatro meses, pero la estrategia que se está llevando para implementar este largo camino en la cobertura universal no es el enfoque ni de seguro ni de mercancía”, afirmó.

Principales contribuyentes voluntarios a la OMS

“Lo que le da más juego político a la OMS es la filantropía internacional”, dijo Rovere. Fuente: OMS. Reporte financiero 2016/2017.

 

La salud es una lucha

La idea de salud como mercancía parece enraizarse en las distintas sociedades conforme evolucionan los modelos extractivistas y neoliberales que hoy dominan en la región. “Si no cuestionamos la expansión de la frontera de mercantilización, que impacta en la salud y genera zonas de sacrificios adonde no solo los territorios devienen sacrificables y descartables, sino también los cuerpos mismos de las personas, poco podemos decir sobre el avance de nuestras políticas en relación con la salud”, destacó la socióloga Maristella Svampa durante la jornada.

En este sentido, Rovere coincidió en la necesidad de que en el mundo sanitario también haya más “actores” y menos espectadores: “Cada vez resulta más claro que el derecho a la salud no va a ocurrir jamás exclusivamente por el compromiso de los gobiernos”, subrayó el especialista y aclaró que, si bien éstos cumplen un rol fundamental, es imprescindible que el sector comparta sus conocimientos con la población en general para impulsar que se involucre y conozca qué cosas ponen en juego las distintas políticas públicas. “El derecho a la salud no ocurre, entre otras cosas, porque no hay un sujeto activo, vigilante, movilizado en relación al tema de la construcción y la defensa del derecho a  la salud”, afirmó.

“La solución en la salud es la lucha por la resolución de los conflictos, no quedarse quietos ni adaptarse”, dijo Svampa, leyendo los dichos de Floreal Ferrara, que fue ministro de Salud en la Provincia de Buenos Aires durante las gobernaciones de Oscar Bidegain (1973) y Antonio Cafiero (1987), con cuyas reflexiones cerró la ponencia: “El problema de la salud de nuestra patria no es un problema aislado, es decir, de la salud propiamente dicha, sino que esta íntimamente ligado al modelo económico y social del país”.

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