Vacunación: Derecho y responsabilidad colectiva

¿Por qué todavía hay personas que consideran que vacunarse es peor que la enfermedad? Durante una jornada realizada en el Centro Cultural de la Ciencia, diversos especialistas hablaron sobre la importancia de tener altos niveles de vacunación y la incidencia de los argumentos falsos en la reaparición de enfermedades controladas.

Por Nadia Luna  
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Agencia TSS – “Las vacunas son víctimas de su propio éxito. Su efectividad hizo que mucha gente no perciba a las enfermedades como un riesgo porque no las ve. Después del agua potable, las vacunas son la medida de salud pública que más logró disminuir la mortalidad en el mundo”. Con esta frase, la médica Romina Libster, investigadora adjunta del CONICET en la Fundación para la Investigación en Infectología Infantil (INFANT), resumió uno de los conceptos centrales de la jornada “Todo lo que querías saber sobre la importancia de vacunarse y no te animabas a preguntar”, realizada el pasado 11 de julio en el Centro Cultural de la Ciencia (C3). La actividad estuvo organizada por la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Asociación Médica Argentina (AMA), la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE) y el CONICET.

Si bien se estima que el 90% de la población argentina confía en la vacunación, ¿por qué todavía hay personas que consideran qué es más riesgoso vacunarse que enfermarse? En 1998, un investigador británico publicó un artículo en una revista científica que sostenía que la vacuna triple viral (usada para paperas, rubeola y sarampión) tenía un vínculo con el autismo. La noticia provocó que mucha gente dejara de vacunar a sus hijos y, posteriormente, se descubrió que el artículo era fraudulento, además de que el investigador tenía conflictos de interés. El trabajo terminó siendo retractado públicamente en la revista pero el daño ya estaba hecho: muchas personas y movimientos antivacunas siguen usando ese paper como unos de sus principales argumentos.

“Para alcanzar la inmunidad colectiva se necesita que haya un cierto porcentaje de la población que esté vacunado”, dijo Libster. Foto: Prensa Sec. de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Para entender mejor los beneficios de las vacunas, Libster puso como ejemplo lo que pasa cuando una persona infectada con sarampión llega a una comunidad que no está vacunada. “A partir de una persona, se pueden producir por lo menos 15 infecciones secundarias. Luego, cada una de esas 15 multiplicará el número, muchas se enfermarán gravemente y morirán. Esto pasaba cuando no existían las vacunas. Pero, además, hay que tener en cuenta que hay personas que no se pueden vacunar, por ser alérgicas o inmunosuprimidas, por ejemplo, y su protección depende del resto. Eso se llama inmunidad colectiva y se necesita que haya un cierto porcentaje de la población que esté vacunado. Para el sarampión, es del 93%”, indicó.

El médico infectólogo Daniel Stamboulian, titular de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI), que lleva su nombre, hizo un repaso por las enfermedades que se lograron controlar con vacunas en los últimos 50 años, y explicó que algunas están volviendo a aparecer, como la difteria. “Me da mucha pena decirles que, en el último año, hubo 3000 casos de difteria en América Latina, especialmente en Venezuela y Haití, pese a que tenemos una vacuna para prevenirla. En Europa hubo 100.000 casos de sarampión. Los grupos antivacunas han conseguido que vuelvan enfermedades que estaban erradicadas”, advirtió.

Carla Vizzotti, médica, presidenta de la SAVE y ex directora del Programa Nacional de Inmunizaciones, recordó que en la Argentina las vacunas son gratuitas y obligatorias desde 1983 gracias a la Ley 22.909. Además, el 4 de enero de este año se promulgó una nueva ley (27.491), a partir de un proyecto presentado por el diputado nacional por Tucumán, Pablo Yedlin. “El objetivo no es vacunar de forma compulsiva a las personas, sino favorecer el acceso de la población a las vacunas. Por eso, la nueva legislación plantea la vacunación como una política de Estado. Esto implica que el Estado nacional es responsable de la provisión de vacunas, que no es lo mismo dejar que cada provincia compre lo que pueda y cuando pueda”, explicó Vizzotti.

“Las vacunas son un derecho que debe ser asegurado por el Estado pero también son una responsabilidad social”, sostuvo Vizzotti. Foto: Prensa Sec. de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Entre otras cuestiones, la normativa establece que para realizar trámites como el DNI, pasaporte o licencia de conducir, se pedirá el certificado de vacunación. Sin embargo, la médica señaló que eso no interrumpirá la concreción del trámite, sino que funcionará como una instancia para que la población sepa qué vacunas tiene en el calendario. También, se declaró el 26 de agosto como día del vacunador y la vacunadora. “Las vacunas son un derecho que debe ser asegurado por el Estado pero también son una responsabilidad social. Por eso, hay que seguir hablando de vacunas y explicar que previenen enfermedades, son seguras, costo-efectivas y solidarias. Hay que mejorar la cobertura de vacunación y comunicar mejor”, enfatizó.

Además de la influencia de grupos antivacunas, la disminución de la cobertura de vacunación en el país tiene otro “enemigo” de peso: el recorte presupuestario. Este mes, un informe de la Secretaría de Salud y Desarrollo Social, solicitado por la Cámara de Diputados de la Nación, confirmó lo que varias instituciones venían denunciando: en los últimos años, el Gobierno adquirió menos vacunas que las necesarias para lograr la inmunidad colectiva. Por ejemplo, para la Hepatitis A, en 2016 se adquirieron 880.000 dosis pero, en 2018, sólo fueron 401.000. En tanto, la vacuna para la Hepatitis B pasó de 715.939 en 2016, a 300.000 en 2018.  Y el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Dr. Julio Maiztegui” denunció que tuvo que suspender la producción de vacunas contra la fiebre hemorrágica por falta de presupuesto.

Salud animal

Durante la jornada, otros especialistas hablaron sobre la importancia de las vacunas en la salud animal. El médico veterinario Fernando Fernández, secretario de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de San Antonio de Areco (UNSADA), dijo: “En medicina veterinaria no se puede alcanzar un bienestar animal sin la utilización masiva de vacunas”. Y agregó: “El 60% de las enfermedades infecciosas que afectan a los animales tienen un comportamiento antropozoonótico, esto significa que las enfermedades pasan del animal al hombre y viceversa, por lo que controlar enfermedades infecciosas en animales es determinante también para la salud humana”.

“La articulación entre instituciones públicas y público-privadas es muy importante para poder llegar a un producto”, afirmó Calamante. Foto: Prensa Sec. de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Además, el especialista hizo un repaso acerca de cómo fueron evolucionando las vacunas a través de la historia. Las primeras (que se siguen usando con buenos resultados) usaban cepas vivas atenuadas que generaban inmunidad sin producir la enfermedad. A medida que fue avanzando el desarrollo de la biología molecular, comenzaron a usarse también vacunas que utilizan cepas muertas o inactivadas y otras más modernas llamadas vacunas a subunidad. Actualmente, están en desarrollo las vacunas génicas, que buscan usar la información genética de un microorganismo para inducir al organismo a que produzca los antígenos vacunales.

La bióloga Gabriela Calamante, investigadora del INTA, habló sobre dos desarrollos en los que trabaja desde hace años: la vacuna antirrábica de uso veterinario y la vacuna contra la enfermedad de Gumboro, que afecta a los pollos. La primera es un trabajo conjunto con el instituto ANLIS-Malbrán y en una segunda etapa podría orientarse también hacia el desarrollo de una vacuna para uso humano. La segunda está patentada y se comercializa desde 2017, gracias a una asociación con Laboratorios INMUNER, una pyme entrerriana.  “La articulación entre instituciones públicas y público-privadas es muy importante para poder llegar a un producto”, afirmó Calamante.

Finalmente, el biólogo Andrés Wigdorovitz, investigador del CONICET en el INTA y la UNSAM, habló sobre la vacuna que desarrollaron para la diarrea viral bovina, enfermedad que en la Argentina produce 100 millones de dólares en pérdidas al año. Su funcionamiento implica un cambio de estrategia con respecto a las vacunas tradicionales: “Hasta ahora, lo que se hacía era poner algo extraño en el organismo para que éste lo encuentre y ‘haga’ memoria. Nosotros pensamos en hacerlo al revés: que la vacuna, a través de técnicas de ingeniería genética, busque al sistema inmune”, explicó. El investigador finalizó con una reflexión: “Si dejamos de vacunar, vuelve a haber brotes, como pasó con el sarampión. Vacunarse es un acto solidario y colectivo”.

Un comentario en “Vacunación: Derecho y responsabilidad colectiva

  • Fernando Bargas

    (22/07/2019 - 10:02)

    En mi caso lo que me obliga a pensar en términos críticos acerca de esta nueva ley no es acerca de las vacunas en sí – aun que cada organismo es distinto y por lo tanto la efectividad de una o varias vacunas es relativa – sino que esto trae consigo un incremento presupuestario muy fuerte y los megalaboratorios son los máximos beneficiarios, en lugar de potenciar la producción pública de medicamentos, con lo cual se fortalecería no solo la producción sino que la educación pública encontraría un objetivo con claros resultados soberanos, solidarios, complementarios e integrados.

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